domingo, 08 de febrero de 2009

                 

Una genialidad del canterano da color a las mejillas de un Real Zaragoza muy enfermo.

Toc, toc! "¿Quién es?". "Soy Ander Herrera". "Ander...¿qué? "¡Pues Ander Herrera, la ostia!". El chaval está flaco, le viene el calzón grande y a sus 19 años podría pasar por cadete con una carita de no haber roto ni un posavasos, pero dentro de esa armadura de frágil adolescente que el Athletic quiso engordar con unas buenas chuletas de Bérriz y una no menos sabrosa oferta para irse a San Mamés, el centrocampista lleva un jugador de fútbol de los de verdad, de los que no tiene el Real Zaragoza para darle, como ayer, color a las mejillas a un equipo muy enfermo pese a que haya regresado a la zona de ascenso con el punto de Anoeta.

Herrera es todavía un niño y hay que darle cuerda al tiempo de su progresión hacia la madurez deportiva y física, pero grita alto y fuerte, pide la pelota y no la pierde jamás, anima a sus compañeros como un veterano sargento y asesora la forma de hacer las cosas que parece Emilio Botín. Por él, y también por Goni y por López Vallejo, el conjunto aragonés no entró en la grave depresión que hubiera supuesto la derrota frente a la Real Sociedad en un partido malo de ambos, pero, sobre todo, de un Real Zaragoza ordenado hasta que recibió el gol de Abreu a la media hora de juego y expuesto a la catástrofe después, cuando Marcelino dejó tres defensas para buscar el empate y cada uno hizo la guerra y el amor por su cuenta en una ingente bacanal del desgobierno.

 

UN EQUIPO SIN TIMÓN El Real Zaragoza del pelotazo urgente para los delanteros se ha transformado en un barco donde todos piden el timón sin haber visto el mar ni en postal. Rema de costado, contra el viento y, de vez en cuando, llega a la portería rival sobre una ola perdida. Arizmendi quizá, a lo mejor Ewerthon, puede que Songo´o... Todos los intentos murieron en la orilla de Bravo hasta que Abreu se vio solo ante López Vallejo. La defensa tiró un fuera de juego y a Chus Herrero, en la salida, el jersey de punto se le quedó enganchado en la inopia. El argentino definió con clase.

El centro del campo ha cobrado más protagonismo desde la marcha de Oliveira, pero no hay quien dé un pase más allá de su baldosa y prolifera el envío por correo de ladrillos inalcanzables para el compañero. Además, Jorge López, que vino para mariscal, se ha quedado sentado al final de la academia al igual que un tímido estudiante de melancolía. Empieza en la banda, se va al centro por orden del técnico cuando las cosas van mal y le engulle la tristeza.

Con el 1-0 pudo llegar el segundo en las botas de Marcos nada más comenzar la segunda parte. López Vallejo se estiró igual que lo había hecho en el primer periodo ante un cabezazo de Abreu. Un par de paradas fantásticas, de las que sostienen por los pies la última gota de vida del ahorcado mientras cuelga en el cadalso. La Real tiró hacia abajo de los zapatos del condenado con un par de contragolpes en mucha superioridad numérica, pero Goni, otro de la casa, estuvo colosal para interponerse en la estampida y domesticar el peligro, quizá para redimirse de un gol que tuvo antes y que no supo marcar delante de Bravo.

Mientras el Real Zaragoza no era nada y la Real un frontón de pala corta con Rivas recogiendo todo lo que le caía de su adversario, Herrera andaba por allí como un extraterrestre: tocando a la primera, dejándose ver, abriendo puertas en la pared... En Babel, él conocía todas las lenguas y aplicó la más sencilla para que le entendieran de una vez. Coló un toque de seda por el ojo de una aguja que habilitó a Braulio para el duelo con Bravo, vamos un pase de otro mundo para ese partido de tierra seca y polvo en los ojos. El chileno cometió penalti sobre el canario y Ewerthon marcó, pero la flecha que acabó con la paciencia de los donostiarras la había lanzado el pequeño Cupido de la cantera. Herrera subió de polizonte y ya es capitán de un buque fantasma. Es una historia tan bonita como peligrosa.


Publicado por MartinHernandez @ 11:14  | Real Zaragoza
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