
Que veinte años...
Manolo Villanova se estrenó dos décadas después con el equipo de su vida logrando su principal objetivo: se apreció orden, intención por jugar con un patrón determinado. Ya lo creo que se vio. El problema fue que, enfrente, había un rival de envergadura que no dio respiro y ofreció dura pelea en todas las líneas, sobre todo en la de creación. La pugna entre Matuzalem (muy enchufado), Óscar, Luccin, Gabi y Diogo (que se incorporó más que en toda la temporada a zonas adelantadas) por un lado, y Cléber Santana, Raúl García, Simao y Maxi por otro, fue de alto voltaje en una corta franja de 20 metros a ambos lados de la raya divisoria del campo. Fue un choque viril, de los de verdad. Pero también con brotes de clase, con destellos de buen fútbol por ambos bandos. Un ir y venir constante, de vértigo.Una gran noche
El ambiente era el de las grandes noches. Con la gente volcada con el Zaragoza, olvidando los desastres de Sevilla y Valencia, el caos de temporada que están viviendo y centrándose solo en salvar a su equipo como sea del desastre del descenso.Un error
La fortuna, que otras veces ha sido esquiva, anoche pareció querer jugar a favor del que más lo necesitaba para sobrevivir. De ese hipotético 0-2 que falló el Kun, se pasó de inmediato a un afortunadísimo 1-1 gracias a un error en el despeje del internacional Pablo Ibáñez (un desastre toda la noche) que metió en su portería una falta lateral sacada por Gabi.