lunes, 10 de diciembre de 2007
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Diego Milito adelantó al Zaragoza a los cinco minutos, pero el Espanyol emuló al Valladolid y al Recre poniendo el 1-3 en el marcador. Oliveira salió al final y empató.

La afición de La Romareda ocupaba sus butacas dispuesta a ver una película que ya habían visto antes. Sólo los mensajes de todos los estamentos del club hacían pensar a los más optimistas que el guión iba a cambiar. Al final, fue una mezcla de las dos cosas porque el guión cambió en los primeros y en los últimos cinco minutos del partido y el resto fue una acumulación de secuencias repetidas. Las películas, además, despiertan emociones reales en su primer visionado. Después ya no lloras ni te ríes con las mismas escenas. Eso también pasó en la grada. Hubo indiferencia. Eso sí, la mayoría mostró respeto absoluto hacia el director del film –Víctor Fernández– y los productores ejecutivos –Agapito, Bandrés y Pardeza– le encomendarán la dirección de la próxima película.

Diego Milito hizo volar las palomitas. El Zaragoza se adelantó en el marcador en los primeros minutos y el guión prometía diversión. Algunos guardaron la guadaña que habían afilado con empeño la última semana y había tufillo a festival goleador. Sin embargo, la pantalla comenzó a emitir esa serie de secuencias repetidas. El gol de Tamudo a los tres minutos recordó al de Víctor el día del Valladolid o al de Martins el día del Recreativo. Lo mismo pasó con el de Valdo e incluso con la puntilla de Zabaleta. Se llevaban trece minutos y todo el argumento se había reconducido de forma genial por unos actores geniales hacia la tediosa imagen de un equipo roto, podrido, sin moral. Las guadañas se recuperaron de inmediato y su sonido era el único que se escuchaba en una sala silenciosa, embargada de indiferencia y respetuosa con Fernández.

No se sabe muy bien el porqué, pero había esperanza. El equipo pululaba cerca del área de Kameni, pero no mostraba demasiada fe en sus acciones. El cuarto gol del Espanyol estaba más cerca y sólo el perdón de los ‘pericos’ mantenía el interés en un estadio creyente.

El veredicto constante de La Romareda pasó a primer plano en el descanso. La caldera infernal soñada por algunos se quedó en el lógico enfado mostrado a través de tímidos pitos. Las cámaras se apagaron en la privacidad del vestuario y de ahí salió un equipo que tenía 45 minutos para darle la vuelta al partido. La salida fue buena y Aimar y Diego Milito estuvieron a punto de culminar un par de buenas acciones colectivas. Recortar la diferencia era el único clavo al que agarrarse y la cosa pintaba más o menos bien. Sin embargo, una acción de Luccin en el borde del área del Espanyol significó su segunda tarjeta amarilla y la cuesta arriba adquiría un desnivel insalvable para un equipo que estaba roto. Víctor Fernández, quizás ayudado por el respaldo que le mostraba continuamente el público, no pensó que aquello era insalvable y tiró de Óscar y Celades para intentar la escalada. El andorrano se hizo con el control del centro del campo y Óscar ayudó a la combinación. Parecía que era el Espanyol el que tenía un hombre menos. Pero, a pesar de estos detalles, la realidad indicaba que la situación era la más complicada del proyecto de Agapito y los de Valverde jugueteaban con un Zaragoza roto, descompuesto y con alguna muestra de orgullo que, al final, fue la clave de la reacción final. Lo de juguetear era en el sentido literal de la palabra porque tuvieron tres ocasiones claras para hacer el cuarto y no lo consiguieron porque se pensaban que estaban jugando una pachanga.

La última nota de Víctor Fernández era Oliveira. Salió el brasileño y salió el gol. Haciendo gala de una efectividad espectacular y de un gran entendimiento con Diego Milito, Oliveira sacó su fusil y en cuatro minutos obró el milagro. La Virgen del Pilar se tuvo que volver a pasar por La Romareda. Las guadañas se volvieron a guardar, los buitres tuvieron que remontar el vuelo y los espectadores salieron del cine con un final diferente. ¿Tiene alma este Zaragoza? ¿Tiene orgullo? ¿Es el principio del fin del sufrimiento? El Zaragoza todavía está enfermo, pero ayer ofreció un síntoma nuevo. El Deportivo de La Coruña y el Valencia serán los próximos rivales. Bueno, en realidad, el rival del Zaragoza seguirá siendo el propio Zaragoza. Un punto para la esperanza...
Publicado por MartinHernandez @ 7:39  | Real Zaragoza
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