
Desde el dato objetivo, el empate ante el Hércules, un rival directo y que demostró sus credenciales en La Romareda, no puede ser bueno. Y no lo es, porque el Zaragoza, que mereció ganar y estuvo cerca de perder cuando bajó el pistón y aparecieron sus lagunas defensivas, no regresó a las plazas de ascenso, que siguen a dos puntos. Ninguno de sus rivales de la zona alta ganó, por lo que la vida sigue igual... con una jornada menos. Sin embargo, el partido dejó otras pequeñas lecturas que endulzan ese marcador. El equipo se dejó la piel, hasta la última gota de sudor en un duelo que por momentos rozó el drama por la intensidad que se vio sobre el césped. Si este nivel de compromiso y el juego desplegado en el primer acto hubieran sido el común denominador durante toda la temporada, la realidad sería mucho más positiva a estas alturas.
Pero ahora, a 15 jornadas para el final, ya no hay nadie que pueda dudar de que regresar a Primera va a exigir hasta la última gota de sudor, hasta el último gramo de esfuerzo, hasta la carrera sobre la bocina... Esos valores, aliñados con fútbol y ocasiones hasta el descanso, los tuvo el Zaragoza. Si los mantiene, el camino hacia Primera será una autopista, por mucho que la cruda realidad de la tabla y del marcador ante el Hércules puedan decir lo contrario.
Se sabía que el duelo era vital y La Romareda también estaba concienciada de ello. Había aroma de final y el equipo, el mismo que invitó a creer en Murcia, salió desbocado desde el primer minuto, con Ewerthon como director de todas las operaciones. Para que todo saliera a pedir de boca el gol llegó nada más arrancar en la jugada tonta de la temporada. Ewerthon tocó lo justo un balón, que venía rebotado de Sergio tras un despeje de César, y despistó a Calatayud. El Hércules tragó saliva y el Zaragoza armó los cañones tras afilar las uñas en el trabajo de presión y anticipación, donde el nivel fue altísimo en el primer acto.
Llegaron las ocasiones: dos disparos de Ewerthon, un mano a mano del brasileño, que se adornó ante Calatayud, una clara de Songo´o que desvió Abel Xavier y un gol que Iglesias Villanueva decidió anular al Zaragoza y a Pulido por una falta inventada en un forcejeo de César y Ewerthon, que seguía en todas, hasta para no ser egoísta y regalar un mal pase a Arizmendi que cortó Sergio cuando debió disparar.
SIN ACIERTO Con Ponzio en todos lados, bajo la batuta de Gabi y con movilidad arriba, donde Songo´o y Arizmendi acompañaban bien la labor de Ewer, La Romareda disfrutaba, con algún susto de por medio, como el que se esforzó en conceder Ayala, que dejó solo a Delibasic, pero éste falló ante López Vallejo. Al descanso se llegó con el regusto de un marcador corto. El partido a esas alturas debía estar sentenciado, no era así y el Hércules, que aguantó el chaparrón y poco más, ya había dejado muestras en la primera parte de que tenía argumentos a poco que el Zaragoza bajara un poco el nivel.
Y sucedieron las dos cosas, porque el equipo aragonés redujo sus prestaciones en la presión y creció el rival con Farinós, bien secudado por Abel Xabier o Tote, pero sobre todo con los cambios de Mandiá, que apostó con acierto por Sendoa y Sales. En el Zaragoza, Marcelino recurrió a Ander y encontró buena respuesta, pero no así en Jorge López, que pasó de puntillas cuando más se le necesitaba. Ayala, lesionado y mediocre toda la tarde, dejó su sitio a Pavón. Es igual, la debilidad defensiva del equipo hace demasiado tiempo que no entiende de nombres.
El partido estaba más igualado, era un duelo de poder a poder, sin concesiones y dramático. Gabi tuvo una y Sendoa otra, pero a este meritorio Zaragoza le tenían que salir por algún dado sus lagunas defensivas. Han estado todo el curso y no faltaron a su cita. Pignol abrió la puerta a Sales y la media salida de López Vallejo hizo el resto, pero las malas noticias no acabaron ahí. En el otro carril, Farinós desnudó a Zapater y sacó un centro que Delibasic mandó a la red. No se entregó el Zaragoza, ni tampoco su afición y hubo premio, aunque menor. Zapater se redimió con un lanzamiento de falta que supuso la igualada final.
De ahí al final, el Zaragoza fue un querer y querer, pero poco más. Ponzio se multiplicó en tareas defensivas y el Hércules dio por bueno un punto que es más valioso en Alicante que en La Romareda, donde había que ganar y no se hizo. Eso queda, salvo que se quiera mirar otras lecturas en todo caso menos objetivas. El Zaragoza, irregular y mediocre gran parte del año, vivió en el filo ayer y vivirá así hasta final de curso en pos de regresar a la élite. Al sufrimiento aún le quedan muchos capítulos.