Víctor insiste en fracasar con el rombo y Messi se ríe de un Real Zaragoza triste, lento, patético, MUERTO.
Noche terrible para el zaragocismo, para el orgullo de una afición que se acostó ruborizada por las toneladas de vergüenza acumulada durante un partido donde su equipo fue un muñeco de trapo, un títere frente al Barça. No hay quien se libre, si acaso César Sánchez, sin cuyas estupendas intervenciones, sobre todo en duelos con Henry, evitó una goleada de récord guinnes. Un poco de puntería más de los catalanes y el resultado hubiera traslado el fútbol a los días legendarios de Kubala, al reino del gol. Al público, como espectador universal, le quedó el doloroso consuelo de maravillarse con Lionel Messi, exquisito verdugo, un futbolista de imaginación ilimitada que burló todo lo que se le puso enfrente, incluido el trivote de Víctor Fernández como base ridícula de un rombo que se había dado por muerto. El técnico lo resucitó y con él enterró a su equipo en una fosa común en una primera parte en la que el conjunto de Frank Rijkaard sentenció el encuentro.
GRAVE ERROR Si el entrenador cometió el grave error de continuar con una apuesta táctica incomprensible, inaceptada e inaceptable, sus jugadores colaboraron con interés para claudicar en un Camp Nou que disfrutó con la opípara cena que le ofreció la escuadra azulgrana. Metió el cuchillo el Barça en cuanto vio el pastel zaragocista sobre el mantel y se repartió la felicidad de la mano de Messi, quien hizo lo que le vino en gana ante una rival desastroso defensivamente, magnetizado por el crack argentino y por cualquiera que se propusiera superar una línea de una blandura parvularia.
Se suponía que Luccin, Zapater y Matuzalem iban a blindar el candado por delante, pero no tienen la clave de un plan artificial que les convierte en reos de posiciones que no les corresponden por su naturaleza. El canterano marcó el que se diría en otras circunstancias tanto del honor (anoche del horror) y Matuzalem acabó roto de gravedad en la enfermería. Con o sin Ayala, la retaguardia mantuvo su habitual displicencia, con el añadido de consentirlo todo cuando enfrente se agolpan jugadores del talento de los azulgrana, hambrientos con la nevera abierta de par en par. Todo ocurrió en la primera parte de vergonzante desidia y desinterés zaragocista.