
No por conocida y repetida la historia deja de ser cruel. Este Zaragoza endeble y generoso atrás con los rivales y sin pegada arriba, donde cuesta un mundo ya no marcar sino solo generar peligro, camina con paso firme hacia Segunda, hacia un desastre de imprevisibles consecuencias, porque ha entrado en una espiral negativa --ocho jornadas sin ganar y dos puntos de 24-- que parece no tener fin. En el estreno en Cornellá-El Prat se vivió el enésimo capítulo de impotencia e incapacidad, esta vez más doloroso al ser un rival directo en la lucha por la salvación y que ahora se aleja mientras el equipo aragonés se queda en los lamentos, en los fallos, de Carrizo y del engranaje defensivo tras un córner, que supusieron la derrota, tras suicidarse de nuevo en un partido. El Zaragoza perdió él solo y lo hizo en el pozo, donde de momento no ve la salida.
Tras tres partidos en el banquillo, Gay no logra enderezar el rumbo de la nave, con un punto de nueve, y solo queda rezar que los fichajes --debutó Eliseu, hoy llega Suazo, Colunga está al caer, se buscan centrales, un portero...-- cambien la cara de este enfermo, que sigue en la UVI porque los tratamientos, de momento, no surten efecto. El club está llevando a cabo una peligrosa e irremediable revolución en enero, una operación a corazón abierto después de haber hecho las cosas muy mal desde junio. Si sale bien, habrá algo de esperanza. Si no, el destino es claro.
El partido fue malo de solemnidad entre dos equipos angustiados, pero cayó del lado del Espanyol porque el Zaragoza puso todo su empeño en ello. Si hubo mejoría ante el Deportivo, ayer no se confirmó, como mucho el equipo estuvo aseado en algunas fases y se entregó en el esfuerzo, lo que no basta. Así, ya son 23 las salidas seguidas en la élite sin ganar. A este paso la lista apunta a convertirse en antológica.
Gay alteró poco el guión con respecto al Deportivo. Solo lo previsto, con la entrada de Jorge López por Abel Aguilar y el Zaragoza salió con hasta buena pinta, fuerte en la presión y algo, no mucho, aseado con el balón, donde Ander, esta vez con Ponzio de guardaespaldas, era el centro neurálgico del equipo, que moría en sus intentos cuando se acercaba a Cristian. Vamos, lo de casi siempre. Con esa idea, el Espanyol andaba maniatado en un partido que era una colección de errores pero fue el Zaragoza el encargado de marcarse el gol. En una jugada cómica, Goni dejó pasar y Carrizo asistió a Verdú, que agradeció el regalo.
El brindis del meta argentino, titular casi por decreto, debería hacer reflexionar a más de uno, pero el caso es que el Zaragoza se vio por debajo sin merecerlo. Intentó despertar y dar un paso adelante, pero sus limitaciones son las que son. Ander tomó la batuta y una buena jugada suya propició un disparo desviado de Paredes en la mejor ocasión. Quizá la única. Andaba ya el equipo de Gay con mal color, nervioso atrás y sin profundidad arriba, con Pennant tan ausente como de costumbre y Lafita a punto de la desesperación, bien vigilado por Roncaglia. El Espanyol, comandado por Márquez, asustó dos veces, pero Arizmendi sacó una falta de donde no había nada y el envío de Jorge López lo buscó el delantero madrileño y lo remató Moisés, pero el balón entró. Arizmendi lo celebró como suyo de las ganas de marcar que tenía.
MÁS INCAPACIDAD El gol dejó las espadas en todo lo alto para la segunda parte, donde el Zaragoza resultó aún más incapaz. Ander fue bajando por las faltas del rival y solo Eliseu aportó luz. Luis García estrelló el balón en el palo y, mientras, la defensa era un manojo de nervios, aunque Diogo evitó el gol de Callejón en una de las pocas acciones positivas del uruguayo. Pochettino metió más mordiente arriba con Marqués y encontró premio. El Zaragoza sacó mal un córner y Cristian puso el balón a Callejón, que se merendó a Ponzio y remató fuerte. El rechace de Carrizo lo envió el propio Marqués a la red.
De ahí al final, la impotencia no paró de crecer. Salio Braulio y no dio nada y solo un disparo de Eliseu con la zurda inquietó a Cristian, porque los últimos ataques no pudieron ser más embarullados. La derrota aumenta la sensación de crisis, de un equipo que no despierta del coma y que sigue en descenso, a dos puntos de salir. Sí, quedan 21 jornadas, pero es tan mala la pinta....