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Osasuna, pero sobre todo el fútbol y la lógica, desnudaron con crudeza el momento del Zaragoza, que ya asoma por la puerta de la UVI del hospital tras una victoria en sus últimas nueve citas oficiales. El velo que suponía haber marcado en todos los partidos de Liga no se sujetó ayer, aunque hace días que no ocultaba esa falta de gol, que en su momento fue disfrazada por una estrategia a balón parado que fue un filón y que ahora ya no es decisiva. Y la evidencia es clara. Este Zaragoza está desarmado en su ataque, porque los errores en la planificación y, sobre todo, las lesiones le han dejado sin pegada arriba, donde su inocencia y falta de recursos suponen una tragedia para el equipo y para Marcelino, que no encuentra la solución al jeroglífico y cuyo crédito empieza a ser limitado, aunque desde el club se llama a la tranquilidad y se asegura que su puesto no peligra.
La Romareda, enfadada por un arbitraje parcial y con errores de Delgado Ferreiro y anestesiada en los últimos tiempos, tampoco montó en cólera, un factor que ayuda a que el ambiente no se enrarezca más. Pero el mal momento está ahí. Y es incuestionable. Además, a esa pobreza en ataque se le añade una defensa floja y un fútbol escaso, lo que aumenta la sensación de invalidez de un Zaragoza que se queda solo en las ganas, en el querer, pero eso por sí solo no basta. Osasuna se lo demostró en un derbi que acabó en un traspié doloroso a todos los efectos, en la moral, por lo que supone caer en casa ante este rival, y en la Liga, por mucho que la clasificación diga que el Zaragoza está igual de lejos de la zona de descenso. El equipo se está dejando puntos en el camino (Valladolid, Racing o ayer) que se pueden echar mucho de menos al final, en la lucha por la permanencia a la que está abocado.
Urge fichar a un delantero, o hasta a dos, en enero y el club está en ello, aunque con pocos recursos económicos para hacerlo, porque el déficit está ahí y lo que hay ahora no da para mucho. A Uche no se le espera en casi todo el curso, Arizmendi está lesionado, pero no es un goleador, y mucho menos lo es Braulio, también de baja. Ewerthon lo fue en su día, pero ayer se quedó en el banquillo cuando más se le necesitaba apelando a un proceso gripal que sufrió esta semana. A Marcelino no le quedó otra que apostar por jugar con Abel Aguilar por detrás de Lafita y salió mal, tal y como se podía suponer. Lafi es un segundo punta, y bien que se notó tras el descanso, y el colombiano no tiene fútbol en esa zona tan decisiva.
Osasuna, con lo justo y sin alardes, se llevó la victoria gracias a un gol de cabeza de Nekouman en una falta pésimamente defendida. No solo por eso venció, demostró ser mejor equipo que un Zaragoza que en la primera parte apenas encontró la manera de llegar con peligro. Sergio, en su regreso, se adueñó de su zona y la medular también fue de Osasuna, que tuvo en la movilidad de Camuñas a todo un quebradero de cabeza en una zaga donde volver a contar con Goni es una gran noticia, pero el canterano no da para todo. De hecho, Babic confirmó que no es lateral izquierdo y Ayala ratificó su bajón.NI LA ESTRATEGIA Aranda y Juanfran se encontraron con López Vallejo en el arranque, en lo que fue una premonición de lo que podía pasar. El choque no tenía buen color para el equipo aragonés, que solo a base de corazón y ganas se aproximaba al área osasunista. Lafita y Ponzio probaron suerte, sin encontrarla, pero fue Abel Aguilar, en un cabezazo que repelió el palo, el que tuvo la ocasión más clara. Ni la estrategia, antaño fructífera, funcionó en un buen córner que Lafita no supo rematar bien.
De este modo, la efervescencia de Ander, activo y con destellos de calidad, resultaba la mejor noticia, pero escasa, demasiado escasa, cuando Marcelino dio entrada a Ewerthon al inicio de la segunda parte. El brasileño, que parece seguir mirando para otro lado, no es que aportara mucho, pero permitió que Lafita jugara en su puesto natural, pudiera entrar desde atrás y fuera un incordio mayor para Osasuna en un segundo acto con mejoría insuficiente del Zaragoza.
En una jugada de Lafi, Josetxo mereció la roja y no hubo ni falta, pero ni el árbitro sonríe a este enfermo, que recuperó a Pennant en la última media hora. El inglés quizá debió ser titular --Jorge López pide a gritos el banquillo--, aunque solo muestre velocidad y algún centro y parezca que la cosa no vaya con él. Ewerthon, en jugada personal y aislada en su segunda parte, tuvo el gol, como también Ander, cuyo disparo dio en Sergio, pero Osasuna rozó la sentencia un par de veces, sobre todo en un disparo de Nekounam y en una acción de Camuñas.
Al Zaragoza solo le podía salvar de la derrota un milagro y éste no llegó, por mucho que pusiera el corazón en ello y La Romareda su aliento. Así está este equipo, desnudo, enfermo y víctima de su propia incapacidad.
FUENTE: S.Valero (El Periódico de Aragón)