domingo, 16 de noviembre de 2008
                 

El Zaragoza sube sus prestaciones y se atasca ante el gol para firmar un empate insuficiente en Tarragona.

La mejoría no tuvo esta vez premio. El Zaragoza presentó una faz más sólida en Tarragona, mayor intensidad y concentración y, en consecuencia, aumentó sus prestaciones en el Nou Estadi tras los desastres frente al Girona y el Castellón, pero no le alcanzó para ganar, solo para empatar un partido que, como ya es habitual en esta Segunda División, no pasará a la historia del fútbol. Casi ninguno lo hace, de hecho.

El conjunto aragonés se encontró con una falta de pegada, encarnada esta vez en el gran partido del meta Rubén Pérez, que le acecha en las últimas jornadas y que le ha hecho firmar una diana en tres partidos. Ayer se fue sin marcar, aunque lo mereció y fue superior a un Nástic timorato y aguerrido. Sin gol es imposible ganar y el equipo de Marcelino no lo hizo para sumar solo dos de los últimos nueve puntos. Se acostó en zona de ascenso, a falta de lo que suceda hoy, pero con ese bagaje y con un ritmo de 19 de 36 puntos, es imposible subir.

Sorprendió Marcelino con la entrada en el eje de Chus, pero solo con eso. La defensa comenzó dando las consabidas muestras de fragilidad y dudas, aunque no por el lado del canterano, cumplidor ayer, sino por obra de un Ayala todavía sin asentar y de un acelerado Paredes. El Ratón estuvo espeso en la salida de balón y Diop casi lo aprovecha en el primer susto del Nástic. Con todo, el conjunto catalán le cedió la iniciativa a un Zaragoza de mejores hechuras, pero al que le sigue costando una barbaridad generar fútbol. Así, el peligro solo podía llegar desde la dupla brasileña, ayer reunida de nuevo en el once. Ewerthon se mostraba más participativo y Oliveira solo aparecía con cuentagotas y de forma individual, haciendo la guerra por su cuenta,.

La mejoría dio para poco antes del descanso. Arizmendi, con todo a favor y de cabeza, se topó con Rubén Pérez tras un rechace de un defensa en el disparo de Ewerthon y el brasileño se revolvió bien al borde del área para que el balón rozase el palo. Ahí se acabó el bagaje ofensivo zaragocista en la primera mitad, aunque el del Nástic fue aún menor: solo un remate que Antonio Hidalgo tuvo que sacar bajo palos tras un córner. El resto, fue un espectáculo de nivel bajo, muy bajo. Como casi siempre firma este Zaragoza. Como casi siempre sucede en Segunda.

Pero el equipo de Marcelino quiso rebelarse contra su propia mediocridad en el segundo acto, donde firmó los mejores 45 minutos que se le recuerdan a domicilio en bastante tiempo y desde luego en esta temporada. No es que diera para tirar cohetes ni habrá que recurrir a las videotecas, pero el Zaragoza fue claro dominador en muchas fases de este periodo. Más solvente atrás y más intenso en la medular, vivió un pequeño susto por medio de un disparo de Antonio López que no encontró puerta, pero después hizo muchos méritos para ganar. Casi todos.

Arizmendi, tras una buena jugada, Caffa --que siempre da más cuando sale desde el banquillo--, a bocajarro ante Rubén, Oliveira, en acción personal, Jorge López, de cabeza... El Zaragoza debió perforar la meta del Nástic, pero no lo hizo. Eso es lo que queda. Pudo quedar hasta menos, si Gibanel hubiera acertado en una jugada de N´Gal, que salió en los minutos finales para descolocar a la zaga zaragocista. El empate no valía después de dos malas jornadas y no vale diga lo que diga la tabla. Eso es lo objetivo, porque de las mejorías sin premio no se vive en el fútbol.


Publicado por Desconocido @ 11:52  | Real Zaragoza
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