
Se llama Pedro Barcía Fernández y desde ayer es, maldita la gracia, el nuevo Rafa Guerrero. Se trata de uno de los asistentes de Bernardino González Vázquez, que, si quiere progresar en esto, debería solicitar inmediatamente el cambio de acompañante. Porque el tal Barcía decidió salir del anonimato convirtiéndose en el gran protagonista de un Zaragoza-Barcelona, como lo hiciera el célebre Rafa aquel septiembre del 96. Si entonces Guerrero la lió decretando penalti y expulsión de Aguado cuando el implicado era Solana y esa decisión fue crucial para el triunfo del Barcelona, ayer, ‘Pedrete’ eligió a Juanfran como acompañante para la posteridad. A falta de ocho minutos para el final, ‘Pedrete’ le chivó a Bernardino un penalti inventado por supuesta mano del lateral zaragocista, al que el balón le había golpeado en el hombro. Como hace más de once años, la jugada fue determinante para la victoria azulgrana y, por consiguiente, la derrota zaragocista.
Dolió porque no era justo. Dolió tanto porque el Zaragoza no mereció tamaño castigo. Y dolió por repetido. Porque lo de ayer suena a lo de siempre. O peor. Y es que, ya en la primera parte, Barcía había guiñado el ojo al Barcelona al dar validez al gol de Henry cuando el francés sí se había ayudado del brazo para controlar el balón. Para ‘Pedrete’, el brazo en el área no es punible y sí el hombro, dependiendo del color de la camiseta. Pedro Barcía cumple su segunda temporada en Primera División y es internacional desde hace dos meses. Así va el fútbol. Así nos va.
Por obra y arte de Barcía Fernández, el Zaragoza perdió ayer ante el Barcelona, que no ganó, diga lo que diga el marcador. Porque el equipo aragonés fue mejor que el azulgrana en una segunda parte en la que los de Irureta se soltaron el corsé y dieron rienda suelta al entusiasmo. Quizá el partido ofrezca dos conclusiones: que el Zaragoza perdió por un arbitraje calamitoso y tendencioso y que este equipo rinde más y ofrece mejores resultados cuando se despreocupa del rigor y se ocupa más de sí mismo.
Irureta esperó hasta última hora para decidir el once y dárselo a conocer a sus jugadores. Aguardó el técnico, quizá, hasta que tuvo conocimiento de la alineación inicial del Barcelona y, cuando supo que Iniesta se quedaba fuera, repasó su elección inicial de Óscar como acompañante más cercano a Diego. La ausencia de uno de los dos ‘pequeños’ que, en palabras del propio Irureta, son los que llevan el peso del juego del Barça, no obligaba al sacrificio máximo a la hora de presionar la salida del balón.
Sergio García disfrutó de la primera gran ocasión del partido cuando apenas se habían recorrido los primeros seis minutos. El catalán estuvo a punto de lograr el primer gol de su vida ante el Barcelona, pero apuntó demasiado alto en una posición inmejorable tras buena jugada de Oliveira. El Zaragoza era solidario en las ayudas –sobre todo cuando recibía Messi– y veloz al contragolpe, dos requisitos indispensables para amargarle la vida al Barça, que, lógicamente, tenía el balón, espoleado por la derrota del Real Madrid ante el Betis y la posibilidad de recortar puntos con el líder.
Giovani se estrelló en César y, poco después, Diego Milito comenzó a presagiar que no iba a ser su día al comprobar cómo un buen disparo salía pegado al poste por centímetros. El que no falló fue Henry, hasta entonces inédito, superada la media hora, El francés marcó a bocajarro tras gran centro de Deco y error en la marca de Sergio Fernández. Henry se había ayudado de la mano para controlar, pero Pedro Barcía no quiso saber nada.
En medio de la depresión, Oliveira convirtió un gran servicio de Luccin en un claro penalti por falta de Márquez al borde del descanso. Diego golpeó mal y envió el balón al limbo. Tenía que ser ayer. No era el día de Diego, que volvería a fallar poco después una gran ocasión –primero con la cabeza y luego con la derecha–. No estaba Diego, pero sí García y Oliveira, que fabricaron el empate en una de las suyas que acabó con certero disparo del brasileño. El gol agigantó al Zaragoza, que fue muy superior a un Barça triste. Sergio pudo marcar y también García. Olía a remontada, pero entonces Barcía decidió pasar a la historia. Marcó Ronaldinho, pero el gol no fue suyo.