
La Copa del Rey de Zaragoza no pudo llegar en peor momento para el CAI Aragón. Se habían depositado muchas esperanzas en este torneo, pero ayer el equipo aragonés no pudo estar a la altura y dijo adiós a las primeras de cambio. Que vaya por delante que se dejó la piel, el alma y el corazón en el intento, pero este equipo ha perdido esa chispa que le llevó hace poco meses con estar entre los cuatro mejores conjuntos de la Asobal. Ayer el orgullo y el amor propio no fueron suficientes para vencer al Barcelona.
El equipo aragonés comenzó el choque muy centrando y sabiendo lo mucho que se jugaba en él. La defensa naranja empezó de notable y quedó muy claro en esos minutos que Sorrentino, Prendes y Vatne han de estar casi siempre defendiendo en cancha. Lástima que Lapajne volviera a no tener el día.
El CAI Aragón comandó el marcador en los cinco primeros minutos de partido (3-2), luego le tocó ir a remolque durante el resto del encuentro. Un parcial de 0-5 devolvió a los jugadores aragoneses a la más cruda realidad. A los once minutos de juego, el equipo catalán ya ganaba por cinco tantos (5-10). Los hombres de Kosovac apretaron los dientes y consiguieron reducir la desventaja (10-12) pero desgraciadamente fue un espejismo.
Las semifinales empezaban a nublarse porque el CAI era incapaz de aprovechar sus superioridades numéricas y porque las pérdidas, otra vez, estaban a la orden del día en las filas del conjunto zaragozano. El equipo lo intentaba, pero no le salía nada.
Entre pérdidas y más pérdidas, el Barcelona logró irse al descanso otra vez con cinco goles a su favor (15-20). Veinte goles en contra, son muchos goles si quieres un partido ante el FC Barcelona.
En la reaunudación el panorama no cambió. El Barcelona siguió goleando fácil; con jugadores como Demetrio Lozano, Nagy o los extremos Juanín y Rocas siempre es más sencillo. En el minuto once del segundo tiempo los visitantes iban ya siete arriba (19-26). La cosa se ponía muy fea, pero el CAI se puso el mono de trabajo y a punto estuvo de darle la vuelta a un partido que tenía ya perdido.
A falta de diez minuto, los aragoneses perdían 29-33. Pero de repente algo se encendió en sus mentes. Había que morir con la botas puestas. Carlos Prendes, en el lanzamiento de su vida, tuvo en sus manos el empate a 34 pero Losert, un viejo conocido, le paró el tiro.
Quedaba tiempo y la posibilidad de empatar con dos jugadores menos, pero el CAI volvió a cometer el error de no saber jugar en superioridad y de perder los balones más importantes. Al final el Barcelona se metió en semifinales tras ganar por 34-37.
Ahora no queda otra que ver la Copa con otros ojos. Los de un mero espectador.