
Ganar en El Alcoraz no es una labor sencilla, más bien todo lo contrario. El Real Zaragoza lo hizo con un gol precioso y preciso de Ander Herrera, una joya revolucionaria que lideró a un conjunto cada vez más sólido --once jornadas invicto y cada vez más contestón a domicilio--. Añadió valores incontestables a un triunfo de 24 kilates: cuna enorme seguridad en sí mismo, concentración defensiva por fin y unas reservas físicas de poderío.
Con la mágica y oportuna aparición del pequeño príncipe de la cantera, a quien Sorribas persiguió con escaso éxito, y mucho músculo, el equipo de Marcelino resolvió a su favor el emotivo derbi de El Alcoraz, rácano en estética y derrochador en cuestiones tácticas. También habría que hacerle un monumento a Toni Doblas, quien evitó el empate de los azulgrana con dos intervenciones finales de estupendo portero, de esos guardametas que no permite que la sangre ni la atención deje de circularles por la sangre por muy poco que hayan intervenido durante el encuentro.
MUY PROFESIONAL El Real Zaragoza realizó una labor muy profesional. Se aisló de los flecos festivos de un pulso que interpretó con inteligencia, abstrayéndose de la presión estratégica que quiso imponer la SD Huesca con muchos cambios en su alineación y de la atmósfera ambiental, cargada de natural rivalidad regional. También esquivó con mucha cintura la trampa que le tendió Antonio Calderón, quien quiso despistarlo con un marcaje canino sobre Ander y la confección de un once diferente en el que destacaba la situación de Luis Helguera en el eje defensivo en lugar del centro del campo.
El Huesca puso entusiasmo, disciplina, interés y tuvo sus ocasiones con eufóricos contragolpes, pero claudicó frente a un Real Zaragoza que se protegió en la primera parte y fue a lo suyo, ganar, en la segunda, periodo en el que se comportó como un rodillo conducido por Ander, cuya suficiencia y prestaciones le hicieron brillar por encima del encuentro y del derbi.
El sábado, como la tarde, se había cubierto con una gruesa y amenazadora nube negra. Las victorias por la mínima pero suficientes a domicilio de Rayo Vallecano y Hércules no dejaban margen para el error, ni tan siquiera para el empate. Esos resultados podían suponer una carga psicológica en otros tiempos para un equipo gestado para subir y que está luchando y sufriendo como uno más para conseguirlo. Sin embargo, el Real Zaragoza ha madurado en este curso a una velocidad de vértigo.
Ayer su fútbol de hierro y compromiso colectivo supusieron un obstáculo insalvable para un rival que no es blando ni se rinde a la primera bofetada. El Huesca trabaja para la salvación, si bien la tiene en la mano pese a la derrota. Su buena temporada es fruto de un elaborado trabajo y una mimada planificación. No pudo con un enemigo ahora de mucha altura, no como en La Romareda, cuando le tuvo contra las cuerdas. El Zaragoza cazó los tres puntos en El Alcoraz, extrajo petróleo controlando sus emociones con un gol del chico de oro.