jueves, 10 de enero de 2008
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El Real Zaragoza, que fue por delante, se funde en la segunda parte y complica su pase.

Como tantas otras veces, al Real Zaragoza le remontaron el partido. Este mal no ha desaparecido. Sigue ahí, vivo, como si se tratara de una debilidad endémica. El conjunto aragonés se sitúa por delante en el marcador y, sin embargo, no acaba de cerrar los partidos, de dominarlos o matarlos. Anoche fue el Racing de Santander quien quiso dar la vuelta al discurrir de la marcha de los acontecimientos y lo consiguió. Al conjunto santanderino ni siquiera le penalizó una adversidad mayúscula en este asunto: no jugar con delanteros natos a causa de bajas y lesiones. Con Óscar Serrano y Pablo Álvarez, dos centrocampistas ubicados en posiciones de vanguardia, fue capaz de anotar el gol que buscaba, un tanto que en el global de la eliminatoria de Copa del Rey puede tener un peso determinante. Por alguna razón u otra, al Real Zaragoza se le escapan las ventajas que toma: un despiste, un error individual, un desajuste defensivo... Hace ya mucho que el rival siempre encuentra esa vía, por la que se cuela para decantar las cosas a su favor.

Acaso haya que decir que en esta ocasión el cariz de la decepción fue otro, o al mentos tuvo apariencia menos grave que en choques precedentes. El equipo cántabro marcó en la única ocasión que dispuso en todo el segundo tiempo, en un lanzamiento de penalti. Poco más se acercó el equipo de Marcelino García Toral a las cercanías de la portería de López Vallejo. No obstante, también son legítimas otras posibles lecturas que es conveniente no desatender. El Real Zaragoza sigue sin ganar a nadie. Derrotó, sí, al Pontevedra en la anterior eliminatoria copera; pero esa referencia no cabe tomarla en una dimensión profunda. El conjunto gallego se mueve dos escalones por debajo de la escuadra aragonsa. En cuanto el adversario tiene mayor envergadura y contenido futbolístico se esfuma el triunfo. La victoria se niega.

Al margen de esta consideración, o de cualquier otra ponderación de deficiencias viejas del Real Zaragoza, el aficionado de La Romareda también deseaba confirmar las buenas impresiones extraídas del choque de hace unos días ante el Real Madrid, en el estadio Santiago Bernabéu. Jugando de ese modo, las venturas se presumían prontas. Pero aquellas sensaciones tan positivas no se pudieron prolongar anoche. Se las tragó en buena medida el Racing, con su trabajo ordenado, con el saber resistir y perseverar en su método, que aun siendo algo básico se ajusta de modo perfecto al perfil de sus hombres. De hecho, ha colocado el presente debate copero en un punto que le otorga un papel de favorito para el encuentro de vuelta.

Antes de que el Real Zaragoza se adelantara en el marcador a través del gol de Ricardo Oliveira, en el lanzamiento de una falta directa, el Racing ya había mostrado los porqués de su actual rendimiento. Se trata de un equipo bien posicionado sobre el terreno, disciplinado, sereno en el manejo del balón y con casi todos los movimientos bien estudiados y ejecutados. El sello de su entrenador, de Marcelino García, es una impronta que lleva marcada en los adentros cada uno de sus hombres. Nadie se despista, nadie se ausenta, nadie se mueve sin obedecer a la exigencia de la armonía colectiva. El mecanismo de funcionamiento viene a ser el alma futbolística de todos y cada uno. En el Racing no es posible encontrar un líder indiscutible, un carácter que emerja claramente sobre los demás. Todos se deben a todos. Así han conseguido marcar la frontera de las competiciones europeas en la Liga y de este modo se comportaron anoche en el estadio de La Romareda.

Se vieron superados en la contienda mientras al Real Zaragoza le duró la fuerza del talento, de la inspiración o del arrebato creativo, mas esos valores nunca se sostienen de modo permanente. En su propio ser está la necesidad de aparecer en determinados lances y desaparecer alcanzado cierto límite, en el que el músculo ya no se oxigena de igual manera y en el que es preciso administrar el cansancio. Este aspecto aún no lo maneja con la adecuada corrección el equipo aragonés, en el sentido pragmático de la cuestión.

Quizá quepa apuntar como paliativo, o como consuelo en medio de la deficiencia, que al Real Zaragoza tampoco se le observó tan deprimido como en los peores momentos de la crisis. Las lagunas individuales y colectivas ya no son tan reiteradas ni tan amplias, porque la disposición personal también es otra. De las pasadas reacciones egoístas no se dio un solo brote y del pensar más en lo propio que en lo colectivo tampoco se apreciaron gestos. Es posible que en este capítulo se hayan aclarado bastante las circunstancias, aunque al Real Zaragoza se le siguen haciendo largos los encuentros. A los finales le cuesta llegar entero o lo suficientemente compacto como para no conceder espacios francos.

En este punto sí que resulta sencillo establecer un paralelismo respecto al encuentro jugado en el Bernabéu. En la fase postrera resolvió Robinho y camino de esos instantes encontró Óscar Serrano el conducto para ser derribado dentro del área aragonesa. Levantarse costará más de lo pensado.
Publicado por MartinHernandez @ 7:39  | Real Zaragoza
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