domingo, 18 de enero de 2009
                          

El asturiano no contó con Ewerthon y Oliveira y el Córdoba venció a pesar de jugar más de media hora con diez.

A veces a los entrenadores les dan ataques de entrenador. Como saben más que nadie, manejan más datos que el resto de los mortales y deben conocer mejor que nadie a sus jugadores, los tipos cogen la lógica, la revientan y tiran por la calle del medio. No es malo si la cosa sucede de cuando en cuando, pero es tremendamente nocivo si es de continuo. A Marcelino le dio ayer uno de esos tabardillos y su equipo perdió ante el Córdoba, un conjunto que pelea por no descender y que ayer jugó con diez desde el minuto 50. Visto ya así, lo del Zaragoza tiene poco nombre. Pero si uno lo analiza tiene todavía menos.

Como quiera que Ewerthon y Oliveira salen a jugar fuera de casa en pantuflas (incluso también en casa en ocasiones) y que Braulio se había merecido la titularidad, quien más quien menos sabía que Marcelino quitaría a un brasileño para dar entrada al canario. Eso hubiera sido lo lógico. Lo del ataque fue quitar a los dos y meter otra vez a Arizmendi, futbolista extraño que a Marcelino le gusta más que el pollo a Carpanta. Arizmendi es, puede que de la historia, el jugador del Zaragoza que más oportunidades ha desperdiciado. Ha jugado de todo y en ningún sitio bien. Una pena de regularidad.

El caso es que si le quitas la dinamita a un equipo bastante vulgar ya de por sí, que no quiere la pelota y que tampoco sabe qué hacer con ella cuando el 90% de los equipos de Segunda se la da, el bodrio se convierte en un engendro infumable. Así es el Zaragoza y como el de ayer es el Zaragoza sin los brasileños. Con ellos es un equipito que da miedo, sin ellos es un equipito.

Al Córdoba le hizo falta muy poco para soñar primero con la victoria y después para atraparla. Como del Zaragoza no tenía noticia alguna en ataque, el equipo de Luna Eslava, atenazado por las urgencias y con muy pocos recursos futbolísticos --Yordi es su referencia arriba y el veterano gaditano ya está para más sopita que solomillo-- se fue viniendo arriba de a poquito. Lo que tenía, poco, lo expuso con orden y humildad. Y en cuanto el Zaragoza se equivocó en defensa, algo que por otra parte no es muy sorprendente, marcó un golito y lo celebró. El gol, por cierto, nació de un saque de banda. Fetén.

A partir de ahí, el guión era sencillo. Unos a defender con tesón y los otros... Los otros no se sabe a qué. Cualquiera, entonces, dijo: vale, ahora saldrán los de la pegada, a ver si pegan. Pero no. Hete aquí que Marcelino, recordemos atacado, sorprendió al mundo mundial tras el descanso dando entrada a Songo´o. Dos periodistas de Córdoba, al ver al moreno camerunés, anunciaron en sus emisoras que salía Ewerthon. Cuando se les sacó de su error tampoco lo entendieron. Rectificaron con cara de boniatos, la misma que se le quedó a un servidor. Claro, que bien pensado era lo normal: no iba a reconocer Marcelino su error de una manera tan clara. Murió con lo suyo.

Como Paredes ya había entrado antes por Pignol, que a su horrible partido sumó la desgracia de una lesión, uno de los brasileños se iba a quedar sin jugar ni un minuto. Si alguna vez el fútbol quiso darle significado a la palabra osadía ahí fue. Cuando calentaban los dos en la banda, Javi Flores se internó en el área y López Vallejo le bajó el suelo. El penalti pareció claro, pero Miranda Torres expulsó al cordobés y dejó a su equipo con diez. Si la misión ya era antes defender el gol, ahora no había duda.

Marcelino llamó rápidamente a Ewerthon y dejó sin jugar a Oliveira, que está contento. Quitó a Chus Herrero, lo que significó cierta valentía después de todo. Y ahí se produjo ya el último despiporre, no se sabe si porque Arizmendi se enteró mal o porque el técnico no tuvo claro rápidamente lo que hacer. El caso es que el madrileño se situó de fugaz lateral derecho y varios minutos después le vimos otra vez de delantero. Era pestañear y Marcelino no paraba de dejarnos boquiabiertos.

Ni con esas llegó el empate. Ni eso ni ocasiones. Durante más de media hora en superioridad, el Zaragoza creó una. Fue una falta frontal que puso Jorge López en el área para que la pelota le diese en la cabeza y no la cabeza en la pelota ¿saben a quién? A Arizmendi. Toma claro.


Publicado por Desconocido @ 11:48  | Real Zaragoza
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