El Murcia siempre fue por delante en el marcador merced a una zaga muy contemplativa y el equipo no fue capaz de imponer su juego para poder sumar en el estreno liguero
No dejó buenas sensaciones la presentación de la Liga en esta nueva temporada. El Zaragoza se mostró demasiado tierno, casi crudo. Al equipo le falta cocción, más de la que parecía por lo visto en los amistosos de pretemporada. La defensa se mostró demasiado contemplativa y el resto del equipo incapaz de manejar el devenir del encuentro. Hubo detallitos, pero simplemente eso. Nada más. Quedan muchas cosas por ajustar y Víctor Fernández y sus colaboradores tienen trabajo por delante. De todo lo que se podía hablar en este partido, únicamente se queda en el golazo de Oliveira y en las buenas formas que muestra el delantero. Hay buen equipo, pero hay que hacerlo.
El comienzo del partido parecía una continuación de la pretemporada, un amistoso más. El ritmo era lento y no se encadenaban más de dos pases seguidos en ninguna de las dos escuadras. El Zaragoza proponía más, pero no se imponía en un centro del campo muy embarullado. Sin embargo, cuando nadie se lo esperaba, el choque se movió. La zaga aragonesa venía de Palermo con una jaqueca provocada por los balones aéreos que ganaron los italianos y el dolor de cabeza continuó en Murcia. Falta frontal y teóricamente inofensiva que Pablo García bota haciendo flotar el balón en el punto de penalti. Nadie del Zaragoza se entera y Mejía descoloca con un leve toque a César para adelantar a su equipo. Era un jarro de agua fría que requería respuesta inmediata. Sergio García la tuvo, pero se encontró con notario y fue entonces cuando los jugadores zaragocistas pararon, reflexionaron y se pusieron a buscar soluciones. Matuzalem y Aimar tenían más participación y el partido pasó a jugarse en el campo murciano. Era un dominio leve y alejado del merecimiento del empate. El caso es que entre una jugada y otra apareció la calidad de Oliveira. Yo me lo guiso, yo me lo como y golazo del crack brasileño reencontrándose con ese jugador que deslumbró hace un par de años en el Betis. El empate provocó un reinicio parecido al de las computadoras. Los dos equipos guardaron los datos, el partido se paró y en esa fase de asimilación se terminó la primera parte. Fue como si las propias incidencias del partido les tuvieran que recordar a los jugadores que la Liga había empezado y que, en lugar de un trofeo, había tres puntos en juego.
Los de Víctor Fernández salieron más despejados en el inicio del segundo tiempo, incluso daba la sensación de que estaban físicamente un punto por encima del rival. Ocasiones claras no había, pero sí acoso zaragocista sobre la portería de Notario. Pero el juego del conjunto aragonés no acababa de ser tan fluido como se puede presumir a la apuesta del entrenador. Los técnicos empezaron a mover piezas y activaron sus segundos denotadores. Diego Milito fue el primero en salir en el Zaragoza y Goitom hizo lo propio en el Murcia. El aire fresco tampoco terminaba de insuflar buen juego en el duelo.
El fútbol se suele dar al libertinaje cuando nadie se atreve a coger el mando. En estas ráfagas del partido, se volvió a adelantar el equipo de Alcaraz. Otra jugada sin aparente peligro se convirtió en el segundo gol del Murcia. Nadie se mostró contundente y Baiano aprovechó la dulzura de los centrales para anotar.