domingo, 04 de mayo de 2008

                              
 
El Zaragoza gana en el último suspiro, sale del descenso para depender de sí mismo y ver la salvación más cerca. En uno de los mejores partidos de la temporada y con una afición increíble el gol llegó con la última jugada del partido y de la manera mas tonta posible. Seguimos en la lucha, seguimos vivos.

Hay momentos que valen toda una vida. El gol de Ayala es uno de ellos. Su tanto, que provocó el mayor delirio del zaragocismo en la historia reciente, es vitalidad en estado puro para un Zaragoza que creyó en sí mismo, que puso fe y ganas y que fue conducido por una grada fiel y entregada, a la altura de las mejores aficiones del mundo. No, a la altura, no, la mejor, con un comportamiento ejemplar en esta temporada: lleno tras lleno en La Romareda y viajes masivos a domicilio. La recompensa merecida de ese gol supuso que el equipo aragonés saliera del descenso, ya que pasó de una tacada a Recre, que salió goleado del Calderón, y a Osasuna, a los que aventaja en un punto. Así, vuelve a depender de sí mismo y recibe un empujón anímico que puede y debe valer una permanencia. El paso de anoche fue gigantesco para lograrlo. Sí, queda mucho por sufrir en tres jornadas --las cuentas hablan de cuatro puntos más--, pero ya nada puede ser igual. Ni debe, ni lo será.

La consecuencia pragmática del triunfo, por encima de las intensas emociones que supuso, es que el Zaragoza vuelve a estar fuera de la última plaza de descenso que queda por asignar. Es decir, que ya no tiene que mirar a los demás, aunque lo hará. La tarde fue propicia desde el inicio, porque el Recre cayó con justicia en el Calderón ante un Atlético liderado por un aragonés, Ignacio Camacho, que marcó dos goles. Fue toda una premonición...

INTENSA TARDE. Porque el Zaragoza mereció esa victoria. Por fe, por intensidad, por una apuesta ofensiva que funcionó bien salvo a la hora de encontrar el gol, por Sergio García, por la insistencia en fallar dianas de Oliveira, por el derroche de Zapater, por el coraje de Milito... Y, sobre todo, por su gente, la que cantó hasta la saciedad el himno, la que alentó, la que empujó sin desmayo. El premio tenía que llegar y llegó. El equipo escapa del descenso, adonde entra Osasuna --que juega hoy--, y tiene tres jornadas, ante Valencia y Mallorca fuera y Madrid en casa, para hacer posible una permanencia que se ve mucho más cerca.

Pero el sufrimiento no se detiene, ni previsiblemente lo hará hasta el 18 de mayo en Palma, aunque ojalá pueda ser antes, si el Zaragoza es capaz de prolongar esta agónica victoria contra el Valencia y el Madrid esta semana. A pesar de los tres puntos, el equipo aragonés vivirá una tarde dominical intensa, porque el margen es tan estrecho que cuantos más resultados sean propicios, mejor. De primer plato, un Villarreal-Getafe y un Sevilla-Valladolid en los que interesan victorias locales, sobre todo en El Madrigal, porque así obligará al Madrid a necesitar el triunfo en Pamplona, en el postre del menú dominical zaragocista, para cantar el alirón. Un equipo blanco que salte al Reyno de Navarra como campeón no sería una buena noticia para los chicos de Manolo Villanova.

Y también la mirada estará en el Camp Nou, el segundo plato de la tarde. El Valencia, próximo rival en Liga, se la juega ante un Barcelona con la mente puesta ya en la próxima temporada, salvo por el segundo puesto liguero. En esa lucha le interesa al Zaragoza que los azulgrana aprieten al Villarreal, que visita el miércoles El Nuevo Colombino, aunque tampoco vendría mal llegar a Mestalla con el Valencia ya salvado si hoy gana en feudo culé. Sí, muchas cábalas y el alma en vilo, aunque al menos el equipo se acostó anoche fuera del Infierno y con un gol que vale una vida.


Publicado por MartinHernandez @ 12:28  | Real Zaragoza
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