lunes, 03 de diciembre de 2007
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El Zaragoza confirmó ante el débil Recreativo que es ya un equipo roto por completo y sin recursos. Milito marcó enseguida el 0-1, pero los locales remontaron con dos goles de Martins antes del descanso.

Esto es lo que hay. Derrota tras derrota, golpe a golpe, el Real Zaragoza que "dirige" Víctor Fernández camina lentamente hacia un fracaso sonado. Ayer en Huelva, culminó las sospechas. ¿Alguien lo duda aún? La jugada del 2-1 fue el paradigma de lo que es ahora mismo el equipo. Era el minuto 40, a solo 5 para el descanso. Juanfran rebañó el balón con la mano a Sinama en un recorte a la altura de la cintura del francés que podía dejarle solo ante el marco zaragocista. El linier le dijo a Undiano -que no lo había visto- que era pena máxima. Si la jugada ya fue tonta en su matriz, la culminación adquirió tintes mucho más graves. Lanzó el penalti el portugués Martins y rechazó bien César. Y, entonces, se dibujó una acuarela definitoria de la actitud de ambos equipos: mientras del Recreativo entraron al rechace hasta cinco atacantes, solo un defensa del Zaragoza (Paredes) acudió en ayuda de la excelente acción de su portero. La resolución a tan crucial jugada, por supuesto, acabó favoreciendo en apenas 10 segundos al conjunto andaluz. Camuñas recogió el balón perdido, le dio tiempo a centrar y, de nuevo Martins, solo como la una bajo palos, empujó con calma a gol y dejó en nada su grave fallo en el lanzamiento desde los once metros. Increíble, pero cierto.

César se volvió loco con sus colegas. Los de negro (así vistió ayer el Zaragoza, por primera vez en su historia) echaron los ojos al suelo y callaron. Solo el portero braceó, gritó y lamentó que su esfuerzo y su acierto no sirvieran para nada.

Cuando, cuatro minutos después de este lamentable gol onubense, los jugadores se marcharon al descanso, las caras de unos y otros denotaban un ánimo inverso. Los locales, incrédulos y felices por haber dado la vuelta a un marcador adverso en circunstancias harto peligrosas para ellos. Los visitantes, hundidos en sus miserias tras haber perdido (otra vez) una madrugadora ventaja ante un rival menor, con hechuras muy justitas para caminar por la Primera División.

Porque, efectivamente, en una primera mitad escasa de fútbol, con dos equipos timoratos e imprecisos, Diego Milito se reencontró con el gol en el minuto 21 tras aprovechar un pase largo de Aimar (lo más aceptable que hizo el Payaso en su reaparición) y batir a Sorrentino en el mano a mano. Era la primera jugada ligada del choque. Hasta entonces, solo dos disparos lejanos de Luccin y Martins habían inquietado a ambos porteros.

El público del Colombino tembló. Se oyeron murmullos propios de un ambiente cargado. Víctor Muñoz se hundió en su banquillo tras beberse de un trago medio litro de agua. Todo el mundo se tragó en esos momentos que el Zaragoza iba a ganar el partido y el Recre se iba a sumir en una pesadilla profunda en la clasificación de esta Liga. Un grupo que llevaba un gol en los últimos ocho partidos (más de dos meses), un conjunto que solo había marcado hasta ayer 8 tantos en 13 partidos, se veía incapaz de remontar ese 0-1 tempranero del Zaragoza.
Caos

Pero lo hizo. Claro que lo hizo. El caótico cuadro de Fernández es capaz de patrocinar milagros como este y mucho más difíciles. En cuatro minutos, Martins ya había empatado en un zurdazo seco desde fuera del área. Y, antes del descanso, el contado penalti logró voltear el tanteador.

La gente se pellizcaba en la grada. No daban crédito a que su apurado equipo hubiese sido capaz de tumbar con tanta facilidad a un "grande" como es para ellos el Zaragoza de Aimar, Ayala, Milito y demás. El segundo tiempo se esperaba en la grada como un suplicio. Querían que el partido se terminase ya, que solo hubiera durado 45 minutos. En efecto, como se temían, Víctor Muñoz echó a su equipo atrás. Como si jugasen fuera de casa. Y regaló el balón por completo al Zaragoza.

Por eso, la segunda mitad fue un clarísimo ejemplo de la impotencia que reina ahora mismo en el equipo de Fernández. Nada de creatividad, ni una sola idea ofensiva. Una nulidad táctica propia de un grupo roto por los cuatro costados. Ni la salida del banquillo de los Gabi, Oliveira y D´Alessandro fue capaz de aportar frescura o alternativa alguna.

Es tremendo reseñar que, un equipo teóricamente poderoso como era ayer el Zaragoza ante el débil Recre, no fue capaz de generar una sola ocasión clara para lograr, al menos, en empate a dos. Ni una. Apenas una docena de jugadas trompicadas, unos cuantos centros sin sentido al área a ver si sonaba la flauta, y nada más. Lo más cerca del gol que se estuvo fue un golpe franco de D´Alessandro, ya fuera de tiempo, que casi se come el italiano Sorrentino. Dicho esto, poco queda que comentar de este equipo reventado que es hoy en día el Zaragoza. Aunque a su técnico y a algunos jugadores escasos de recursos -de todo tipo- les sepa malo y les cueste asumirlo.

No solo no supieron venirse arriba ante un pobre adversario que se la jugó a la defensiva durante medio partido, sino que el Recre casi logró el 3-1 en un jugadón de Guerrero que Congo, recién salido y aclamado por el público como un héroe al final del choque, estrelló en el palo con César batido. Fue la imagen final de la incapacidad aragonesa. El equipo va cuesta abajo y, lo peor, es que no tiene frenos. Salvo que alguien se los coloque.
Publicado por MartinHernandez @ 7:35  | Real Zaragoza
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