Mendilibar sacó al punta en el minuto 24, una decisión que desarmó al Zaragoza y lo llevó a la perdición.
Víctor Fernández, no confundir con el entrenador del Real Zaragoza, destrozó al conjunto aragonés. Iba el partido de cara para los locales con el gol de Oliveira y un rico surtido de ocasiones falladas o desperdiciadas por extraños egoísmos, y a José Luis Mendilibar se le ocurrió meter en el campo al carismático y veterano delantero. El técnico del Valladolid realizó la sustitución en el minuto 24. No es común que con tan poco jugado un técnico tome esa decisión, pero algo vio el estratega y mando a la ducha al joven y prometedor Sisi para darle los galones a Víctor. A sus 32 años sigue igual que siempre, con una velocidad menos y mucha más astucia para convertir su pequeño cuerpo en una bomba de relojería. Nada más pisar el césped de La Romareda envió un balón al poste, y en la siguiente acción clavó su aguijón de avispado oportunista al lograr el empate elevando la pelota ante la salida desesperada de César.
Víctor Fernández, no confundir con el jugador, no comprendió bien por qué su colega se ponía hacer esas cosas. Algo descubrió Mendilibar, por ejemplo que al incrustar a Víctor por delante de una defensa muy herida por las ausencias, se podía llevar el partido, y que con Kome en el carril de Zapater (lateral zurdo inesperado), el objetivo sería bastante más fácil de alcanzar. Este tipo de detalles suelen pasar desapercibidos; no cuando del 1-0 se salta al 1-3 en un abrir y cerrar el libro táctico. En poco más de cinco minutos, del 27 al 33, Víctor marcó dos goles, Kome llevó de cabeza a Zapater y Álvaro Rubio, sensacional toda la tarde, firmó el tercer tanto de su equipo como si fuera Romário.
MÁS ESPABILADO No es que Mendilibar sea más inteligente o sepa más que Víctor Fernández, sino que estuvo más espabilado y rápido de reflejos para buscar alternativas a lo que parecía la segura derrota del Valladolid. Nadie daba un euro por el, hasta ayer, penúltimo de la Liga, sobre todo durante el primer cuarto de hora. El Real Zaragoza salió altivo y seguro, y las primeras de cambio una asistencia de Diego para Sergio García dejó a éste solo ante Alberto, quien adivinó el disparo del catalán. Oliveira y Diego Milito se pusieron farrucos y estuvieron a punto de estrenar el marcador en una combinación entre ambos que el brasileño decidió exprimir sin éxito hasta el final con el Príncipe esperando la devolución del favor. Milito le dijo de todo a su compañero. Le salían culebras por la boca. Fue una escena que se repitió poco después, otra vez porque a Oliveira le dio por disparar en lugar de pasársela al argentino.
Oliveira acertó por fin a un regalo de Óscar y el Real Zaragoza se fue a comer perdices, feliz y distraído del encuentro, con la soberbia por montera. Entonces a Mendilibar le dio por pensar que quizás la defensa del conjunto aragonés fuera más asequible si se la amenazaba con mayor continuidad y efectivos. Le dijo a Víctor Fernández (al jugador) que apareciera por sorpresa, que rompiera desde atrás, que tuviera el balón lo que fuera necesario porque la retaguardia zaragocista emitía señales de alarma y el centro del campo no daba señales de gran fortaleza. Los entrenadores, a veces, influyen con el encuentro en marcha. Mendilibar lo hizo con enorme acierto.
Víctor Fernández (el entrenador) sorprendió a propios y extraños con una disposición defensiva al menos cuestionable. Habló con Paredes y el muchacho le dijo que estaba agotado del partido completo de Almería. El jugador le expuso con sinceridad que después de tanto tiempo fuera por su lesión, esos 90 minutos le habían dejado para el arrastre. Sin Sergio Fernández, ni Pavón ni Paredes ni Juanfran, el preparador se encontró con otro papelón. Lo resolvió con Zapater de lateral izquierdo y Gabi junto a Luccin. Podría haber repetido con Goni de central y situar a Chus Herrero en el costado que suele ocupar Juanfran para no alterar así el orden natural de las cosas, porque Zapater es mediocentro y los canteranos defensas como bien demostraron en la victoria sobre el Almería. Pero o no se fía del todo de los de la tierra o pensó que estaba haciendo lo mejor.
MEJOR EQUIPO
Fió todo a su pegada el Real Zaragoza, y el Valladolid, tras superar una ligera zozobra, buscó un mayor equilibrio pese a la desventaja. Es decir siguió desplegándose como un equipo, una respuesta que al conjunto aragonés le provoca sarpullido. La picardía de Víctor Fernández (el futbolista), la velocidad y la constancia de Kome, el excelente criterio en el reparto de Álvaro Rubio y Vivar Dorado y el trabajo estajanovista del resto de la colmena de Mendilibar desesperó al Real Zaragoza, que se abandonó a la improductiva individualidad, a la gestión estática de la pelota para regocijo de un Valladolid descarado y firme.
Víctor Fernández (el entrenador) recurrió toda la segunda parte al rombo con Gabi como único pivote defensivo. Aimar y D'Alessandro saltaron al campo de la mano para intentar rescatar a su compañeros, pero se fueron de parranda, sin aportar nada nuevo al jaleo. Muy buenas intenciones pero nada de eficacia salvo un golazo de Diego que rebajó un poco la vergüenza de recursos globales de un equipo que perdió la virginidad en La Romareda después 16 partidos de Liga sin conocer la derrota. Mendilibar y Víctor Fernández (su jugador) tuvieron mucho que ver. En ocasiones los humildes dan lecciones de catedrático.