
Ander tuvo el gol y el tesoro sobre la prolongación, pero se topó con Coltorti y Crespo. El Zaragoza dio por bueno el punto casi todo el partido y en medio de esas cuentas casi se encuentra con un triunfo que era de oro. No parece que estas tablas sean demasiado valiosas, sobre todo por la victoria del Tenerife, ya que el descenso queda a tres puntos, y con la vista puesta en un duro calendario (Barça, Almería y Valencia), y menos por no superar a un Racing que solo tiene a Canales y al que le queda rezar por la permanencia. Que lleve cinco partidos y 504 minutos sin marcar no es casualidad. Puede tirarse siglos así. A ese rival no le ganó un Zaragoza bien situado y serio atrás, pero pobre, famélico, de fútbol.
El partido fue un espanto. El Racing no pudo nunca y el Zaragoza jugó con el freno de mano. Solo en el tramo final Gay, que tardó una barbaridad en hacer los cambios, se decidió a ir a por los tres puntos. Tarde, muy tarde, pero aún así pudo encontrarse con un triunfo que Coltorti, el mejor sobre el césped, evitó.
El poso que debe tener el Zaragoza es solo amargo. Por mucho que Roberto mantuviera la puerta a cero, por mucho que se sumen cuatro salidas sin perder, por mucho que se avance un pasito más hacia la permanencia, aunque ahora esté el peligro más cerca. En Santander había que ganar a un rival en caída libre, que no ha ganado en la segunda vuelta, lleno de dudas y vacío de recursos y no se hizo, perpetrando un partido peor que discreto.
Y es que el fútbol dimitió desde el principio, decidió irse para que el bodrio fuera descomunal. Un monumento al bostezo. Racing y Zaragoza calibraron lo importante que es sumar, una verdad a medias, sobre todo en el caso zaragocista. Gay mantuvo el dibujo 4-2-3-1 y su equipo saltó con la idea de desactivar a Canales y esperar a ver si sonaba la flauta. Lo primero lo logró y el Racing desapareció. Lo segundo, casi.
La iniciativa empezó siendo cántabra, pero daba igual. Ni uno ni otro jugaban. Miedo, sistemas, ayudas, calculadoras, sumas... Todo menos fútbol. Un remate de cabeza de Colsa en una desatención de la zaga fue lo único que hizo levantarse al público. Salvo el primer gol del Tenerife, claro. Otra vez a revisar las cuentas y, por lo visto, seguían saliendo.
La brega de Arizmendi parecía lo único que inquietaba al equipo cántabro, pero muy poco, porque Suazo era una isla al haber retrasado mucho el Zaragoza la línea de presión y las alas no funcionaban. Pasada la media hora, Gay intentó dinamizar la medular retrasando a Ander y colocando a Abel Aguilar por detrás de Suazo. Ni por ésas. El canterano no tuvo su tarde y Abel, en su retorno, aún estuvo más perdido como enganche. Así, la ocasión tuvo que llegar con la estrategia, como tantas veces. El colombiano, con todo a favor, la estrelló en Coltorti para que el marcador no se moviera y los aficionados, los 800 zaragocistas y los racinguistas, llegaran al descanso casi dormidos.
No cambió el color del choque tras el descanso. El dominio del Zaragoza era ficticio, porque no generaba fútbol y el Racing resultaba la viva imagen de la incapacidad. En ese contexto, pensar en un gol era una quimera, salvo que llegara a balón parado. Y Arizmendi la tuvo en un córner... Portugal movió el banquillo para ver si pasaba algo y el Racing se agitó con Serrano y Bolado. Roberto despejó un disparo de Colsa en la mejor ocasión local.
Por entonces, a falta de 15 minutos y con el Tenerife ya ganador de su pleito, Gay pensó que quizá se podía ganar, que igual el empate era poco. Cambió el dibujo, jugó con dos puntas natos con la entrada de Colunga y dio aire a las alas con Pennant y Lafita. El partido se abrió porque Canales pudo jugar también más suelto, pero el gol decidió irse de la mano con el fútbol y no pasar por Santander. Lo rozó Ander y ahí estuvo el triunfo. Ojalá no se eche de menos al final de la Liga...