Otra vez sin ganar y ya van nueve. El Real Zaragoza sigue sin mostrar mejoría en el juego y se ganó los silbidos de la afición, muy enfadada por el triste juego. El Mallorca se adelantó en el marcador en el minuto 17, con un gol de Varela, pero Diego Milito logró dar la vuelta al partido tras marcar dos goles, uno en el minuto 37 y otro en el 23. Sin embargo, el mal juego hizo que Giza lograra el empate en el minuto 62.
Resignación en La Romareda. La afición tampoco pudo disfrutar este domingo de una victoria del Zaragoza, algo que no celebra desde el pasado 28 de octubre. Los de Víctor Fernández no pasaron del empate ante el Mallorca (2-2) y suman ya nueve jornadas consecutivas sin ganar o, lo que es lo mismo, más de dos meses de una crisis que no parece tener fin. Los goles de Diego Milito hacían pensar que iba a romperse el maleficio, pero el combinado aragonés dio la sensación de que, a día de hoy, es incapaz de ganar.
El triunfo se antojaba fundamental para ambos conjuntos, dada la escasa diferencia de puntos de mitad de tabla para abajo. Los compases iniciales del encuentro estuvieron marcados por un fútbol lento e incluso tedioso. El esfuerzo de la Copa del Rey parecía pasar factura. Ningún equipo se imponía en el juego, aunque la primera ocasión de cierto peligro fue del Zaragoza. Celades disparó muy desviado un balón suelto tras una buena jugada de Milito, de nuevo el más brillante de un Zaragoza gris (minuto 6).
Salvo alguna jugada esporádica, las imprecisiones eran la nota predominante en el césped. Después de dos córners seguidos de los locales, a la grada le entró el miedo en el cuerpo con un contragolpe del Mallorca en el que Trejo, quien se dejó caer al suelo, pidió penalti. Poco después comenzaron los malos augurios. Valera, de fuerte disparo, batió a César después de que Arango no rematara un preciso centro de Jonás (minuto 17).
La Romareda enmudeció por un instante, pero los pitos criticaban la pasividad de la que empezaban a hacer gala algunos jugadores zaragocistas. En ese contexto, el Zaragoza entró de nuevo en el partido gracias a Diego Milito. Sergio García quitó el balón al guardameta Lux al borde del área, y el centro fue cabeceado suavemente a la red por el ariete argentino ante la impotencia del zaguero Nunes (minuto 23).
El duelo se animó, y era el Zaragoza quien buscaba romper el empate. Lux enmendó su fallo anterior tras despejar el esférico en un mano a mano con Diego Milito, quien se deshizo en un quiebro de David Navarro. El estadio suspiró, pero el segundo tanto del Zaragoza llegó pronto. En el minuto 36, un inmenso Milito remató a placer la asistencia de Diogo, activo en la primera parte. Los primeros 45 minutos acababan y el público creía ver cerca la resurrección de su equipo.
Lagunas en la zaga
En la reanudación, Óscar, muy peleón, salió por Luccin. Víctor buscaba fortalecer más el centro del campo y aprovechar las bandas. El Mallorca también movió ficha y el goleador Varela fue sustituido por Güiza. Las imprecisiones en ambos conjuntos volvieron a hacer acto de presencia, pero los de Gregorio Manzano se mostraban más ordenados. En sendas ocasiones, Oliveira y Sergio García estuvieron a punto de sentenciar el encuentro, pero Lux lo impidió con solvencia.
El Zaragoza no sabía rematar la pocas ocasiones claras de gol, y esa falta de acierto la pagó cara, al igual que en partidos anteriores, puesto que el empate terminó llegando. En el minuto 61, Güiza, quien tuvo que ser sustituido antes del pitido final, metió un gol de pillo al aprovechar un error de la zaga zaragocista en un saque de falta. De hecho, a lo largo de los 90 minutos, los locales no dieron en ningún momento una sensación de seguridad atrás. La floja actuación de la defensa pudo decantar el partido del lado visitante en el último cuarto de hora. La entrada al campo de D’Alessandro y Paredes poco cambió las cosas; los de Víctor Fernández buscaron sin éxito y tímidamente el contraataque a pesar del empuje del público.
En la línea del encuentro del Bernabéu, hubo ciertas mejoras en el juego zaragocista, pero se vieron oscurecidas por las cada vez más preocupantes lagunas defensivas, síntoma de que las cosas no funcionan. Terminado el ecuador de la Liga, el ansiado punto de inflexión no llega, y lo que es peor, el descenso está ya a dos puntos y la puerta de Europa se ve un poco más lejana. Quién sabe si el Zaragoza verá la luz el miércoles en El Sardinero, y el fin de semana, de nuevo en casa, contra el Murcia. Víctor Fernández tende de un hilo. Debería marcharse y si no que lo echen.