jueves, 17 de enero de 2008
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Este es el Zaragoza que hereda Garitano: El Racing arrolló y goleó a un débil Zaragoza que solo existió durante el primer cuarto de hora del partido. Los zaragocistas se adelantaron 0-1 pero, de nuevo, no supieron sujetar la ventaja y dijeron adiós a la Copa.

¡Marcelino, Marcelino, Marcelino...! gritó anoche el público que abarrotó el campo de El Sardinero durante la segunda mitad. Para entonces, el Racing ya ganaba 3-1, tenía K.O. al nuevamente errático Real Zaragoza y el fútbol había puesto a cada uno en su sitio. El grito unánime de todo el estadio, mientras los jugadores locales salían hasta dos veces a saludar a su efervorizada afición, se repitió al término del choque con la goleada consumada y la eliminación irrefutable de un Zaragoza inferior, cautivo y alarmantemente desarmado ante un rival que, una vez más, fue mejor en todas las facetas del juego.

Este es el Zaragoza que tenemos. La fotografía fija que quedó anoche plasmada en la retina de todo el zaragocismo a eso de las 10 de la noche es cristalina. El día del debut de Garitano estuvo ayer lleno de señales, de gestos, de motivos para la alarma. Y, de paso, demostró que todo lo que ha provocado la traumática decisión de prescindir de Víctor Fernández tiene, al menos, un fundamento razonable. El equipo viene dando tumbos desde agosto, va devaluándose paso a paso en medio de la quietud de todo el mundo y, a partir de ahora, requiere urgentemente una reacción súbita si no quiere terminar en la mayor catástrofe de la historia en el mes de mayo.

La UEFA se acabó en octubre, a las primeras de cambio y, anoche, en mitad de enero, se dijo adiós a la querida Copa del Rey en el segundo asalto del torneo.

Ya solo queda la Liga, 19 partidos que van a ser 19 finales en busca de 22 o 23 puntos que garanticen la salvación. Como se demostró anoche en El Sardinero, este Zaragoza no está ahora para más aspiraciones.

El equipo aragonés se marchó a los vestuarios vapuleado y con la misma cara de los últimos cuatro meses. Es decir, con síntomas de impotencia, falta de criterio y dudosa configuración como equipo armado. Y Ander Garitano, el debutante entrenador zaragocista, se fue del estadio con la sensación de que tiene ante sí una cruda herencia que administrar. Crudísima, para nota.

Aunque el partido, como tantas otras veces, comenzó de la mejor manera posible para el Zaragoza (con un gol tempranero y con un poderío al contragolpe de los aragoneses que abrumó al Racing durante los primeros quince minutos), una vez más se trató de un espejismo, de un señuelo bonito que no tuvo continuidad a partir del cuarto de hora inicial.

El amargo regusto final de este choque, el del estreno de Garitano con la batuta zaragocista, ya se instaló en el paladar de los aragoneses en el descanso. No hizo falta esperar al final. La primera parte dejó el mismo poso que tantos y tantos partidos vividos esta temporada. Ese que habla de dudas, fallos garrafales en defensa, incapacidad para sujetar un marcador favorable y, sobre todo, la desesperante falta de patrón de juego que evite esa permanente sensación de constante improvisacion.

Fue un partido sin Víctor Fernández (el primero), pero con los mismos defectos que con Víctor Fernández. En definitiva, acabó imponiéndose la lógica, porque Garitano acaba de llegar, solo ha podido dirigir un entrenamiento y el equipo, a pesar de sus primeros y leves retoques tácticos, todavía está impregnado de los vicios de los últimos meses. El vasco tiene motivos para estar asustado en la intimidad. Cualquiera lo estaría viendo lo que anoche se repitió por enésima vez en este curso.

La película fue la de casi siempre. El Zaragoza se adelantó enseguida en el tanteador con un gol de Oliveira. Pudo marcar el 0-2 en un error garrafal del brasileño en el minuto 12 cuando, tras regatear al guardameta local, pudo disparar y no lo hizo a puerta vacía. Y, tras marchársele el gas de forma repentina al cuadro blanquillo (ayer de azul por primera vez, estrenando el tercer uniforme), el Racing remontó en apenas 9 minutos con dos goles de cabeza, el segundo a balón parado. ¿A que les suena?.

Diogo, como se adivinó el martes, fue extirpado de salida de su puesto de lateral y jugó de centrocampista, con Chus Herrero cubriéndole las espaldas. Fue el cambio más llamativo del nuevo míster, que no surtió demasiados efectos positivos de entrada. El otro, que Óscar volvió a la titularidad en la banda en lugar de Sergio García, ayer suplente.

Garitano, siempre de pie, no paró de hablar y dar órdenes. Llamó a Sergio Fernández, reclamó a la banda a Óscar mientras se atendía a Paredes de un golpe. Cada pausa era usada por el novato técnico a modo de tiempo muerto en baloncesto. Pero eso, en fútbol, no sirve. Los cambios deberán llegar desde los entrenamientos, esos que aún no se han producido apenas.

El adiós a la Copa es harto doloroso para Agapito (volvió a viajar de nuevo) y Bandrés. Es el segundo fiasco grave en las aspiraciones de este magno Zaragoza que se presentó y se auguró durante el pasado verano.

Y es un adiós estruendoso, con una goleada definitoria, por el fondo y las formas que la compusieron, de lo bajo que ha caído la solvencia de este grupo de buenos futbolistas mal amalgamados hasta hoy. A Garitano, como se vio ayer, todo le ha venido muy de corrido. La duda es ahora existencial: ¿Podrá el vasco reconducir la peligrosa situación?
Publicado por Desconocido @ 8:04  | Real Zaragoza
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