domingo, 22 de marzo de 2009

                     

El equipo ya ganaba 2-0 en el minuto 8 a un rival tierno que tardó nada en entregarse y dio muchas facilidades.

Había que ganar y se ganó. Había que hacerlo por la vía rápida y así fue. Había que intentar divertir al personal y ahí la cosa se torció. Cuatro goles son cuatro goles, pero el Real Zaragoza regaló a su afición la siesta más larga que se recuerda en mucho tiempo en el estadio de La Romareda. Porque no está el asunto para masoquismos, pero vista la endeblez del rival, daban ganas hasta de que le pusieran pimienta al partido marcando un golico. Y si un zaragocista tiene tiempo para pensar en tanta maldad, háganse cargo del pedazo de bodrio que vimos ayer.

Desde el minuto 1 fue un partido de hombres contra niños. Y cuando los hombres vieron que los niños estaban masacrados levantaron el pie del acelerador. En realidad se bajaron del coche y golearon al paso. Y es que todo quedó definido en la primera jugada de la noche, cuando el argentino Juan Pablo Caffa apartó de su camino a José Carlos y envió el balón al corazón del área. Ahí, Javier Arizmendi, que partía en desventaja en la carrera con el central, estiró el zanco, apartó al chaval con displicencia y batió a Ruyales, que se quedó a media salida y con el molde. Un minuto y doce segundos marcaba el marcador. Había sido el principio y también el fin.

El Sevilla Atlético se pinchó y no se sacó sangre. Normal, no tenía. Los chavales de Galeote tuvieron entonces un pequeño rapto de rabia que hizo darse cuenta a La Romareda de que tenía portero nuevo. Toni Doblas despejó a córner de forma acrobática un remate de cabeza que nació muerto pero fue cogiendo vida en su parábola. Hubo también algo de adorno en el vuelo del portero sevillano, que fue efectivo y sobre todas las cosas efectista.

Lo siguiente que sucedió fue el 2-0 y el final oficioso de un partido que fue un bostezo. La ternura sevillista fue completa cuando entre José Carlos y Ruyales armaron el taco con una cesión que uno la dio como si el portero fuera el enemigo y el otro la recogió en la esquina del área pequeña con una bisoñez enternecedora. El regalo lo convirtió en gol Leo Ponzio de un zapatazo raso y seco, marca de la casa, de esos que confirman que el argentino tiene dos ladrillos escondidos en las botas. De ahí hasta el final de la primera parte nada sucedió, apenas fue un ir y venir entre unos que veían que ya estaba todo hecho y otros que eran la impotencia hecha equipo.

Lo de la segunda mitad fue de estudio y de traca, siendo ligeros, y de enfado y constatación de una realidad, siendo objetivos. Porque que La Romareda silbe a su equipo por no jugar ni a la taba es algo conocido y esta temporada hasta normal, pero que coree con olés los pases de los jugadores del Sevilla es una mofa cruel que dice mucho y esconde más. Que la recoja y la sopese quien corresponda, pero que no piense que es poca cosa. La carga de profundidad que esconde es cuantiosa.

Marcelino se dio cuenta de que había que hacer algo. Cuando uno tiene en el banquillo a Jorge López y a Ander Herrera ese `algo´ está más que claro. Así que los dos jugadores fueron al campo de inmediato. Y el efecto fue devastador: falta lateral, rigurosa expulsión por doble amonestación de Gallardo, capitán sevillista, misma medicina para el entrenador por protestar y gol de Pavón. Casi nada. La caridad cristiana impulsó a querer que la cosa se terminase rápido por el bien de todos.

Pero todavía quedaba partido. Sobre todo para Ewerthon, que quiso estirar su racha goleadora en su particular carrera hacia el récord de Avelino Chaves, que hizo 24 goles en Segunda en la temporada 1954/55. Veinte lleva ya Ewerthon y quedan todavía trece jornadas, así que la empresa parece al alcance de la mano del brasileño.

Destacar, también, que la defensa, a la que volvieron Zapater y el goleador Pavón, consiguió dejar la portería a cero en el debut oficial como zaragocista de Toni Doblas, aunque fue más demérito ajeno que mérito propio. Veremos ahora si la decisión de Marcelino de cambiar al portero es flor de un día o no. Ayer, el sevillano resolvió con acierto y criterio el poquito trabajo que le dieron los chavales del Sevilla.


Publicado por MartinHernandez @ 10:19  | Real Zaragoza
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