
Un Zaragoza sin fisuras, convincente y con la estrategia como arma letal arrolla y golea al Getafe.
Después de transcurrido mucho tiempo y pasadas variadas vicisitudes, elReal Zaragoza presentó ayer de modo repentino, ante el Getafe deMíchel, un comportamiento de otro estatus, de otro nivel, de unadimensión que casi se había olvidado en el lugar a fuerza de tener queser paciente y comprensivo en la grada para no crear mayores problemasde los existentes en el terreno de juego. Sin que cupiera esperarlo demanera razonable, en un cambio de apariencias bruscas, sin apreciarsedesde el exterior una evolución progresiva, el Real Zaragoza se haelevado a una categoría que lo acerca a la altura que tradicionalmentese le otorga por historia y conquistadas pasadas.
No se tratasólo de que ganara con superioridad manifiesta y solvencia evidente portres a cero a un Getafe que tiene fútbol y fundamentos. El resultadoabultado es, si se apura el razonamiento, la anécdota del caso. Laesencia del asunto radica en el domino exhibido por los futbolistas deMarcelino de los diferentes registros del juego. El Zaragoza firmó unpartido redondo, completo, de pocas lagunas y de un poso sensacional.Fue peligroso arriba, ordenado y juicioso en el centro del campo yseguro en la zona de atrás. La intensidad y el ritmo fueron losadecuados, altos en todo momento. Nadie se acordó de que Rubén Pulidoes un lateral inventado, de que a Javier Paredes a veces se le nubla elfrente o de que Ayala y Pavón son centrales que ya vivieron sus mejoresdías. En un lapso de tiempo realmente breve, Marcelino ha descubiertola solución al jeroglífico que le dejaron la pretemporada y elinfortunio de las lesiones en una plantilla corta de efectivos.
Siel equipo logra mantenerse en estos registros futbolísticos, seanunciarán nuevas buenas enseguida. Por supuesto, la supervivencia enPrimera División se observará como una meta tan realista como factible.Por lo pronto, se han desactivado los riesgos de que se incendiara LaRomareda. La paz social y la tranquilidad para seguir avanzando en elproceso de recuperación del club y del equipo ya es una realidadtangible. El Zaragoza ha salido de esta semana reforzado, en absolutoerosionado o dañado. Hoy todas las condiciones se dan a favor delcrecimiento y la expansión del juego, por más que Uche sea un lesionadode larga duración. En dos minutos se vio nítidamente que Ewerthonagiganta el peligro. A la Flecha le costó nada construir la ocasión enla que marcó Abel Aguilar su segundo tanto. Creó un gorro perfectosobre la defensa rival. El brasileño sigue llevando el gol entre ceja yceja, para anotar él o para que marque un compañero. A Songo'ole sirvió otro balón que bien pudo haber significado el cuarto tantoaragonés. Cuando se resuelva el caso Lafita en los tribunalesdeportivos o en la justicia ordinaria, el Real Zaragoza puede quedardefinitivamente construido como un conjunto de ciertos posibles.
Entanto esto ocurre, la inclusión de Abel Aguilar por delante de LeoPonzio y Gabi se ha revelado como un movimiento maestro. La idea estáproduciendo unos beneficios mayúsculos, casi desde el mismo instante enque se hizo la prueba, en el estadio de El Molinón, el pasado jueves.Con el colombiano en esa demarcación, todo se mejora: en ataque y endefensa. Todos, en consecuencia, mejoran. Ésta no es una licencia dellenguaje, una metáfora o una hipérbole. Responde a la descripción deuna realidad. Aguilar ha iniciado el camino del fichaje de alguien máso menos desconocido que pronto se convierte en una referencia interiordentro del equipo y en un icono en la grada. Suma ya tres goles. Elequilibrio que ha aportado al conjunto, a la estructura entera delbloque, es sobresaliente.
Míchel, entrenador del Getafe, quehabía estudiado al enemigo y sabía de los peligros que tiene, trató deatacar al corazón del renaciente Zaragoza. Para ello pobló el centrodel campo y colocó en el once azulón a Boateng. Sacrificó a Soldado ypersiguió a Aguilar. No acertó. Quizá, incluso, se equivocó. Pensó másen el rival que en sí mismo y traicionó su estilo y espíritu. El Getafeen nada se pareció a la escuadra poderosa que doblegó al Valencia. Cayóen una trampa. Al cuarto de hora estaba diluido, desdibujado.
QuePaco Pavón inaugurara el marcador con un cabezazo de escuela clásica,en el lanzamiento de un córner, o que Abel Aguilar abriera brecha deigual manera fueron mera circunstancia. El Getafe estaba perdiendo, enrealidad, la batalla principal, la más nuclear del partido. Abatido enese punto neurálgico del enfrentamiento, el Zaragoza buscó durante lasegunda mitad la victoria total. La conquistó una vez que Ewerthonsaltó al terreno de juego y el equipo salió con fuerza desde suparapeto de retaguardia.
FUENTE: Jose Miguel Tafalla (HERALDO DE ARAGON)