
Pese a jugar más de media hora en superioridad numérica ante un Atlético desdibujado, el Real Zaragoza fue incapaz de puntuar. Diego Costa hizo el único gol del partido en los primeros minutos y los de Gay no tuvieron respuesta.
No mejora la cara del enfermo. En otro horrible partido en lo referente a
la calidad del fútbol exhibido por el Real Zaragoza (el Atlético de
Madrid tampoco puede decirse que tuviera su noche), el cuadro que dirige
Aurelio Gay volvió a perder, reincidió en no marcar un solo gol en la
portería rival y, lo peor, no supo acometer el rol de superioridad al
que las circunstancias del partido le llevaron en la segunda parte.
La primera mitad, donde el duelo se dirimió en condiciones normales, fue
una sucesión de errores en la confección del juego de los aragoneses,
nulos en ataque e incapaces de ligar una jugada con sentido. En el
segundo periodo, marcado por la rápida expulsión del local Reyes por
agredir a Contini, los zaragocistas no supieron cómo resolver el
desequilibrio que les favorecía, mucho más cuando el Atlético manifestó
con el paso de los minutos que tenía una espesura tremenda en la cabeza
de varios de sus jugadores más desequilibrantes y decisivos.
Más de media hora jugó el Zaragoza con un hombre más. Dio igual. Pese a
ello, fue el atribulado equipo rojiblanco el que generó las tres jugadas
más ligadas de la recta final del partido y, a través de ellas, anduvo
muy cerca de lograr el 2-0 en cualquiera de ellas. El Zaragoza no halló
nunca un hueco para entrar en el área con posibilidades de empatar.
Merodeó sus alrededores, pero sin que nadie diera el pase preciso y sin
que uno solo de sus hombres encarara a los rivales con posibilidades de
irse hacia De Gea. Fue una muestra cristalina de las enormes carencias y
defectos que se acumulan en la actual plantilla y que, inesperadamente
para los técnicos, han subido a la superficie súbitamente, en los
primeros cinco partidos de Liga.
El Atlético de Madrid había obtenido en apenas 19 minutos de partido su
ventaja en el marcador. Y, a partir de ahí, sin hacer nada del otro
mundo, vivió un lance cómodo, sin sobresaltos, merced a la actitud
inofensiva del cuadro zaragocista en unos primeros 45 minutos llenos de
basura futbolística. Probablemente, nunca con tan poco esfuerzo y con
tan escasa creatividad ofensiva, los colchoneros tuvieron la sensación
desde el mismo inicio del encuentro de que iban a ganarlo con suma
facilidad. Por momentos, jugaron con una suficiencia arrogante que, por
no matar el partido (Diego Costa, sustituto ayer del lesionado -y
reservado hasta el final- Agüero, lo debió hacer) les pudo pasar grave
factura al final por culpa de la calentura de Reyes y de la
desintonización que sufrieron hombres como Forlán, Tiago, Assunçao o el
citado Costa, nulos toda la noche.
Cuando en el descanso el marcador era de solo 1-0 en contra del
Zaragoza, cualquier protagonista blanquillo estaba en disposición de
sentirse incluso satisfecho. Sin hacer nada de nada, la derrota mínima
mantenía con vida a un equipo moribundo y con las constantes vitales
bajo mínimos.
Gay, que había tenido que gastar un cambio enseguida por culpa de la
lesión muscular del portero Leo Franco (Doblas debutó con dos grandes
paradas), apostó por sacar dos delanteros y disponer el 4-4-2 de
urgencia, su plan de emergencia, el B. Sinama-Pongolle dejó en la ducha
al voluntarioso Kevin Lacruz y formó dupla con Marco Pérez. Por ahí no
se encontraron luces. Con un punta, mal. Con los dos, peor.
La roja a Reyes impulsó a Gay a meter su última bala: Bertolo suplió al
ayer lateral Lanzaro (oscuro debut del italiano) y retrasó a Ponzio.
Tampoco obtuvo respuesta positiva del equipo. Todo el mundo improvisó,
se jugó al tun tun, sin patrón claro, sin abrirse por las bandas como
mandan los cánones cuando uno está con uno más sobre el césped, y no se
metió miedo al rival más que a balón parado.
Lo más peligroso había ocurrido en el preámbulo de la expulsión. Un
libre indirecto casi en el área pequeña cobrado por Muñiz a De Gea por
considerar que el portero había cogido con las manos una cesión de un
defensa. Sinama-Pongolle, por dos veces (mandó repetir el árbitro), se
estrelló con la barrera humana rojiblanca y marró tamaña ocasión.
Después, cuando el fútbol obligó al Zaragoza a mandar, solo un chut de
Gabi que sacó De Gea a córner llevó los nervios al Calderón. Muy escaso
bagaje para un equipo que partía en la jornada como colista y que estaba
forzado por el destino a dejarse la vida en el campo. Decepcionante.
La imagen dejada por el Real Zaragoza ayer en el estadio del Manzanares
no ayuda a levantar el espíritu de la tropa blanquilla. Cuatro de los
cinco partidos jugados han acabado sin un gol que llevarse a la boca.
Mal asunto. Terrible. Y el último puesto empieza a agobiar. A pesar de
ser tan pronto.
FUENTE: Paco Giménez (HERALDO DE ARAGON)