lunes, 07 de abril de 2008
                           

Los aragoneses se jugaban la vida frente al Betis y a los dieciséis minutos ya perdían por dos goles. La falta de actitud y voluntad de ganar condenó a un equipo muerto.

Zaragocistas, este equipo va directo a Segunda División. Es la única conclusión que dejó la goleada del Betis en La Romareda. De qué sirve apelar a la afición, pedir la ayuda de todos, tapar los problemas en el seno del vestuario, mirar hacia otro lado en lugar de analizar por qué el equipo no se reforzó en invierno, preguntarse qué sucedió realmente con la dimisión de Ander Garitano, por qué hay lesiones que tardan en curarse más de lo normal... Podríamos seguir y seguir, pero la crónica es para contar el partido. De qué sirve si luego van los jugadores, únicos responsables de la derrota de ayer, y hacen el ridículo sobre el terreno de juego. El Real Zaragoza se jugaba la vida frente al Betis y a los quince minutos ya perdía por dos goles. ¡A los quince minutos! Ni orgullo, ni casta, ni carácter, ni nada. Hablar es fácil, pero parece que jugar al fútbol no lo es tanto. Esto es lo que hizo ayer el equipo: nada de nada. Los aragoneses siguen dependiendo de sí mismos para evitar el descenso, pero jugando así, sin actitud y sin ganas, es imposible pensar que este Real Zaragoza pueda sumar tres puntos de vez.

¿Qué contar de la primera parte? Increíble. El Zaragoza disputaba una final y resulta que fue un equipo sin alma e incapaz de apelar al orgullo para intentar –qué menos se puede pedir– buscar la victoria. El Betis pegó primero y ahí acabó la historia. El Zaragoza no supo reaccionar, por no decir que no quiso. El balón quemaba en las botas de los jugadores y sólo Matuzalem hizo acto de presencia. El resto de sus compañeros le buscaban exclusivamente a él, como si su solitaria cruzada pudiese cambiar la suerte de un partido horrible. Todo lo que intentó el Zaragoza llevó la firma del brasileño. Todo. Porque el resto de acciones algo destacadas fueron lanzamientos lejanos de Sergio García y alguna pelota colgada a la cabeza de Diego Milito.

El Betis puso todo su arsenal sobre el césped y el experimentó funcionó. Paco Chaparro alineó a Mark González, Sobis, Edú y Pavone. Vamos, que no se guardó nada. El resultado fue inmejorable para sus intereses. Al cuarto de hora ya ganaba 0-2 porque el chileno se inventó sus dos goles. En el primero superó a un pasivo Diogo como quiso y marcó de cabeza, mientras que en el segundo sacó los colores de todo el sistema defensivo. Cogió el balón en el centro del campo y fue sorteando rivales hasta que superó a un desesperado César Sánchez.

Y el Zaragoza, ¿qué hizo? Nada. Absolutamente nada. Los andaluces se replegaron para defender al meta Casto y salir a la contra con intención. El equipo de Manolo Villanova tocaba y tocaba sin crear ocasiones de gol, por lo que el técnico optó por meter más pegada y reclamó para la causa a Pablo Aimar. El ‘Cai’ sustituyó a Luccin, aunque apenas entró en juego hasta el descanso.

La tarde iba de preguntas sin respuesta. ¿Qué se habló en el vestuario? ¿Cómo iba a intentar reaccionar un equipo humillado que parecía haber arrojado la toalla? Sólo hicieron falta unos minutos para comprobar que el guión no iba a cambiar. ¿Cómo ganar un partido sin rematar a puerta con intención? Es imposible, por lo que el resto de la historia es muy fácil de contar. Es duro, sí, pero es así: el Zaragoza sólo disparó con intención entre los tres palos una vez. Lo hizo Matuzalem, pero Casto desvió el balón a saque de esquina.

Pavone dio la puntilla con el tercer gol de la tarde en una acción a la contra. El tanque argentino envió de cabeza el balón al fondo de la red y se acabó el partido. El Zaragoza bajó definitivamente los brazos y los minutos fueron cayendo conforme aumentaba la indignación de los aficionados locales. De nada sirvió la entrada en escena de Ricardo Oliveira. El mal ya estaba hecho. Y muy poco más que contar. El equipo tiene siete partidos por delante para salir de la dinámica negativa en la que ha entrado. El primer punto de la reacción pasa por cambiar la actitud y demostrar que realmente es posible soñar con la permanencia. Si la historia vuelve a repetirse, el Zaragoza acabará la temporada en Segunda División. El Betis se plantó en La Romareda con la intención de ganar y lo consiguió. A ver si alguno toma ejemplo.


Publicado por MartinHernandez @ 7:51  | Real Zaragoza
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios