
El Real Madrid gana con holgura y solvencia en La Romareda. El fútbol del Zaragoza no alcanza para combatir a este tipo de equipos.
El Real Zaragoza aguantó al Real Madrid un cuarto de hora. Para eso le
dio su actual estado de las cosas. Para nada más. En cuanto Özil halló
el primer espacio franco por el que colarse en vertical hasta el corazón
del área de Leo Franco sucedió lo que estaba previsto de antemano. El
alemán definió de modo perfecto, sin miedos, sin titubeos, por bajo, a
la espera de que el propio guardameta le abriera el hueco por el que
colar el balón, y a partir de ese instante se inició el largo e
incontestable discurso de juego madridista. A día de hoy, la diferencia
entre los dos equipos es del tamaño de un abismo, de modo que no existe
posibilidad real alguna de competir desde el fondo de la tabla contra
Cristiano, Lass, Xabi Alonso Di María o Benzema. El Real Madrid no sólo
es superior en los distintos órdenes de que se compone el fútbol, sino
que resulta inalcanzable a poco que quiera ejercer su superioridad.
El futbolista aparentemente más limitado del conjunto blanco, el francés
Lass Diarra, firmó ayer, en La Romareda, un encuentro espectacular a
nivel individual. Su fútbol entró por la vista, como lo hacen las
evidencias, sin necesidad de explicación racional alguna. Lass se
desplegó por todos los espacios posibles, por los defensivos y por los
ofensivos. Cortó, trabajó, estuvo en todos los sitios y, además, gobernó
en el partido, despojando a Xabi Alonso de desgastes y
responsabilidades. Así, el fino centrocampista español sólo intervino lo
justo para aportar poso y buen sentido en el manejo de un partido en
momentos muy determinados. El peso entero de la arquitectura del Madrid
descansó en Lass. Su figura fue anoche la propia de un gigante del
fútbol. No tuvo ninguna contestación por parte del Real Zaragoza. Nadie,
en verdad, se la pudo dar, ni siquiera Gabi, al que por lo común le
sobran pulmones y físico. Ayer, no. Topó con un rival que lo desbordó
incluso por su aspecto más fuerte.
Atendida la trascendencia de un francés bregador en la trama del
partido, al Real Madrid ya sólo le bastaron apariciones puntuales de
futbolistas de clase para adueñarse de un triunfo rutinario en su
obligación de ganar cada día, en cada partido. Cristiano Ronaldo dijo
quién es en el lanzamiento de un golpe franco cuando ya moría la primera
mitad. Su lanzamiento fue perfecto, rotundo. El balón dibujó una
trayectoria para la que no había respuesta humana. Subió, entonces, el
segundo gol madridista y bajó algo el ambiente permanentemente hostil
que La Romareda quiso crear alrededor del portugués.
Tan pronto como se inició el segundo periodo, Xabi Alonso situó la
pelota en el punto exacto al que sólo podía llegar la velocidad de Di
María, haciendo inútiles los esfuerzos de rectificación de Lanzaro y
Jarosik o una media salida de Leo Franco. El argentino del Madrid, que
también brilló en La Romareda, tocó el cuero con sutilidad para que la
contienda quedara definitivamente resuelta.
El coraje y el amor propio de Nico Bertolo dio para que éste alcanzara
en una ocasión el área rival y provocara un penalti, obra de Carvalho.
Gabi marcó ante Iker Casillas, que equivocó el lado al que estirarse. A
partir de ahí, no cupo más contenido sustancial en el encuentro.
Abundaron las circunstancias. El público de La Romareda recriminó a
Edmilson y a Sinama Pongolle su insoportable inconsistencia y jaleó el
fútbol incomprensible de Marco Pérez, que se acusa a sí mismo de modo
ordinario y señala al mismo tiempo la incompetencia de quienes lo
ficharon. Ponzio introdujo alguna revolución más en el motor; pero ya
conocen sus límites. El Real Madrid, en este contexto, dejó que pasara
el tiempo a la espera de cazar algún que otro balón limpio dentro del
área. Tuvo varios. Esas pelotas no se transformaron en gol porque
cayeron en las botas de Benzema, un jugador de condiciones fabulosas que
mengua por su espíritu afrancesado. Con un ánimo un poco más afilado
sería un delantero tremendo, un goleador de primer orden. En la
contabilidad de las ocasiones blancas erradas murió el encuentro.
¿Cuándo volveremos a ver al Real Madrid en La Romareda? Inquietante
cuestión.
FUENTE: J.Miguel Tafalla (HERALDO DE ARAGON)