
El Zaragoza se instaló ayer en zona de ascenso a expensas de lo que suceda hoy con el resto de la jornada. Una buena noticia. Y tiene una pegada magnífica, mejor que la del resto de clubs de Segunda. Otro motivo para el alborozo, al margen de haber ganado los tres últimos partidos en casa, ya que la solvencia en su feudo es vital para subir. Ayer, además, aderezó eso con rapidez a la contra y cierta agilidad en la presión, sobre todo en la primera parte, para que Marcelino también pueda ver con satisfacción cómo su libreto va cuajando. Sin embargo, el técnico no debe descorchar ninguna botella de champán, por mucho que la ciudad apure los últimos días de sus fiestas del Pilar, porque el equipo ofrece preocupantes dudas y lagunas, sobre todo en su faceta defensiva. Contra un Alavés ingenuo hasta la médula y con diez toda la segunda mitad recibió dos goles y en muchos momentos estuvo perdido y con una marcada imagen de inseguridad y desgobierno.
Así es este Zaragoza de Marcelino. Un equipo bipolar, con una demoledora capacidad arriba que es un salvoconducto hacia el ascenso y con una extravagante cualidad por facilitar las cosas a cualquier enemigo. Esta vez construyó la victoria en tres pilares. Oliveira fue el ejecutor, Jorge López, el cerebro y Braulio, el arma más peligrosa en ataque de un equipo que vive en el filo porque aún le queda un margen tremendo de mejora. Le falta ser un bloque. Está casi en pañales en ese aspecto, pero vive de su potencial arriba. Aunque no vive demasiado bien, también hay que decirlo. Ayer no estaba Ewerthon, pero Oliveira firmó dos dianas, las dos primeras, aprovechando el buen trabajo de Braulio y la velocidad en las transiciones ataque. El canario sacó oro de una indecisión de Caneda y de una gran apertura de Jorge López para ponerle dos balones en bandeja a Oli, que no es de los que tira a la basura los regalos. Ya suma cuatro dianas en esta Liga, como Ewerthon.
Con 22 minutos cualquier equipo hubiera sacado partido de un Alavés aseado con el balón, pero pobre e indeciso atrás. El Zaragoza, no. El equipo de Marcelino se metió de lleno en la fiesta, casi en el circo, y concedió un gol a Garitano tras una jugada a balón parado en la que la defensa hizo la estatua mientras Javi Guerra habilitaba al centrocampista, que fusiló a López Vallejo.
Todos los fantasmas se le aparecieron al conjunto aragonés. Perdido en la medular, donde ni Gabi ni Zapater tomaban el mando, con un Arizmendi nulo y con una defensa cada vez más insegura y un Paredes muy exigido en su carril consiguió exasperar a La Romareda, porque la segunda parte, ante un enemigo con diez por la expulsión de Casar, trajo más dudas y los primeros silbidos.
Una buena acción entre Oliveira, Braulio y Jorge López acabó en el gol del riojano. ¿Hora de cerrar el partido? Ni por asomo. Un error de marcaje de Pulido en un córner dio vida de nuevo al Alavés, en el que Garitano volvió a marcar tras entrar en el área sin que nadie le preguntara adónde iba. Más nervios, más dudas, más descontrol hasta que apareció Caffa en un libre directo magistral para cerrar un partido al que aún pudo llegar un quinto gol, que bien mereció Braulio. Sí, el Zaragoza gana. Sí, está arriba, pero el engranaje sigue chirriando.