El Zaragoza se puso el mono de trabajo para sacar el partido adelante, defendió su territorio con una defensa inédita y aprovechó una contra para sumar los puntos.
Hablar de un solo jugador suele resultar injusto y mucho más después del trabajo colectivo que hizo el Real Zaragoza ayer. Sin embargo, no se podría escribir la película del partido sin detenerse en la actuación de Óscar González. Todo fue cronológico. Primero hay que elogiar el esfuerzo que hizo el grupo para sobreponerse y después el talento de salmantino para sumar los tres puntos. No se notaron las ausencias de los titulares en defensa y el equipo repitió la imagen del Villarreal. Puerta a cero, victoria segura. Así fue. Óscar puso lo demás; los pases, la velocidad, la verticalidad... Está tocado por la mano de Dios, o por la de Maradona, o por la de quien sea. Este jugador está al nivel de cualquier plantilla que quiera ser protagonista. Ayer, volvió a ser el mejor.
La corriente desfavorable a la que se refería Víctor Fernández en la rueda de prensa para referirse a las múltiples bajas continuó en tierras andaluzas. Los Comités no perdonaron a Pavón, y Sergio, que había superado la prueba matinal, se lesionó a los tres minutos. El Zaragoza ya jugaba con un debutante, Goni, y Víctor se vio obligado a acompañarle con Chus, otro canterano que aparecía en esta convocatoria de manera prematura. Antes de irse Sergio, en la jugada en la que se lesionó, el Almería perdonó el primer gol del partido en una ocasión clarísima con larguero y tiro a bocajarro incluidos. La corriente traía vientos racheados y en esa oportunidad sopló a favor del Zaragoza.
El dibujo del equipo estaba coloreado por los mismos jugadores que brillaron ante el Villarreal. Un esquema ofensivo, pero con mentalidad solidaria. Los primeros compases del choque discurrieron con un equipo agazapado y buscando salir a la contra. Los problemas en el centro de la zaga alimentaban ese espíritu colectivo de dejarse la piel defendiendo. El Almería seguía empujando y César tenía mucho más trabajo que su colega Cobeño. Hacía falta serenidad atrás y se consiguió a los 25 minutos. El bagaje ofensivo zaragocista se limitaba a escasas arrancadas de Óscar, Sergio García y Oliveira. Los de Víctor comenzaron a asentarse en el campo y los de arriba empezaron a dar miedo. Fruto de esta circunstancia, Zapater tuvo un mano a mano con Cobeño que solventó bien el guardameta. El equipo había leído el nuevo guión del partido y empezó a interpretarlo. Había llegadas, inocentes, pero las había y suponían un respiro para la defensa de circunstancias.
La frescura del descanso sirvió para mantener activo el nuevo chip solidario y ver un partido más abierto. El arranque fue vertiginoso. Melo y Oliveira pudieron abrir el marcador y Muñiz señaló una cesión a César de la que el Almería no supo sacar provecho. La magia que tenía Diego Milito en las dos temporadas pasadas no acaba de aparecer y no pudo mecer los brazos para dedicarle el primer gol a Leandro, su hijo recién nacido, en un remate clarísimo que se marchó a las nubes. Era la tarjeta de visita que guarda el Zaragoza desde que diera la última en Barcelona el pasado mes de febrero. Era también el intento de un equipo que sabía que el que metiera la primera, se llevaba los tres puntos. Así estaba el partido. Sergio García también perdonó al no aprovechar un fallo de Cobeño. El Zaragoza había tenido el partido en esas dos acciones.
Pero el equipo no se desesperó. Luccin asistió a Óscar y Cobeño le derribó dentro del área. Diego Milito anotó desde el punto de penalti y, esta vez sí, hubo festejo y dedicación. Esa dedicación pudo ser doble, pero la cruceta escupió otro remate envenenado del argentino en una gran genialidad de Óscar. ¡Cómo está el de Salamanca!
El Zaragoza de circunstancias, el del mono de trabajo, apretó todavía más los dientes y defendió a muerte el resultado. No parecía la mejor situación para aguantar un acoso brutal, pero Goni parecía Ayala y Chus, Xavi Aguado. No había debutantes, jóvenes ni novatos. Había un equipo, había un grupo con ganas de sumar los tres puntos fuera de La Romareda. Fue un triunfo de oro, de los que alimentan lo colectivo, de los que borran escándalos...