
La derrota más que previsible se daba por segura, aunque no tanto la escasa y pobre resistencia que opuso el Real Zaragoza, que desatendió por completo el balón para refugiarse en la hipotética ocupación de espacios y en el estrangulamiento del pase interior de su rival. Con un solo delantero, Arizmendi, y Ander incrustado en una parcela intermedia e intrascendente entre el ataque y la medular, el Barça esperó el primer plato de la cena con paciencia. Primero se tomó un aperitivo con varias ocasiones exentas de puntería y después se tragó al Zaragoza como una pitón lo haría con un mosquito sin alas ni para defender, que fue su gran misión, ni para intimidar algo a Valdés.
ABISMAL
La diferencia entre ambos
conjuntos es abismal. Deberían prohibirse las segundas partes porque
son un martirio para el perdedor prematuro, que el rival triturado
pudiera tirar la toalla como se hace en el boxeo aunque reste un buen
trecho para acabar. Asustado en su rincón, el Real Zaragoza recibió
todo tipo de golpes frente a un gigante con herraduras de platino en
los guantes y en los pies. El Barça no es que sea de otra galaxia sino
que pertenece a otra dimensión del fútbol, inaccesible para cualquier
miembro de esta Liga que se llevará sin estornudar. Hay que disfrutarlo
y rendirle pleitesía. Otro asunto bien distinto es ponerle una alfombra
roja desde el principio y aplaudirle como si se perteneciera a un club
de fans. Hubo instantes que el Real Zaragoza perdió el sentido al igual
que una adolescente lo haría cuando su ídolo le lanza la camiseta
sudada.
Es tal su potencial, su armonía, su idilio con la pelota que si pusiera a un recogepelotas de delantero el chico acabaría Pichichi del campeonato. Ayer ese muchacho fue Keita, un centrocampista de largo recorrido y omnipresencia atacante quien se dio el festín. Messi le puso en la cabeza el primer gol e Ibrahimovic le entregó el tercero. De por medio, el sueco aprovechó una falta para inaugurar su cuenta. Armó la pierna con plutonio, golpeó con violencia y a Carrizo, buscando el lucimiento en el vuelo para su álbum de fotos, se le ablandaron las manos.
MASACRE
El Barça suele desacelerar una vez
que el marcador le sonríe tan abiertamente. Sin embargo, anoche
necesitaba sacudirse algunas críticas, y lo hizo provocando una masacre
que para el Zaragoza supone la mayor humillación recibida en Liga en el
Camp Nou. No contento con la victoria, se fue a por el KO psicológico y
mandó al equipo aragonés a la UVI anímica de nuevo con Keita e
Ibrahimovic disfrutando como pocas veces lo harán. Esa sociedad, en la
que participó un Messi señorial, prolongó el espectáculo azulgrana
hasta el éxtasis de la clientela. Jorge López marcó un gol, lo que se
quedó en una anécdota, mientras el Barça bailaba a un cadáver anónimo.
Apuñalado por el cuchillo fino del Barça y por su incapacidad para defenderse con una pizca más de honor, el Zaragoza salió anoche del Camp Nou con heridas profundas y un futuro incierto. Anclado en la parte baja de la clasificación, lo que menos le convenía era una paliza de estas características, pero opositó para ello. Es un equipo flojo de fútbol y de personalidad, directamente vinculado con los cinco o seis equipos que lucharán por la permanencia. Jugar al ajedrez está muy bien, como intentó hacer Marcelino con el Barça, pero a lo mejor es más sencillo simplemente jugar al fútbol y morir con las botas puestas, y no descalzo de balones y desnudo de una mínima ambición.
FUENTE: Alfonso Hernández (EL PERIODICO DE ARAGON)