domingo, 02 de noviembre de 2008

                   

El Real Zaragoza paga su suficiencia y su fútbol de parvulario ante un rival muy compacto.

Mira que les habías dicho Marcelino a lo largo de toda la semana que tuvieran cuidado, que tras este partido se escondía el lobo, que no se lo tomaran como un bucólico paseo por el bosque porque el Girona es un rival peligroso, astuto y de colmillo largo dentro de su chásis de pequeño depredador. No lo hicieron ni caso al entrenador los muchachos, quienes después de tres victorias consecutivas y ya en la cima de la clasificación optaron por no bajarse del autobús en toda la primera parte, periodo en el que le condenó su suficiencia y una inmadurez defensiva imposible de corregir. Cuando acudieron corriendo al encuentro al menos para empatarlo, se atropellaron sin cabeza, demostrando una vez más que el Real Zaragoza no es un equipo, sino una suma de impulsos aislados que resta homogeneidad al grupo y pone en cuarentena su regreso meteórico a Primera División.

Si actúa como ayer, le espera un tortuoso trayecto de regreso. Además de tomarse a broma la cita, le saltaron las tuercas por todos los costados. Ya no solo fue la línea defensiva la que despidió un tufillo a ineptitud, sino que se le sumaron el centro del campo con Jorge López en la banda y con Jorge López de mariscal, y su delantera atómica, que se quedó sin marcar por primera vez esta temporada. En esa media hora de ausencia colectiva, el Girona tuvo el balón, los espacios, el ritmo adecuado y la pausa necesaria. Compacto, seguro de sí mismo y con todos sus futbolistas en permanente movimiento frente a un adversario oxidado de ideas y juego, el conjunto de Raúl Agné gobernó con fútbol de hierro a la espera de una estocada.

 

PERA EN DULCE Descubrieron los catalanes que Pignol es una pera en dulce y se pusieron a hincarle el diente con descarada insistencia. Por la orilla del francés entraban con indéntica sencillez un alfiler y un elefante. Lo hizo también Gabri peleando hombro con hombro con Pulido, quien desplazó al punta dentro del área con un empujón que mereció de largo la pena máxima. El penalti lo transformó Manga y el Girona se encontró con el partido deseado. Subió aún más su compromiso, su ambición, su presión y la defensa del resultado frente a un contrincante pálido, impreciso incluso en su mejor suerte, la del remate. Caffa tiró para la palomita del portero local, Ponzo, y Jorge López envió un disparo al poste. A Braulio y a Oliveira les buscaron hasta en Google, pero no hubo forma de hallarlos.

Marcelino subió al autobús en el descanso e intentó explicarles de nuevo que nadie gana con el mando a distancia, que en este maratón de 42 jornadas no puedes desfallecer.


Publicado por MartinHernandez @ 10:59  | Real Zaragoza
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