lunes, 01 de diciembre de 2008
                    

El mejor Zaragoza de la temporada explota como equipo sólido y creíble en un espectacular partido.

El Real Zaragoza que buscaba Marcelino con su espíritu de infatigable zahorí entró en erupción en Tenerife, ante un rival valiente y un escenario en llamas que no dejó de arder hasta el último segundo por la sucesión de acontecimientos. En un encuentro apasionante y de vital trascendencia para mirar al futuro de frente, el conjunto aragonés explotó todas las virtudes que han de distinguir a un aspirante fiable al ascenso y además ofreció fútbol de quilates durante muchos minutos, lo que le reclamaba el sector más purista de la afición.

El sacrificio, la presión colectiva y una altísima concentración fueron la base de una victoria que se hizo esperar demasiado y que incluso estuvo en peligro porque el Tenerife también la persiguió con agitada ambición y entusiasta verticalidad. De penalti más que dudoso en el que Ewerthon cayó con histriónica teatralidad ante la salida desesperada de Aragoneses y en el minuto 87 se consiguieron los tres puntos. Hasta ese instante hay una larga historia que contar, un encuentro vibrante entre el corazón desmelenado de los canarios y la cabeza bien amueblada de los aragoneses. A partir de ese gol que firmó el propio brasileño y de la conservación de una actitud laboral en la que nadie escatimó las horas extras de trabajo ni el altruismo defensivo debe consolidar el Real Zaragoza la imagen de gigante que ofreció ayer. Solo en esa línea se ganará la credibilidad absoluta y el regreso a Primera División.

 

SUSTO DE ZAPATER Le costó un cuarto de hora empezar a poner en hora toda la maquinaria que fue desplegando con firmeza durante el resto de la exigente cita. En ese periodo, Zapater fue víctima de la ansiedad en un despeje chato y puso a Nino el gol en las botas, pero a portería vacía eligió el cuerpo de López Vallejo. El susto, sin embargo, cedió su testigo a la catarsis. El Real Zaragoza, precisamente motorizado por Zapater y por un estupendo Gabi, dio un enorme salto cualitativo como bloque. Asfixió al Tenerife en el centro del campo y estiró la soga hasta los centrales de tal forma que Aragoneses se convirtió en el único recurso de los isleños para huir del estrangulamiento creativo al que estaban siendo sometidos.

Desconocido por su contundencia y sintonía atrás, donde Ayala y Chus Herrero cavaron una trinchera casi infranqueable, y una medular de largo recorrido y criterio con la pelota, el Real Zaragoza se entregó una vez más a la búsqueda de Ewerthon y Oliveira bajo un guión más natural, sin los habituales envíos de cartas-bomba. Más preciso que nunca, el Zaragoza acorraló al Tenerife, metido en el confesionario de Sergio Aragoneses, quien libró a los suyos del gol en un remate a bocajarro de Oliveira, pero no de otro inmediato de Arizmendi que puso en ventaja al equipo de Marcelino con un zurdazo de ariete inmisericorde.

Aunque contra el Nástic se había firmado una buena segunda parte y frente al Eibar se había cumplido con una victoria solvente, no parecía el Heliodoro Rodríguez el lugar más adecuado para dar un golpe al estado de las cosas, por lo general aburridas o protocolarias, no exentas de dudas y juego indigesto. Pero el Real Zaragoza maduró como nunca en un campo de gran dificultad, y además fuera de casa, donde se le atragantaba hasta un sorbo de agua.

Tampoco le pudo el pánico pese a que el Tenerife se lanzó a tumba abierta en busca del empate. En la segunda mitad, eso sí, el partido adquirió el confuso y alegre colorido de un parque de atracciones, y hubo un momento en el que el Real Zaragoza, feliz e imprudente quizás por lo a gusto que se hallaba, se perdió en El túnel del amor, en la sana intención de rematar la faena. Un contragolpe de Jorge López fue acompañado en manada por sus compañeros, el centrocampista erró en el pase y se invirtió el ataque con todo el Zaragoza a contrapié. La locura terminó en Nino, que se revolvió con Ayala detrás y marcó por bajo.

López Vallejo, tapado por el argentino, no vio llegar esa bala, pero su estado de gracia le volvió a señalar como un hombre clave en el triunfo y en la escalada del equipo. Cuando el partido se electrificó y pudieron más las emociones de los canarios, el portero congeló los nervios en cada intervención y se jugó músculos y huesos para evitar otra diana de Nino. Vallejo tuvo que ser atendido y alguien le puso una cruz al valor mientras tanto.

Con la estepa libre de peajes, Ewerthon corrió entonces con figura de gacela y mandíbula de pantera. Todos le buscaron y él pidió más, insaciable, veloz y letal como nunca. Le puso la victoria a Oliveira, pero su compatriota lleva tiempo tocando blues delante de la portería como si hubiera perdido toda su fortuna en el casino: solo ante Aragoneses, le tiró a dar. Ewerthon reapareció para fallar, de nuevo a placer, una milimétrica asistencia de Gabi, y en el último suspiro y en una acción casi calcada, dejó para Iker Jiménez el secreto de si Aragoneses, que vio la segunda amarilla, lo derribó o imitó el delantero la inacabable muerte de Peter Sellers en El Guateque.

El Real Zaragoza, no obstante, fue ayer el equipo menos tramposo del mundo. Ganó con la autoridad que otorga el saber que la belleza de la victoria nace en la solidez.


Publicado por MartinHernandez @ 9:53  | Real Zaragoza
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