domingo, 26 de abril de 2009

                   

El Real Zaragoza marca dos goles de lujo, se deja empatar y vuelve a ganar sobre el alambre.
Arizmendi, autor de dos goles, rescató a un equipo aragonés cuyos errores volvieron a complicarle la vida.

Existía un cierto respeto al Eibar, equipo de histórica configuración muscular, y a su minúsculo campo, un estadio de tramposa apariencia familiar que suele estresar al visitante por sus pequeñas medidas. Marcelino había preparado a sus jugadores para una dura batalla sobre una baldosa de cemento y contra un rival estrangulado por la necesidad, pero el Real Zaragoza, en contra del guión previsto, pasó como una apisonadora por encima del conjunto guipuzcoano durante la primera parte. Gabi y Arizmendi firmaron dos goles de lujo, fruto de una escandolasa superioridad, y el equipo se fue al descanso silbando.

 

DOS DESAJUSTES Este Real Zaragoza, por mucho arte que despliegue, por muy bien que interprete el encuentro y aunque disponga de una distancia sideral en el marcador, no consigue cuajar una actuación redonda y sobre todo cómoda. Cometió el error de regresar a la segunda parte también silbando y el Eibar aprovechó dos desajustes defensivos para empatar. El respeto se convirtió en temor, Ipurua abrió sus fauces de piraña y los balones comenzaron a volar que daban pavor sobre la portería de Doblas. Sobre el alambre y con la derrota acechando, Jorge López, Gabi y Arizmendi, sin duda los hombres clave en Eibar, recuperaron una última dosis de calidad suprema y se asociaron para cerrar la victoria al contragolpe.

Lleva el Zaragoza un tiempo gustándose en el agobio. Ayer no hubiera sido necesario sufrir lo más mínimo si hubiese administrado con solvencia la ventaja adquirida pasada la media hora. Podía haber disfrutado de una tarde de cierto relax porque el Eibar descubrió sus miedos y sus limitaciones muy pronto.

Se jugaba la poca vida que le quedaba el cuadro guipuzcoano, pero al Zaragoza se le supone ese poso necesario para cortar de raíz cualquier ejercicio de fe de un rival muy inferior. Pero, de nuevo, el Zaragoza fue capaz de complicarse la vida hasta límites insospechados y propagar la desazón entre sus seguidores. Él solo, sin apenas ayuda.

El fallo defensivo que supuso el tanto de la igualada eibarresa es uno de tantos. Uno de esos que nos esforzamos en creer cada semana que son historia Otro grave desajuste en el despeje, en la marca y en la colocación. Por eso, y porque el Zaragoza acabó el partido en su área, la victoria de ayer debe suponer tanta alegría como precaución. Y, sobre todo, reflexión. Otra vez, seis minutos le valen al adversario para estropear todo lo realizado antes por el Zaragoza. Menos mal que estaba Arizmendi. El único delantero sano de la plantilla valió ayer por tres.

Decíamos que la primera mitad había sido zaragocista, pero convendría asignar a Doblas gran parte del mérito. Gabi marcó en la primera llegada zaragocista al culminar una muy buena jugada entre el madrileño, Ander y Jorge López, que ayer volvió a brillar a base de asistencias más que de fútbol, pero el meta andaluz evitó la igualada poco después salvando un mano a mano con Germán. Insa también se topó con Doblas en un remate posterior a que Ander no encontrase la red tras servicio de Caffa.

Pero el Eibar se creció mediado el primer tiempo y comenzó a encontrar con comodidad la espalda de los laterales zaragocistas. Eran los peores momentos del equipo aragonés, pero entonces llegó el tanto de Arizmendi. El madrileño cabeceó a gol un córner botado por López y puso el partido en bandeja.

Pero fue el propio Zaragoza el que obligó a creer al Eibar. Aquella ausencia de Ayala y el posterior desbarajuste anímico pusieron en peligro el partido y quizá el ascenso. Y entonces surgió Arizmendi. Su gol rescató al náufrago. Puede que le salvara la vida.


Publicado por MartinHernandez @ 12:18  | Real Zaragoza
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