lunes, 18 de octubre de 2010

                   

El Zaragoza, triste y merecido colista, regala la victoria en la primera parte al Athletic y dispara su crisis.

El Zaragoza volvió a exhibir en La Catedral sus miserias. No es nuevo, van siete jornadas y este equipo es ya una nave a la deriva que ha puesto el rumbo a Segunda nada más iniciar su travesía. Tres puntos de 21 así lo demuestran, pero lo peor son las sensaciones, la terrible desazón que genera un grupo que, en una situación agónica y con urgencias, en un escenario difícil y ante un rival de enjundia como el Athletic, es capaz de salir sin alma, a verlas venir. Y vinieron. El rival le mandó a la lona con dos dianas en 23 minutos. Ahí se acabó el choque. Sí, el Zaragoza despertó en la segunda parte, hasta en inferioridad por la expulsión de Pinter sacó cierta dosis de orgullo, pero es mentira. O una verdad a medias. Hay que competir desde el inicio, pelear desde que el árbitro se lleva el silbato a la boca y el equipo, y no es la primera vez --Málaga y Sporting por ejemplo--, no lo hizo.

Esa falta de alma en el arranque tuvo su merecido castigo y el Zaragoza es de nuevo colista por deméritos propios. Y ahí se deben situar todos. Agapito, como responsable máximo de este desastre, Prieto y Herrera, porque confeccionaron esta plantilla --o así se dijo--, Gay, porque el equipo, aunque tenga poco, ha dado mucho menos, y los jugadores, por su hasta ahora manifiesta incapacidad. Una vez repartidas las culpas, algo habrá que hacer para evitar que este Zaragoza se marche por el sumidero, para que la Segunda no se acerque más y la cuerda en el fútbol siempre se rompe por el lado de un técnico que está dilapidando su crédito.

Es verdad que es la séptima jornada, que queda tiempo, pero es que el panorama es desolador. Espera ahora el Barça y después toca ir a Mestalla. Menudo horizonte... Gay, como se preveía, reforzó la sala de máquinas con la entrada de Pinter por delante de la zaga y quiso meter más pólvora en la banda con Braulio. El técnico mueve fichas, sin obtener resultados, y ayer no dejó ni un minuto a Lafita, una decisión sorprendente. En el césped, Ander dio un paso atrás para generar junto a Gabi el fútbol, o lo que haga este equipo, y Sinama se situó como una isla arriba. El plan era aguantar y esperar la ocasión. No salió ni de lejos. Esta vez, el 4-1-4-1 tampoco era la solución y el guión saltó sin tardar por los aires, ya que el jugador húngaro dejó claro que no está a ún para empresas tan grandes.

Para colmo, Adam Pinter se ganó una tarjeta roja por ingenuidad. No ofreció ni una razón a los que pedían que jugara, alguno de ellos con cierto peso en las oficinas del club. Salvo un fuerte disparo de Ander Herrera, el Athletic empujó de salida y precisamente un mal despeje de Pinter, que envió el balón al medio, propició un remate de Iraola desde fuera del área en el que Bertolo no tapó y Doblas pudo hacer algo más. Solo iban diez minutos y ya el partido parecía ponerse imposible. Lo iba a estar.

Toquero, Munian y Susaeta desarbolaron por las alas al Zaragoza. Gay había cosido la medular y el equipo se le descosió por los carriles. Lo demostró Susaeta en el segundo gol, cuando entró como un cuchillo por la derecha y le puso el balón a Llorente para que rematara a placer. El equipo de Gay era, por entonces, un espectro, un alma desolada a manos de un enemigo mucho mayor.

La situación no cambió en la recta final del primer acto, donde Susaeta pudo marcar y Gabilondo lo hizo, pero Ramírez Domínguez no quiso hacer más sangre al moribundo y anuló un tanto que fue legal. El descanso fue la mejor noticia de un Zaragoza triste y nervioso, donde Sinama se jugó la expulsión con una patada a destiempo. Pura impotencia. La segunda parte se inició con una ocasión de Llorente, pero con un paso adelante del Zaragoza. Hasta que Pinter decidió redondear su nefasta tarde.

La inferioridad no amilanó al equipo aragonés, aunque es cierto que el Athletic bajó el pistón, jugó cómodo. Gabi tiró de orgullo, apareció algo Braulio, algunos destellos de Boutahar, que relevó a un triste Ander, o de Jorge López. Sí, algo más de casta, de presión, de querer, pero tarde y mal. El tanto de Braulio sobre la bocina solo maquilló el marcador y sirvió para que Agapito Iglesias pueda argumentar, como en el Calderón, que el equipo solo perdió por un gol. Así se podrá explicar el presidente el fútbol, pero el zaragocismo habla otro lenguaje y solo ve a un equipo repetir demostraciones de impotencia, que es colista y que no tiene alma.

FUENTE: Santiago Valero (EL PERIODICO DE ARAGON)


Publicado por MartinHernandez @ 9:48  | Real Zaragoza
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