
Una nueva derrota con formato de goleada. Otro roto ante un adversario que se limitó a aprovechar los monumentales regalos que le hizo el equipo aragonés, especialmente en los primeros 25 minutos, donde el marcador ya indicaba un contundente 3-0.
Porque, lo peor de este nuevo varapalo, es que se consumó ante un Villarreal atolondrado, incapaz de dar más de cinco pases durante todo el partido, presa de un estado de ansiedad provocado por su irregularidad crónica y porque su mandatario, Fernando Roig, había puesto durante la semana en duda la actitud de sus futbolistas y, sobre todo, había dado a entender que, si los castellonenses no ganaban al Zaragoza, el entrenador Ernesto Valverde podía haberse ido a casa antes de tiempo.
Ese Villarreal, torpón e inconstante, que acabó descosiendo las
miserias de los blanquillos, estuvo en un tris de cometer su enésimo
fiasco en lo que va de curso en la segunda parte. Pero el Zaragoza no
supo aprovechar la histeria de los levantinos, circunstancia que salió
a flote a falta de 10 minutos para el final del choque cuando Lafita
hizo el 3-2 después de que Eliseu hubiese marcado el 3-1 siete minutos
antes. El público abroncaba con fuerza a los locales que, con el 3-0
del intermedio, cuajaron una segunda mitad deplorable, sin mirar al
marco de Carrizo, dejando pasar el tiempo ante la inoperancia
zaragocista.
Pero ni por esas, el actual equipo que dirige el
desorientado José Aurelio Gay, fue capaz de alcanzar con posibilidades
reales la portería de Diego López cuando el rival era un manojo de
nervios. Ese tramo del 3-2 acabó siendo un sueño sin final, una
esperanza frustrada. En apenas cinco minutos, el Villarreal remachó con
el cuarto gol cualquier aspiración zaragocista y, de paso, situó el
marcador final en una dolorosa realidad: el Real Zaragoza es, en estos
momentos, una nave a la deriva, sin timón definido, sin una tripulación
cerrada, con una sensación de anarquía y desgobierno dentro y fuera del
campo que hace pensar en lo peor.
El partido de ayer era, oficialmente, el correspondiente a la
jornada 19ª de la Liga pero que, por cuenta y riesgo de Agapito,
Poschner, Prieto y Herrera, se había convertido en el Trofeo Ciudad de
Villarreal. Un bolo más de preparación para la segunda vuelta, incluido
dentro de la extensa y discrecional reconstrucción de la plantilla
zaragocista -que aún debe de ir a mitad del plan- que va a cambiar la
faz del equipo desde el próximo día 31 y hasta que el calvario acabe a
mitad de mayo.
Los tres nuevos, Eliseu, Suazo y Jarosik, a la espera de sus
nuevos compañeros de revolución -que vendrán en las próximas horas-,
sumaron otro partidito más de preparación, de aclimatación, de
conocimiento del medio en el que van a trabajar cuando la temporada de
verdad comience, según el nuevo calendario establecido por Agapito y
sus asesores de cabecera: el 1 de febrero, cuando el mercado invernal
de fichajes se cierre definitivamente.
Así es. El Real Zaragoza va a su bola en estos momentos respecto
de los demás rivales de la Liga. Gay, este entrenador que lleva ya 5
partidos al frente del grupo sin saborear una victoria (2 puntos de 15
disputados es su récord) sigue pensando en futuro, como si el presente
(que para él empezó el 19 de diciembre en el Bernabéu) fuera algo
secundario. La estrategia revolucionaria puesta en marcha por Agapito y
su gente ha instalado en el vestuario la sensación de que estamos en
una nueva pretemporada y que lo importante está todavía por venir. Y,
mientras tanto, los puntos siguen volando y el Zaragoza hundiéndose en
la clasificación. Se entrena todo y muy bien, como en precampaña, pero
luego llegan los partidos de verdad, como ayer, y aparecen los
desajustes y los errores letales.
Por ejemplo, el equipo sigue saliendo al campo perdiendo 1-0. El
inicial gol de Capdevila llegó esta vez en el minuto 3, en un córner
mal defendido al borde del área, donde Cazorla, antes del desvío inútil
de Carrizo al palo, la paró, la bajo, miró y disparó a placer.
Increible, de verbena estival.
En el 2-0, el recién llegado Jarosik y el ya conocido Pulido,
quedaron en evidencia por su lentitud ante Nilmar. Es cosa de la
pretemporada también. El checo viene de estar mes y medio parado.
Claro. Ya cogerá la forma con el paso de los partidos El 3-0, similar.
Otro pase a la espalda de los centrales, miradas inculpantes de uno a
otro, y Rossi que fusila al inerme Carrizo. El 4-3-3 de Gay resulta que
no apuntala en nada los apoyos a los zagueros. Al revés. Acentúa sus
letales efectos. Ayer se volvió a ver.
A partir de la catástrofe inicial, el entrenador apeló a la
heróica y empezó a sacar piezas de ataque desmontando su pizarra
original.
Arizmendi por López a la media hora y vuelta al 4-4-2 maldito del maldito Marcelino. En el cuarto de hora de la segunda parte, Pennant por Paredes y Ponzio que se ubica de falso lateral zurdo. Y, al final, el chaval Kevin Lacruz (¡vive!) por Gabi de tal manera que el equipo se convirtió en un galimatías irreconocible: Suazo y Arizmendi de arietes; Pennant y Eliseu de extremos; Lafita y Kevin de medios centros (para guardar en la retina); Diogo y Ponzio de laterales carrileros...
Y, en esas, Nilmar le robó a Eliseu un balón en la medular, se
fue en moto al área y le regaló a Ibagaza el cuarto de la tarde. El
pequeño argentino se recreó, tumbó a su paisano Carrizo, amagó hasta
doblar con la cintura a Eliseu y Ponzio y, con retranca, la metió
dentro. Ese 4-2 final fue como la moraleja en las fábulas. El resumen
ideológico de lo que actualmente puede dar de sí este Zaragoza.
Improvisación, falta de norte, trabajo en vano y rasmia confundida con
aceleración mental.
Llega ya la primera jornada de la segunda
vuelta, en Tenerife._Para Agapito y sus ministros, otro partido más de
pretemporada, miniconcentración incluida en la isla. Allí, en el Trofeo
Villa de Santa Cruz (jornada 20ª oficial) debutarán más fichajes. Qué
ganas tenemos de que empiece la Liga.
FUENTE: Paco Giménez (HERALDO DE ARAGON)