Un Zaragoza de fea estética y escaso fútbol, pero que mandó en las áreas, vence al Athletic con gol de Oliveira. Una vez más, el delantero brasileño, Diego Milito y Sergio García fueron lo mejor del conjunto aragonés. La mano del técnico vasco comienza a apreciarse. Ayer, el equipo supo defender la ventaja adquirida.
El partido fue un ejemplo de cultura del pelotazo, muy de moda en los despachos de Urbanismo y en los equipos en los que el miedo ha entrado por la puerta, haciendo que el fútbol saltase por la ventana. Dígase Zaragoza o Athletic. Pero hay pelotazos y pelotazos. Los hubo para el contraataque, decisivos; los hubo al larguero (de Milito y Sergio García) y los hubo al área y sus alrededores... Si ganó el Zaragoza fue por el peso de lo obvio: tiene tres delanteros fantásticos, mientras el Athletic busca a uno.
Recurramos al génesis. En la larga noche de los tiempos, y ayer en La Romareda, primero fue el pelotazo original: el protopelotazo o gorrazo. A falta de gobierno en el medio, la organización recayó en los defensas y el partido se hizo incomestible. Si bien no entretuvo a casi nadie, la muestra de fútbol rudimentario sí que sirvió para constatar que entre los zagueros conviven al menos dos clases de individuos: los que tienen un ladrillo en los pies y los que tienen un ladrillo en las manos. Mientras Amorebieta o Aitor Ocio le templaban balones a Aduriz, Juanfran y Sergio destemplaron otros revoleándolos a cualquier lado. Hubo más fuego aéreo que en la batalla de Inglaterra.
Sin embargo, siempre hay quien vive de la abstracción o el feísmo. Sergio se ganó el sobresaliente descolgando balones, cuando el Athletic quiso encontrar el empate en algún punto impreciso de los 193 centímetros de Llorente. Esa simplificación no lo llevó al gol, pero le bastó para acogotar a un Zaragoza menguante. La escena denuncia el gelatinoso estado del Zaragoza y la quiebra del Athletic, incapaz de abrir con la pelota caminos que le agregasen contenido a su asedio territorial. El balón sólo conoció una cierta calma redentora cuando lo manejó Yeste. El sutil zurdo amenazó con un disparo abajo que contuvo César y reventó una falta en el muro encalado de blanco y azul. Yeste construyó cuanto pudo, pero fueron castillos en el aire.
El partido pareció siempre más hecho para defensas con puño de hierro, tipo Ayala y Diogo. Pero sería el uruguayo -futbolista con registros diversos- el que introdujo el modelo diferencial de pelotazo. La decisiva acción del minuto 27 convocó a los tres fantásticos del Zaragoza y tuvo a Diego Milito por autor intelectual. El Príncipe tiró un desmarque y Diogo lo rellenó con un pelotazo largo. El delicado centro del argentino lo terminó Oliveira.