
Se acabó cuando casi ni había comenzado. Ha sido un hola y adiós a la Copa. Triste, muy triste por el modo y por las formas. Con una imagen muy deficiente del Real Zaragoza en este doble enfrentamiento con el colista de la Liga al que ayer, en un partido decisivo, solo se le atacó con determinación en el último cuarto de hora, tirando a la basura incomprensiblemente 75 preciosos minutos. Al Málaga le valía el 0-0 y a eso jugó. Al Zaragoza solo le servía marcar al menos un gol para entrar en vida, y solo lo intentó de veras en los últimos 15 minutos. Y se quedó corto. Calculó mal sus fuerzas, si es que fue eso lo que pasó realmente. Que uno piensa que, en verdad, lo que ocurre es que no hay más cera que la que arde. Para un día en que era imprescindible anotar gol, va el único equipo de la Liga española que siempre lo ha hecho -el Zaragoza- y rompe su hábito. Así de caprichosas son las cosas del fútbol. Seguramente, lo de ayer fue una radiografía perfecta del techo que tiene el actual Real Zaragoza, con más o menos centímetros de diferencia en virtud de que jueguen unos u otros futbolistas de esta heterogénea plantilla que le han dado a Marcelino.
Que te elimine un equipo en el que su público no cree y al que abuchea durante la recta final del partido, es duro. Que durante los últimos diez minutos del duelo, los asistentes al graderío no parasen de gritar "Muñiz, vete ya" pañuelos blancos en mano, pidiendo la cabeza de su entrenador, define por sí misma la enjundia del verdugo del Zaragoza en esta cortísima andadura copera de este año (y ya van tres seguidos sin apenas dar un paso en este sugerente torneo del K.O.).
La calidad futbolística del partido fue ínfima. Auténtico tajo bajo. En Regional Preferente, seguro que cada fin de semana hay muchos choques con más detalles de clase que el que Málaga y Real Zaragoza brindaron anoche, sobre todo hasta el minuto 75, con especial énfasis en la primera mitad. En el partido de ASPANOA, el próximo domingo en La Romareda, nadie dude que los veteranos, metidos en kilos y en años, dejarán más acciones vistosas que las que ayer fueron capaces de generar estos dos equipos que militan en la Primera División.
Entre que el campo era un melonar que hacía del balón una liebre, que el graderío estaba casi vacío, que la temperatura era propia de una noche de agosto y que ambas escuadras jugaron plagadas de suplentes, a uno le vino a la cabeza en más de un momento la imagen de un espectáculo de torneo de verano. De aquel desaparecido Trofeo Costa del Sol que el Zaragoza jugó varias veces en los ochenta en este estadio contra los clásicos brasileños Botafogo, Flamengo y compañía. Las hechuras del juego no estuvieron acordes jamás a las de un partido de vuelta de la Copa del Rey entre dos escuadras de la elite balompédica española que, con 1-1 en la ida, tendrían que haberse dejado la piel por decantar el enfrentamiento hacia su lado.
Marcelino optó por revolucionar al máximo el equipo tras el cercano partido de Valencia y solo repitió con tres jugadores del once inicial de Mestalla: Paredes, Jorge López y Lafita. El resto, incluido Songo'o como delantero en lugar de Ewerthon (vaya fiasco, el camerunés), estaban mayormente frescos físicamente. De todo ese tutifruti, la mejor noticia fue la reaparición de Goni, diez meses después de su lesión, demostrando que tiene sitio en este equipo. El resto de ingredientes, por más que se quieran rascar esquirlas positivas, salieron esbafados.
Antes del descanso
Antes del descanso, solo hubo dos ocasiones de gol, de esas de curso legal. Un remate alto de Forestieri, a bocajarro, bajo palos, en un fallo monumental e increíble del ariete local que perdonó el 1-0 en el minuto 41; y un cabezazo de Goni tras un córner que Santamaría rechazó con fortuna. Lo demás, materia despreciable.
Tras el descanso, el tono fue similar durante media hora. Solo Gabi, desde lejos, probó al portero y Fernando, mano a mano con el casi inédito Carrizo, marró una ocasión pintiparada. A partir del tantas veces citado minuto 75, tras la salida al campo de Ewerthon, Herrera y Aguilar que dieron oxígeno y algo de agilidad al juego zaragocista, los 'fosforitos' gestaron hasta 4 ocasiones claras para haber salido triunfantes in extremis. Jorge López tuvo la primera. Babic, en una falta lateral, la segunda. Lafita, en un cabezazo, la tercera. Y Ewerthon, solo en el área ya en tiempo añadido, la cuarta y última. Pero ninguno atinó y el cuento se acabó. La Copa del 2010 es ya historia.