Oliveira y Sergio García, con dos goles estupendos, y Matuzalem iluminan el fútbol ofensivo.
En Soria se manifestó claramente que Matuzalem y Oliveira van a dotar a este equipo de un armamento del que carecía la temporada pasada: la creatividad panorámica en el centro del campo, virtud ausente desde que Santiago Aragón desactivó sus botas y las donó al museo de los genios, y otro delantero con pistolas de oro. Víctor Fernández los alineó de principio y la aportación de los brasileños, a la que se sumó un estupendo Sergio García y un aplicado Gabi, fue suficiente y esencial para deshuesar al animoso Numancia en un partido que se resolvió en la primera mitad con dos goles de magnífico diseño. Después de esos 45 minutos y ese par de joyas, nada más ocurrió. Si acaso el debut de López Vallejo en la portería y una intervención espectacular del guardameta cuando estaba solo ante Mario, un gesto de grande en una cita mediana que avala lo certero y oportunísimo de su fichaje.
No fue un encuentro exhuberante, pero sí se observaron detalles de gran calidad ofensiva y la adjudicación de jerarquías incontestables, sobre todo la de Matuzalem, a quien todos buscaron con espartana fidelidad y fluida constancia como guía absoluto de las operaciones. El balón giró feliz alrededor de su órbita y él lo administró siempre con precisión y altruismo, con una clase superior, de quien se sabe dotado para hacer feliz a los compañeros y no duda en dibujarles sonrisas con su zurda de exquisito criterio: sus lanzamientos profundos cayeron a la espalda de la defensa soriana como bombas.
El Numancia, con muchas bajas, apenas inquietó al Zaragoza, algo sobón por la insistencia de D´Alessandro en confundir su papel en un rombo que pedía más agilidad con la pelota ante la pobreza de recursos en las bandas. Quero, un extremo de poco más de metro y medio que trajo a la memoria a ratones de otra época física como Felines, Lora u Onésimo, produjo varios seísmos con su velocidad y sus regates agitadores que doblaron el espinazo de Cuartero, pero apenas le acompañaron en su revolucionaria aventura.
El Real Zaragoza se quitó de en medio a su enemigo con un soberano guantazo. Salió a Los Pajaritos vestido con lo más elegante de su armario a la espera de que Diego Milito, Diogo, Ayala, Aimar y Juanfran hagan de este equipo una estrella de la pasarela, y en el minuto 2 dejó al Numancia totalmente desnudo. Matuzalem largó un pelotazo a la caída al costado derecho de Sergio García, éste no dudo en tocar de primera de cabeza porque por el otro lado venía Oliveira con carrera de locomotora, y el ariete marcó como si nada hubiera ocurrido.
PETRÓLEO Esa acción se anuncia como un clásico del curso que comenzará a finales de este mes. En tres toques quedó todo dicho. En el fútbol actual, con un excesivo discurso en parcelas intrascendentes, la celeridad vertical y la traducción exacta de la combinación son un pozo de petróleo. Enfrente, es cierto, estaba un equipo rebajado y sin madurar su plantilla, pero triangulaciones de esa belleza no se observan ya ni en las pachangas libres de cualquier presión profesional.
A la media hora estuvo a punto de repetirse la maravilla, esta vez con D´Alessandro de primer gestor con una vaselina sobre la entrada en el área de Sergio García, quien le mandó otro regalo similar al anterior a Oliveira. En esta ocasión, el tiro del brasileño encontró las manos de Jacobo. Y como no hay dos sin tres, Matuzalem quiso repetir el primer tanto con idénticos protagonistas. Directo al corazón y voraz, este trío contó con el apoyo de Gabi, fijado a la derecha del rombo aunque con un margen de libertad para sumarse a la fiesta.
De Gabi nació precisamente el segundo gol, con un sutil pase paralelo a la línea de cal, por donde apareció Oliveira elevando la cabeza en busca de Sergio García, inmisericorde en la asistencia con el partido al borde del descanso. Llegó la lluvia natural y la de los cambios incluso de posiciones, que afectó especialmente a Zapater, y el encuentro se fue apagando con la luz encendida de dos estrellas deslumbrantes y un equipo que se ha fijado como meta el firmamento.