
La quinta plaza de la Liga Asobal se pone cara. Parecía asequible para el CAI Aragón. Ganando ayer al BM Valladolid, la habría atrapado, y habría podido invertir las fuerzas que le restan en esa Copa EHF que tanto le gusta y esa Copa del Rey que va a disputar como local. El problema es que ayer perdió. Los pucelanos ahora quedan a tan solo un punto. El equipo naranja ya no podrá ahorrar energías en la Liga y utilizarlas donde tanto las necesita: en los torneos coperos, donde verdaderamente tiene opción a ganar algún título. Si pretende atrapar la quinta plaza, ya no se podrá permitir ni un error más.
El BM Valladolid apretó la Liga y le recordó al CAI Aragón que puede pagar muy caros los descuidos. Por encima de estas obviedades, subrayó los síntomas de debilidad que ya mostró el conjunto naranja en Éibar. Sin defensa, sin ideas, sin alma, resulta imposible ganar. Mucho menos a un bloque serio, bien construido, robusto en todos sus flancos, como se mostró el conjunto pucelano. A Juan Carlos Pastor le ha costado edificar el equipo, pero ayer dejó muy claro que lo ha conseguido, que el Valladolid llega al momento procesal de la temporada con todas las opciones a la Recopa y a la Copa del Rey.
La lectura del encuentro por parte del CAI Aragón es la opuesta. Apenas unos días después de la demostración de casta y buen juego ofrecida ante el Chambery, el conjunto aragonés parece desorientado, diluido. Se impone una reacción inmediata. Ha costado demasiado llegar a esta altura como para tirarlo todo ahora. Solo queda ganar a domicilio en Algeciras y Granollers, y echarle lo que hay que echarle para tumbar al Nordhorn. Por encima de tácticas, el asunto es de capacidad volitiva, de querer. Poder, han demostrado que pueden.
La lesión en el hombro de Toño Cartón le dolió a todo el CAI Aragón. Esta evidencia con formato de pareado dejó manco al conjunto aragonés, que jugó sin extremo zurdo durante toda la noche. Los males no se localizaron solo en la esquina. El estado carencial de la defensa alcanza cotas alarmantes. Se volvieron a encajar 20 goles en una primera mitad jugada a toda velocidad, sin pausa, al ritmo que interesaba a los pucelanos.
Kosovac casi cambió más veces de portero que de primeras líneas. Vatne apenas participó unos minutitos, y Krivokapic y Víctor Álvarez ni llegaron a saltar a la pista: indicadores alarmantes del estado de la cosas en el CAI Aragón en el instante en que se está jugando la temporada. Lo mejor fue el regreso de Doder, que tras no aportar nada en los anteriores encuentros, ayer sí enseñó el látigo de verdad. Los pivotes también sumaron, aunque la adición en ningún momento se aproximó a las muchas virtudes que almacenó el Valladolid para sacar adelante el partido.
La semifinal de la Copa EHF está a la vuelta de la esquina; y la Copa del Rey, a la vuelta de dos semanas. Se ha remado demasiado como para morir en la orilla. La gloria sigue estando ahí, en nuestras mismas narices. Aunque las agujetas sean sensibles, dejar de remar sería imperdonable.