lunes, 28 de enero de 2008
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El Zaragoza con intenciones más herméticas deja escapar la victoria por su inocencia defensiva.

Después de 21 jornadas, nadie sabe a qué juega o no juega el Real Zaragoza. Está claro que su intención es salvarse lo antes posible del descenso y bajar el telón para que no sean diana de una lluvia de lechugas, tomates y otras verduras de raíz crítica cuyo lanzamiento sobre los actores y los responsables de la obra simboliza la decepción del público por la pobreza del espectáculo. Anunció el club en verano un equipo refrescante, de sabor ofensivo y de objetivos ambiciosos. Transcurridos seis meses y tres entrenadores, el conjunto aragonés se sometió con escaso éxito ayer en Santander a una nueva cirugía para borrarse de su rostro impersonal algunas de las cicatrices tácticas que han acabado con sus burbujeantes intenciones. Logró un punto bueno para la permanencia, pero regresó a sus peores defectos defensivos y encima en ataque, asignatura en la que es un alumno aventajado, apenas susurró un par de disparos en todo el partido.

Con Garitano hubo un acercamiento al equilibrio que Víctor Fernández nunca halló, pero Ander se fue a la semana de llegar por motivos personales y con su secreto parece haberse llevado también la fórmula de la mejoría. Irureta, forzado por una herencia de deudas y por su prudencia natural, se ha ido a la otra punta: ha vuelto a levantar el muro de Berlín sin ningún rubor no porque sea de su gusto, sino porque el Real Zaragoza es el equipo más desprotegido del mundo. El problema es que el técnico vasco ha descubierto pronto que por muchos ladrillos o cemento que ponga en la alineación, una hormiga con artritis puede marcarle con la pierna mala un gol a César. Luchar contra ese defecto de fábrica parece ya una misión imposible.

El Real Zaragoza es una marioneta mareada, y Jabo, en su debut, le dio otro giro al cuello del muñeco en El Sardinero. Metió a Gabi por Sergio García para alicatar el centro del campo. Prescindió del futbolista más en forma junto a Diego por un jugador de acompañamiento y no ganó en el cambio, como era lógico. Ahora mismo es como intercambiar la reina por un peón. El seguro a todo riesgo que contrató Jabo saltó por los aires a los tres minutos. Un balón a la espalda de Juanfran permitió a Iván Bolado fusilar a César Sánchez. El error colectivo fue monumental: ni Óscar frenó a Sergio Sánchez en su subida, ni el lateral cerró la linea de pase, ni Pavón salió al cruce... Y a César se le metió el balón por el palo que debía cubrir.

La última acción del encuentro, cuando el Real Zaragoza tenia la segunda victoria de la temporada en sus manos por esos caprichos del destino y de su majestad Diego, quien volvió a golear y dio la asistencia a Celades para poner en ventaja al equipo aragonés, es de las inadmisibles en el profesionalismo y en un partido improvisado en cualquier callejón del planeta. Todo el mundo dio la espalda al saque de un córner, Sergio Sánchez, lateral derecho, entró por la puerta principal de la guardería infantil y su disparo, defectuoso, fue aprovechado por Tchité para establecer la igualada.

Ese par de de fallos --y muchos defectos más-- destrozaron el hermetismo que pretendía imponer el entrenador ante un Racing de galerna, un rival que nunca mereció la derrota aun víctima de la laguna física que sufrió en la segunda parte. Son fuertes los cántabros, pero el éxito que viven en Liga y Copa les pasa una razonable factura. En su impetuoso arranque pudieron sentenciar el choque porque el Real Zaragoza, dulce, rocoso o metálico, es un mar de dudas a la mínima ola que vea venir. El tanto de Iván Bolado se le atragantó y estuvo media parte sin oxígeno. Muerte cerebral ponía en el parte médico.


ERROR DE COLTORTI Cosas del fútbol. No había una razón para la esperanza ni Irureta estaba dispuesto a ser un poco más flexible en la búsqueda de soluciones. Un tiro de falta de Luccin se le escapó a Coltorti y Diego recogió con acierto el rechace. Entonces sí hubo un espacio por donde entró la luz y el propio Pichichi, quien se dirigió solo hacia Coltorti con todo a favor. Pensó tanto en ese viaje que César Navas vino por detrás y le rebañó la pelota.

En pleno sofocón local, Zapater, espectacular tras el descanso, se apoderó de la sala de máquinas. Irureta dio el punto por excelente, retiró a dos desafortunados Gabi y Óscar y puso a Paredes y Celades de interiores para amarrar el positivo (¡uy! el punto). Pero al técnico le salió el tiro por la culata. De la espesura nació una combinación directa y precisa entre Oliveira y Diego que acabó con Celades burlando de cabeza a Coltorti y haciendo el 1-2 con una suprema calidad. Otra vez la pegada acudía al rescate.

Solo era aguantar unos minutitos. Guardar la posición, el orden y poco más frente al arreón terminal del enemigo, lanzado y valiente en busca de un marcador menos cruel. Los tornillos, sin embargo, se desaflojaron en cadena. El Zaragoza, que ya era un puro ejército de supuesta contención, volvió a su ingenuidad en el último córner. En lugar de defenderlo con todo el hierro que llevaba encima, lo hizo con el chupete. Menudo berrinche en la guardería que Irureta quiere convertir en el acorazado Potemkin.
Publicado por MartinHernandez @ 10:22  | Real Zaragoza
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