lunes, 31 de marzo de 2008
                         

Zapater adelantó a los aragoneses, pero el equipo se volvió a dejar remontar un partido ofreciendo su peor cara. Lizondo Cortés anuló un gol legal a Sergio García.

El Real Zaragoza volvió a sumar otra decepción más esta temporada. Una más. No es nada nuevo. Queda poco que esperar de este equipo. El paso atrás dado en Valladolid va mucho más allá de la derrota. El equipo está torcido y no lo endereza nadie, ni Manolo Villanova. Volvió a haber desidia y mala imagen. Síntomas de descomposición propios de equipos que descienden. Al Zaragoza no lo empuja nadie hacia el abismo, camina él sólo hacia allí. Lo visto en Zorrilla sirve de resumen y explicación para cualquiera que pregunte por la situación de este equipo. No mereció ganar y no ganó porque para eso hace falta poner muchas más cosas en un partido. La defensa volvió a hacer aguas y el estado de algunos jugadores deja mucho que desear. Síntomas de descenso.

La tarde se inició desapacible y el fútbol del Zaragoza no desentonó con el clima en los primeros veinte minutos del partido. El sorteo de campos permitió elegir el viento a favor para los locales y esta circunstancia unida a la intensidad del Valladolid y a la empanada aragonesa dibujó un comienzo de encuentro jugado en el campo zaragocista y muy cerca del área de César. El empuje pucelano no se traducía tampoco en ocasiones clarísimas de gol, pero el balón merodeaba peligroso por la retaguardia del equipo de Villanova. Las pocas ocasiones que tenía el Zaragoza de recuperar el balón se quedaban en acciones imposibles y no se auguraba una pronta reacción vital para huir del descenso.

Sin embargo, el fútbol es caprichoso y el potencial ofensivo del equipo aragonés hace gala de su fama en algunas ocasiones. La primera combinación del Zaragoza la inició Óscar habilitando a Milito en el área. El argentino asistió a Oliveira y el disparo franco del brasileño se marchó demasiado cruzado. Primer aviso y último. En la segunda jugada elaborada, Óscar mandó otro caramelo, esta vez a Valero, quien endulzó aún más la golosina en forma de centro medido a lo Figo para Diego Milito. El ariete sirvió a Zapater para que éste metiera todo su orgullo aragonés en su remate para convertir el uno a cero. Las dos caras nuevas en el centro del campo protagonizaron la jugada del gol. Se consolidaba el plan C de Villanova, el Valladolid se vino abajo y el partido le volvió a dar la cara al Zaragoza.

La tarde ya no era tan desapacible y el fútbol de los aragoneses tampoco. Sólo había que evitar errores propios, misión imposible en un equipo que no ha sabido rentabilizar sus resultados y que sufre muchas inseguridades en la zaga. Llorente perdonó la igualada al filo del descanso y los de Villanova ganaban la caseta con un marcador favorable y con el susto metido en el cuerpo.

Pero el fútbol del Zaragoza era tan variable como el tiempo y salió del vestuario con su peor cara. El Valladolid aprovechó la versión más habitual de los aragoneses para forzar un penalti que significó el empate. Llorente, que quizás sepa que al Zaragoza le pitan penaltis con facilidad, aprovechó un leve contacto para dejarse caer y Lizondo lo señaló. Víctor lo convirtió y noqueó todavía más a un equipo que ya estaba de por sí bastante fuera del partido.

Sin mucho más, sin grandes alardes, el Valladolid se adueñó del balón y demostró que, de los dos contrincantes, era el que más ganas tenía de quedarse en Primera. Se veía venir la remontada, la perdonó Sesma en primera instancia y García Calvo en segunda. Pero la descomposición zaragocista era tan grave que Llorente volvió a tener otra oportunidad y no la desaprovechó. La parroquia local no se lo creía y el propio Valladolid se echó atrás guardando celosamente su premio. No querían rematar a un rival que ya estaba tirado en el suelo agonizando.

El miedo de los pucelanos sirvió al menos para que el Zaragoza tuviera un par de ocasiones para empatar. La más clara fue para Sergio García en la prolongación. El catalán marcó, pero Lizondo Cortés anuló el tanto por un fuera de juego inexistente. Otra vez el árbitro restó puntos al Zaragoza. Pasó ante el Barcelona y ante el Villarreal. Pero es lo de menos. La moraleja es repetitiva: jugando así, la Segunda está muy cerca. Ahora ganan los que lo merecen y el Zaragoza no mereció nada.


Publicado por Desconocido @ 13:06  | Real Zaragoza
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