domingo, 28 de noviembre de 2010

             

El Zaragoza enseña su colección de miserias y elimina cualquier atisbo de reacción con Aguirre.

Javier Aguirre puede estar ya preguntándose a estas horas quién le mandaría asumir el timón del banquillo zaragocista. Cuando contestó afirmativamente a la propuesta de Agapito Iglesias, del presidente que ha destrozado un club y un equipo llamado Real Zaragoza con casi 80 años de historia, preveía una empresa difícil. Frente al Villarreal se dio cuenta de que es casi hercúlea, imposible si en enero no llegan refuerzos. Dos, un centrocampista y un delantero, al menos. Viendo el partido de ayer, se diría que necesita un once entero, un bloque con futbolistas, porque no está claro que los que se dieron cita sobre el césped lo fueran. Si en Getafe, con el cambio de entrenador, hubo alguna tímida ilusión de reacción, ésta quedó totalmente dilapidada con un encuentro espantoso, en actitud, aptitud, fútbol, intensidad... En todo.

Se asume que el Villarreal tiene mejores mimbres y que juega a otra cosa y por miras mucho más altas que el Zaragoza, pero hay maneras de caer, formas de salir derrotado, y se escogió la peor, la más vergonzosa. La afición pudo elegir entre irse antes para no deprimirse más y no pasar más frío, algo que hicieron muchos, o pitar al final. Cualquiera de las dos reacciones está más que justificada. Agapito ya gastó la bala del cambio de entrenador y debe sacar cuanto antes dinero de donde sea para fichar en enero, algo que hará. Aun así, la mejor noticia para el zaragocismo sería su marcha. Si puede ser hoy, mejor que mañana.

Así que el Villarreal se encontró con la victoria más fácil que había podido imaginar, por mucho que visitara al colista, tres puntos incontestables por superioridad futbolística ante un Zaragoza reducido a las cenizas, a su peor expresión, en la que se mostraron toda la colección de miserias que ha vivido este equipo en una temporada que va camino del esperpento, del ridículo más espantoso. 8 puntos de 39 posibles no dan para otro argumento. Es colista de la Liga porque sus deméritos, con Gay y con Aguirre, son inapelables. Ahora, le espera una final directísima en Almería, un duelo a corazón abierto, y después llegará el Madrid. Menudo panorama...

EN DOS GOLPES Aun así, al nivel mostrado ante el Villarreal este Zaragoza, es incapaz de ganarle a nadie. Ni de los buenos de la Liga, ni de los malos, ni de los regulares. Con esta imagen, este equipo es de largo el peor, una caricatura que desanima hasta al aficionado más fiel. Aguirre apostó arriba por Jorge López como enganche, Sinama de referencia y Lafita y Bertolo para romper por las alas. Naranjas de la china, que se diría. Y menos con un Edmilson lentísimo. Al fútbol jugó el Villarreal, con Cazorla y Cani poniendo talento para que su equipo no tardara nada en adueñarse del balón y convirtiera el partido casi en una sesión de entrenamiento ante un rival sin alma. Cani se marchó cuando Agapito entró al club en junio del 2006. Viéndole jugar está claro que en esos días se juntaron dos noticias terribles para la entidad.

El efecto gaseosa le duró al Zaragoza ocho minutos. Rossi inició una jugada, despejó Gabi y Senna, que como todo el mundo sabe no tiene un buen disparo --eso pensó Jorge López, que ni le tapó--, enganchó un misil que no encontró respuesta en Leo Franco. El portero, nueve minutos después, se tragó una vaselina de Cazorla para que el partido quedara cerrado. Era imposible que el Zaragoza se levantara de esos dos golpes. Imposible, claro, bajando los brazos. O pensando en cómo acabar antes el partido, algo en lo que se empeñó a patadas Contini. Lo lograría, por cierto.

El equipo zaragocista era, al filo de la media hora, el peor que ha visto La Romareda este curso. Quizá al nivel del partido frente al Málaga, pero ese día hubo vergüenza torera tras el 0-5. Esta vez, ni eso. El Zaragoza era un dolor con la pelota y una pena sin ella, ya que el Villarreal jugaba a placer y a los de Aguirre le costaba un mundo recuperar el balón y casi nada perderlo. Un disparo de Paredes que desvió Bruno fue la acción más peligrosa de un equipo que por su falta de pegada, diga lo que diga Sinama, va a la guerra con pistolas de agua. El francés se lesionó tras otra demostración de su incapacidad.

La segunda parte no tuvo historia. El Zaragoza intentó alborotar el partido para iniciar la heroica, Quedó lejos también de eso. En realidad, estuvo lejos de todo. Contini alcanzó su propósito de irse a la ducha y el Villarreal, acto seguido, sentenció en una jugada donde Cazorla y Nilmar, que marcó, jugaron y los zaragocistas acompañaron con la mirada. De ahí al final, lo único que quedó es que el tiempo pasara rápido, pero todo se sintió lento, muy lento, como un funeral, como el entierro de otra esperanza.

 

FUENTE: Santiago Valero (EL PERIODICO DE ARAGON)


Publicado por MartinHernandez @ 15:24  | Real Zaragoza
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