
El Real Zaragoza jugó de igual a igual al Real Madrid pese a quedarse en inferioridad numérica en el minuto 51Raúl, Colunga y Kaká anotaron en un duelo en el que Contini fue expulsado.
'Chapeau' para el Real Zaragoza. Felicidades a los futbolistas blanquillos y reconocimiento al entrenador por el partido planteado y disputado anoche frente al todopoderoso Real Madrid.
Es verdad que la derrota final dejó un poso amargo, muy agrio a todo el zaragocismo. Que la situación está un poco más complicada, si cabe, para obtener la permanencia y que se van a afrontar los últimos cuatro partidos de Liga llenos de miedos, vértigos y problemas mil. Pero el esfuerzo, el interés y la bravura mostrada ayer por los blanquillos merecen abrir la crónica de este partido vibrante en el que el Real Madrid sudó tinta china para doblegar a un Real Zaragoza peleón, implicado y repleto de casta en cada lance del juego. Se acordarán toda la vida los madridistas del sobreesfuerzo al que les obligó el equipo de Gay en un duelo lleno de urgencias para ambas escuadras por diferentes motivos y objetivos.
Nueve minutos le faltaron al cuadro zaragozano para culminar la machada. A nueve minutos se quedó el bravo equipo aragonés de obtener un punto vital para la salvación. Y nueve minutos separaron al Madrid de descarrilar en su frenético esprint con el Barcelona por adjudicarse el título liguero.
El gol de Kaká, pasado el minuto 81, resolvió casi in extremis la encrucijada en la que se metió la historia de este vistoso y apasionante choque desde su mismo inicio. Aún se puede decir más: desde quince minutos antes de comenzar, momento en el que Gay perdió por lesión a Arizmendi durante el calentamiento, cuando el espigado futbolista estaba anunciado como uno de los once titulares -vital titular- del Zaragoza.
En efecto, las lesiones e incidencias extraordinarias llevaron la pugna a unos territorios cercanos a la locura durante infinidad de minutos, tanto en un bando como en otro. Lo preparado durante la semana, ni a Gay ni a Pellegrini les sirvió demasiado. En el Zaragoza, al no poder jugar Javier Arizmendi, el técnico debió variar su dibujo táctico (el 4-2-3-1 clásico) e improvisó un 4-4-1-1 al meter en el bloque a Abel Aguilar. El colombiano se posicionó como enganche detrás de Suazo, mientras que Ander Herrera se volcaba a la banda izquierda, a la misma altura que Edmilson, Gabi y Eliseu.
Pero la noche venía alterada a más no poder y la imaginación de ambos técnicos fue puesta a prueba según fueron cayendo los minutos. A Pellegrini, el mundo se le vino encima cuando Van der Vaart, el enganche fetén que ha encontrado en los últimos meses, cayó lastimado a los 10 minutos y pidió el cambio. La salida del veterano Raúl, que luego sería anecdóticamente crucial, le varió el paso pues provocó una pérdida de frescura tremenda en el ritmo de ataque merengue, que en el inicio del choque fue vertiginoso.
Cristiano Ronaldo, ayer sin gol pero excelso en el pase, la penetración y la apertura de espacios, había generado dos ocasiones de gol clarísimas antes del minuto 3. En el primer balón, dejó solo a Higuaín que, en polémica pugna con Contini en el área, se topó con el inconmensurable Roberto, un portero que puede pasar a la historia del Real Zaragoza si al final, como se sueña en tierras aragonesas, la permanencia se consuma dentro de 20 días. En el segundo minuto, el astro portugués se quedó solo en el área y su obús fue rechazado por el gradioso cuerpo del arquero local. Sin Van der Vaart, el Madrid se fue de onda durante varios minutos.
En esas, Gay también tuvo su segunda baja en combate. El Chupete Suazo, en un encontronazo con la defensa, se retorció de dolor con el hombro aparatosamente fuera de su sitio. Se intentó que siguiera, pero fue imposible. En otra acción en el área, su hombro izquierdo dijo basta. En el minuto 19, Colunga debió salir al césped por obligación. El perfil del ataque diseñado por Gay, en un abrir y cerrar de ojos, era totalmente diferente a lo programado.
En medio de ese nuevo contratiempo, el Madrid aprovechó para rearmar su mando en el partido y Raúl, el incombustible Raúl, disparó al palo en un ataque letal de los visitantes. Roberto, una vez más, tocó con las yemas de los dedos lo suficiente para evitar el primer gol madrileño y, en la continuación de la jugada, Cristiano se topó con un Jarosik perfecto al quite de su arquero.
La primera parte llegó a su final con un trazado táctico muy concreto, pese a tanta alteración forzosa de nombres propios. El Madrid mandaba, el Zaragoza esperaba. El equipo de Pellegrini quería el balón, el de Gay lo regalaba en busca de un contragolpe que nunca llegó (ahí, hasta pudo salirle rentable a la larga al preparador zaragocista la obligada permuta de Colunga por Suazo). Y, en ese zafarrancho, en ese ir y venir de la pelota de un lado al otro del campo, las marrullerías, las discusiones, las tarjetas amarillas, trufaron un embate de los de verdad, encastado, a vida o muerte. Interesante a la vista.
Tras el descanso, el Madrid volvió a salir mejor, como en el arranque del choque. Y Raúl, protagonista de una nueva lesión, marcó el 0-1 segundos después de haber pedido el cambio al banquillo, cuando Benzemá esperaba en la banda a que el balón se parase. Fue el popular gol del cojo, el 0-1 que pareció matar a un animoso pero inerte Zaragoza. Mucho más cuando, dos minutos después, Contini agredió sin sentido a Higuaín y vio la roja en medio de una algarada general. A Gay se le caía de nuevo el tenderete de muy mala manera. De ese estado de desesperación moral que cundió en el estadio, surgió el brote verde del tanto de Colunga en clara inferioridad numérica y anímica por entonces. Aguilar inventó un pase mágico al hueco y el veloz asturiano (que tampoco pudo acabar el choque), como ya hiciera dos veces ante el Barça, se merendó a Casillas para empatar.
El Madrid dudó. Acometió la recta final del partido con las prisas propias del obligado, del presionado, del desesperado. Guti estaba asfixiado. Los demás, parecido. Solo Cristiano buscaba huecos y percutía con peligro el área blanquilla. Pellegrini quitó a Gago y metió a Kaká, su última bala, inactiva desde hacía dos meses. Y le salió bordado. Al contrario que el cambio ofensivo que decidió Gay, al poner a Uche (otra munición sin usar desde largo tiempo) en lugar de un gris Herrera y buscar el triunfo postrero con dos puntas cuando jugaba solo con diez piezas. La partida de ajedrez se la llevó el favorito, pero el aspirante casi logró firmar las tablas. Por coraje, las mereció.
FUENTE: Paco Giménez (HERALDO DE ARAGON)