El Zaragoza lavó en parte su imagen del partido ante el Parma y se marchó con una tímida sonrisa del Colombino. Como colista, sí, tras el empate ante el Recreativo de Víctor Muñoz en un torneo que se llevó el Parma y que al conjunto aragonés le sirvió como prueba de ensayos sin muchos titulares --Ayala, Aimar, Diego, Diogo o Juanfran--. Por eso no se pueden sacar conclusiones, aunque al menos el laboratorio de Víctor Fernández tuvo mejor pinta anoche, sobre todo en la primera parte, treinta minutos inicales llenos de movilidad, pegada, con dos goles, y control del partido. Pero, como si de una gaseosa se tratara, el equipo bajó sus prestaciones para que la fe del Recre le bastara para empatar, aunque tiene mucha razón Víctor Muñoz en pedir refuerzos al club onubense, los necesita.
Con las ausencias por lesión de Matuzalem y Oliveira, Víctor dispuso un once con un dibujo más equilibrado que ante el Parma, con Zapater de eje, para dejar una línea de cuatro --D´Alessandro, Movilla, Gabi y Óscar-- justo por detrás de Sergio García. Y la apuesta funcionó. El equipo fue de salida tan diferente al que se enfrentó al Parma... Y no solo por la camiseta, la avispa del 75 aniversario, en la que ver los números de lejos es una heroicidad. Todo cambió. Hubo más intensidad en el trabajo, más orden atrás, con Sergio de jefe y Goni de escudero, Zapater se encargó de llegar a todo para que la movilidad de D´Alessandro y Óscar abriera los espacios en la zaga onubense, para la que Sergio García fue un incordio. El ariete se marcó una primera parte de manual, rápido, hábil y con recursos.
El Zaragoza tuvo, además, la suerte de cara en el inicio. D´Alessandro convirtió en gol una gran apertura de Movilla gracias a la ayuda de Sorrentino y Edu Moya hizo la jugada tonta de la noche, un penalti clarísimo a Sergio García que éste transformó. 0-2 y poco más de un cuarto de hora. Óscar se recreó demasiado y mandó al limbo un buen pase del omnipresente delantero catalán, algo parecido a lo que hizo después Gabi tras otra gran combinación en ataque. Por entonces, el equipo de Víctor dominaba a su antojo, controlaba los tiempos y el balón, y no sufría porque el Recre apenas tenía argumentos en ataque.
Pero surgió uno, Sinama, y una buena acción suya acabó en el gol de Marquitos sobre la bocina del descanso para sacar a la grada del Colombino de la desesperanza y dar emoción al choque. Porque el panorama cambió en el segundo acto, el Zaragoza bajó y el Recreativo se apoderó de la cita apelando al esfuerzo, un argumento que sumado a la calidad de Marquitos, Camuñas o Sinama le bastó para avisar a un Miguel muy seguro en la segunda mitad.
El Zaragoza rozó el gol con un gran remate de Víctor, pero el partido ya no era suyo. Y el técnico lo sabía. Por eso introdujo más músculo con los cambios buscando amarrar el empate, pero no lo logró. Un mal despeje de Sergio Fernández lo aprovechó Camuñas para fusilar a Miguel mientras Ramírez Domínguez, que repartió amarillas de forma impropia para un amistoso, se comió dos penaltis, uno en cada área, a Sergio García y Camuñas.
Martins tuvo al final, en medio del carrusel de cambios y la pérdida de intensidad, la ocasión de desequilibrar el choque. La mandó fuera para que el duelo entre los dos Víctor más famosos del zaragocismo acabara en tablas y el Zaragoza se marchara del Colombino como colista, aunque con una ligera alegría envuelta en burbujas de gaseosa.