
Pocas veces un partido se ajusta tanto al guión. El Zaragoza tenía que firmar una victoria convincente para acabar el año en zona de ascenso ante un Alicante muy flojo, con cara de Segunda B y con nueve bajas. La película fue fiel a lo previsto y, además, estuvo rodeada de buenas noticias para el conjunto aragonés. Renació Jorge López, se reencontró con el gol Oliveira, el equipo estuvo ordenado, controló y mandó en la medular, la afición, que completó la entrada más floja del curso, volvió a sonreír y a creer en los suyos y, sobre todo, el Zaragoza va a acabar donde debe el año: entre los tres mejores. Si hoy pierde el Xerez lo hará como segundo a dos puntos del líder y, si no, un escalón más abajo con el parón navideño como escala y con mucho camino por recorrer hacia la élite. Con pasos tan firmes esa senda será una autopista.
El partido resultó, pues, un dulce navideño para el Zaragoza que generó dudas en Balaídos. Marcó tres y perdonó otros cuantos más, labor en la que Oliveira se mostró torpemente efectivo, lo que oscureció su mejoría de ayer. La tentación puede ser justificar la goleada en las bondades del rival y hay argumentos, porque un animoso Alicante, con varios jugadores del filial, solo acudió a La Romareda con el ánimo de no salir muy descosido a goles. Solo tras el 3-0 y con la relajación local mostró algo, muy poco, por medio de Francisco y Pedro. Pero la victoria también se sostuvo en un Zaragoza firme: correcto en defensa, dominador en la medular y con llegada arriba.
Marcelino sorprendió con Generelo como acompañante de Gabi y el doble pivote mejoró versiones anteriores, amparado sobre todo en el madrileño, que firmó un partido muy completo. Construido desde los pies de Gabi y con el talento de Jorge López como piedra angular, el Zaragoza fue acumulando ocasiones de gol para Ewerthon y, sobre todo, Oliveira. La dupla brasileña aumentó también su nivel asociativo de anteriores partidos y se ayudó mucho en una defensa del Alicante timorata y un portero, Unanua, con pésima capacidad de medir sus salidas, aunque salvó algún gol bajo palos.
Al Zaragoza le costó un cuarto de hora entrar en la cita y, tras el aviso de Ewerthon, Oliveira mandó a la red una falta lanzada con escuadra y cartabón por Jorge López. Eso sí, la soledad del ariete en el área seguro que no se la explica el técnico del Alicante. El 9 zaragocista falló dos más clarísimas: una después de un gran pase de Jorge López y tras regatear con una vaselina a Unanua y otra en un disparo a bocajarro que mandó fuera con todo a favor.
Era cuestión de tiempo. El segundo gol llegó en una buena combinación que nació en Gabi, creció en Oliveira y mandó a la red Ewerthon con un remate con el muslo que superó a Unanua. Así, el partido llegó al descanso ya visto para sentencia, que la dictó Jorge López en la reanudación. Un disparo raso tras una jugada entre los brasileños, con buen pase de Oliveira, cerró el pleito.
El epílogo se escribió con el bajón zaragocista, que aun así pudo ampliar el marcador por medio de Gabi y Ewerthon, y algún tímido intento visitante, donde Vallejo confirmó su estado de gracia actual. El meta detuvo un inocente penalti cometido por Goni y lanzado por Tito. Por entonces, el colegiado quería cuota de protagonismo cuando lo fácil era pasar de puntillas. Eso es lo que hizo el Alicante en La Romareda para que el Zaragoza despida el horrible 2008 del descenso con una sonrisa, un dulce y la esperanza de que el regreso a la élite está bien sostenido.