lunes, 20 de agosto de 2007
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Palermo 4 - Zaragoza 2

Los equipos del calcio, ocupen lugares de honor o poco relevantes, siempre son un buen termómetro para conocer la temperatura competitiva de cualquiera. Si el partido, además, se disputa en terreno italiano, se eleva la presión sanguínea y nerviosa por la especial atmósfera que se gesta en la grada, puro volcán en el Renzo Barbera siciliano, y por saber si el árbitro será víctima del pánico o, como anoche, dadivoso pariente con el dueño de la casa. El Real Zaragoza se aproximó todo lo que pudo a ese conjunto que aspira a entrar entre los gobernantes de la Liga, pero el colegiado, Stefano Farina, aumentó la dificultad del examen de una victoria que tenía en su poder tras el primer gol de Oliveira al expulsar a Juanfran con una tarjeta por desplazar el balón con el juego detenido y otra posterior por aplaudir la primera amarilla.


Hay algunos árbitros que son igual de histriónicos en encuentros oficiales que en amistosos. Y se empeñan en falsificar la realidad por estupideces. O en procurarlo, porque el Real Zaragoza le respondió mientras pudo con grandeza, una mejora física sustancial para soportar el inesperado desgaste y con la poderosa pegada de Ricardo Oliveira, inferior al final al golpeo sibilino de Farina, que pitó un penalti por manos de Ayala. ¿Penalti? Sí, pero... Para entonces, con el empate (2-2) en el marcador el Real Zaragoza sufrió un cortocircuito en la figura de Diogo, que le sacudió a Amauri con una dureza tremenda. Se fue a la calle pero podría haber acabado en el cuartelillo.


La expulsión del Juanfran en la recta final de una primera parte dominada con compostura táctica y poso en el toque por los aragoneses y sobre todo por un Matuzalem que todo lo que toca es oro, trasladó la cita a un nuevo escenario, de mayor exigencia. Fue una lástima afrontar tanto partido por delante en inferioridad numérica, porque la escuadra de Víctor Fernández se gustaba frente a un Palermo primitivo y previsible, con Miccoli como única y seria amenaza en ataque hasta que apareció con el partido despejado Amauri, autor de tres goles. No era un abuso, pero sí un goteo progresivo de superioridad sin mucha llegada, la mejor imagen zaragocista, sin duda, de toda la pretemporada, con la alineación de que debutará en Murcia más el ayer ausente Diego Milito.


SOBRE RUEDAS El tanto de Oliveira confirmó que todo iba sobre ruedas. Bien armado atrás con Ayala muy cerca del emperador que es y con un reparto de funciones equilibrado, el equipo aragonés tenía al Palermo miniaturizado. Pero en este deporte cuyas páginas las escriben los futbolistas, en ocasiones un árbitro se empeña en dejar su huella, que suele ser mancha imborrable para el desarrollo natural de los encuentros.


Oliveira volvió a silenciar el Renzo Barbera, que ya era un infierno, con un gol que llevó su sello de pantera insaciable, una acción de excelente gusto elaborada anteriormente por Aimar y Zapater. Sin embargo, el Palermo, con la entrada de Amauri y el declive lógico del Zaragoza, se fue a por el triunfo por aplastamiento. Miccoli igualó tras una asistencia de Amauri, quien luego volvió a empatar y se dio un atracón aprovechando el adiós voluntario de Diogo, a quien lo trajo frito por arriba, para sumar tres dianas a su cuenta. Esta derrota miente sobre el Real Zaragoza, noqueado por un Palermo que tuvo en Farina al mejor padrino posible.
Publicado por Buco18 @ 14:59  | Real Zaragoza
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Publicado por Invitado
miércoles, 22 de agosto de 2007 | 2:00
Farina arbitró como en un partido no amistoso (de hecho no hay diferencias de reglas: en los amistosos son las mismas de siempre); si vas a aplaudir a un árbitro que te acaba de enseñar la amarilla, quiere decir que lo estás provocando.