lunes, 22 de octubre de 2007
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El equipo aragonés se desentiende y deja una huella de descomposición en el Manzanares.

Si usted tiene alguna información sobre el paradero del Real Zaragoza o su entrenador, Víctor Fernández, le rogamos se pongan en contacto con las oficinas del club o los denuncie en comisaria, según tenga hoy lunes el día y el ánimo. Anoche, como ocurrió en el Camp Nou frente al Barcelona, desapareció del encuentro y dejó en su lugar a un grupo de futbolistas que visten de prestado la camiseta del Zaragoza y a un técnico que no comprende nada de lo que ocurre, encerrado en su palacio de cristal y espejos aduladores. Al conjunto aragonés no hay por dónde agarrarlo. El Atlético de Madrid lo maltrató sin piedad, sin necesidad de esforzarse demasiado para celebrar una goleada escandalosa que desnuda o descubre de nuevo las múltiples y lastimosas deficiencias de esta legión de almas desalmadas sin destino conocido.

Desde luego Europa no, salvo una resurrección improbable que pasaría por empezar a cambiar muchas cosas, en primer lugar ese aire de nuevo rico que presume de joyas y calza zapatilla de cáñamo. El prestigio hay que ganarlo con solidez, coherencia y disciplina colectiva, desde la oficina al campo. Luego hablaremos de proyectos, de ilusiones y de fiestas caribeñas.


UN ESPEJISMO La victoria sobre el Levante supuso un espejismo. Aquel enemigo empobrecido y camino de Segunda no lo era, y el resultado quedaba en cuarentena hasta afrontar compromisos de la altura del de ayer, ante un supuesto rival directo en la lucha por un sobresaliente al final del curso. La derrota mostró tantas carencias que sumarlas conducen directamente al resultado negativo y doloroso. Una de ellas marcó las diferencias brutalmente: el Real Zaragoza se mueve con la gracia de una tortuga reumática y el Atlético de Madrid, lanzado por dos esprinters en estado de gracia como Forlán y el Kun Agüero, juegan a la velocidad de la luz. No fue solo una cuestión de velocidad física, sino también mental.

El equipo que sigue en construcción parece un edificio en derribo. En el Manzanares se estranguló sin argumento futbolístico alguno. Quizá si Víctor Fernández hubiera elegido a D´Alessandro y Sergio García como titulares, lugar que merecen sin discusión al igual que Cuartero y posiblemente algún otro, la predisposición táctica hubiera dado más problemas al Atlético. Quién sabe. En cualquier caso, cuando salieron fueron los mejores, junto a un Ayala muy mejorado, con dos detalles aislados que tuvieron en los minutos de la basura. De basura fue todo el encuentro zaragocista, pero antes de tirarlo es recomendable repasarlo para, si es posible, reparar una maquinaria en la que la mayoría de las piezas van sobrecargadas de óxido y mucha desgana.

El cuarto gol colchonero llegó en el ocaso del partido y retrató con pulcritud al actual Real Zaragoza y su descreído trote, por utilizar un eufemisno del ritmo desanimado y vencido del equipo: Luis García cogió el billete en Sevilla, llegó a San Sebastián y se lo entregó a Maxi para que éste marcara de tiro cruzado.
Publicado por MartinHernandez @ 7:16  | Real Zaragoza
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Publicado por Invitado
martes, 23 de octubre de 2007 | 11:07
Pero bueno.. que narices esta pasando.. me parece muy acertado eso de si ha vista al entrenador... Cuando narices va a despertar Victor Fernandez¡¡ A mi juicio no tiene ni puñetera idea de cuando hacer los cambios.
SERGUIO GARCIA titular¡¡