
El Zaragoza puso hace tiempo la proa hacia Segunda División, posiblemente en verano, cuando hizo una plantilla de perfil muy delgado, confiando en una temporada de transición sin agobios y sin dinero para mayores ambiciones. Hoy toda su embarcación fantasma, pilotada por Agapito Iglesias y con Gay de ingenuo contramaestre, es la que navega hacia el infierno cuando aún no se ha cerrado la primera vuelta. El empate sin goles, ni juego, ni fútbol ni entrenador contra el colista, un Xerez que se quedó con diez por expulsión injusta de Víctor en el minuto 54, obliga al conjunto aragonés no a una hazaña, sino a un milagro. Tendrá toda la segunda ronda del campeonato para reaccionar, es cierto, pero deberá hacer frente a un calendario de gruesa exigencia con Madrid, Barcelona, Sevilla, Atlético, Valencia y Villarreal como visitantes y salidas a campos de rivales directos por la continuidad en la élite. Es un equipo perdedor en casa y a domicilio. ¿De dónde va a sacar los 30 puntos que necesita? De la intervención divina no, desde luego, porque para ello debería aportar algún mérito, y no se le conoce alguno.
Ni Suazo, ni Eliseu ni Jarosik… Ni Ander de nuevo como elaborador en una posición que le ensombrece y le retrasa de los lugares importantes para colaborar en el pase definitivo, no en el de transición que tan poco o nada de daño hace. Ni Jorge López, nulo y ciclotímico, ni nadie para darle al ataque algo de cordura y precisión… Puede que destacaran algunas gotas de clase media de Eliseu para un equipo incapaz de demostrar superioridad alguna frente a un adversario que aguantó el tipo y hasta pareció con mayor cuajo incluso con uno menos. A Suazo se le vio desconectado, con jet-lag y alguna que otra deficiencia para orientarse hacia la portería. Habrá que darle tiempo, lo que no tiene el Zaragoza. Jarosik estuvo correcto porque fueron cinco contra Bermejo. Así cualquiera.
José Aurelio Gay colaboró lo suyo cuando tuvo que tomar decisiones clave. Con los andaluces en inferioridad y casi cuarenta minutos por delante, en lugar de sumar a Arizmendi junto a Suazo aunque éste estuviera aún en Monterrey, dejó un solo delantero. Le pudo el guión, la responsabilidad y la inexperiencia, pecado imperdonable en situaciones tan criticas. Parecía elemental juntar al Chupete con Arizmendi y restar un centrocampista. El equipo ganó por las bandas con Pennant, pero sin nadie dispuesto para sus asistencias. El Zaragoza se revolucionó, se encadenó a la angustia, a las prisas, con su entrenador en babia, y llegó por aplastamiento, con corazón pobre y cabeza vacía. Y enciama entró Babia en la fiesta del desconcierto. Probó el disparo lejano de Ponzio, la pelota a la cazuela, el pase imposible. Atropellado por sí mismo, fue una caricatura en ataque pese a que dispuso de ocasiones mientras su enemigo se defendía a la brava, con bravura y bien puesto. La gran ocasión se produjo en el último minuto, cuando Ander dejó el gol para Jorge López con el pecho y éste la tiró a Montecanal, por encima de la portería de Renan. Lamentable y triste incapacidad general de futbolistas, entrenador y presidente. El conjunto aragonés está hundido y desquiciado. Va a directo a Segunda porque lo dice su juego y porque lo gritan las matemáticas a los cuatro vientos.