
Al Zaragoza le sobran los problemas, los futbolísticos y los institucionales por la nefasta gestión de Agapito Iglesias, pero Gabi, el mejor ante el Levante y del curso, abrió una vía de luz entre la niebla con un gol que es un tesoro porque supone tres puntos que implican abandonar el puesto de colista, aunque no el descenso, y ganar en vida. En medio de las tinieblas, tras una semana presidida por los impagos, por el mal ambiente generado tras la debacle en Cornellá, el equipo aragonés se levantó lo justo para sumar una victoria absolutamente imprescindible ante el Levante, un rival directo que demostró por qué está en la misma Liga que el Zaragoza. Incluso fue peor que los de Javier Aguirre.
Con estos dos contendientes, el partido, sobre todo en la primera parte, fue horrible y con la densa niebla como protagonista. No había mucho que ver, pero hasta bien entrada la segunda mitad no permitió contemplar casi nada a los aficionados, o más bien valientes, que se pasaron por La Romareda y que estuvieron con su equipo y contra Agapito. Ambas cosas son lógicas porque esta vez y, a diferencia de lo visto ante el Espanyol, el Zaragoza sí compareció lo suficiente en intensidad, en ganas y en demostración de profesionalidad cuando vienen mal dadas. Y sobre todos se elevó Gabi, que marcó la diferencia, con su gol y su despliegue. El capitán se ganó más que ningún otro el sueldo que el máximo accionista no paga a los jugadores.
El Zaragoza necesitaba ganar y lo hizo. Aguirre, sin mucho ruido y con errores, está mejorando los números de Gay, aunque no el juego, que es igual de pobre. Se propuso no dejar escapar puntos en casa este enero y de momento no se ha ido ninguno. Al equipo, sin refuerzos aún porque en la caja solo hay pagarés sin fondos, le llega justísimo para andar por Primera, pero ahora ya logra ganar cuando debe hacerlo. Es un paso, pero quedan muchos, muchísimos, para una permanencia que va a ser agónica y con poco fútbol. Basta con echar un vistazo a la primera vuelta cerrada ayer para anticipar esos elementos como más que seguros.
SIN RITMO Y SIN FÚTBOL Aguirre, que se encontró con la buena noticia de la baja de Caicedo en su débil enemigo, comenzó el partido con una titularidad de Boutahar que ya se barruntó el viernes. Lo cierto es que el holandés no mostró ni una razón para jugar... La primera parte fue, de verdad, un espanto. Y encima casi había que adivinar desde la grada por dónde andaba el balón. Claro que para semejante espectáculo... Sin ritmo ni continuidad, con muchas faltas y con demasiados futbolistas por detrás del balón, el Zaragoza se mantuvo en pie porque su rival, salvo algún escarceo de Xisco Nadal, tampoco tenía nada de fútbol.
En medio de tanta mediocridad y de los tímidos sustos de Rubén y de Rafa Jordá, que falló ante Leo Franco, emergió la figura de Gabi, cuyo protagonismo fue en aumento con el paso de los minutos hasta que el Levante decidió ayudar. Un saque de banda en el campo zaragocista propició una contra donde el capitán aprovechó la autopista que le concedió el rival y la invitación de Robusté. Su disparo dobló las manos de Reina y llevó el delirio a La Romareda.
La segunda parte mejoró tanto en prestaciones futbolísticas como en visibilidad. Parecía que todo iba acompañado. El Zaragoza fue a más y llegó más ante Reina. Pero el gol, ya se sabe, no sobra en este equipo. Al contrario. Sinama completó otra tarde horrible al intentar superar a Reina tras un gran envío de Gabi. No lo logró. El francés no tardaría en dejar el campo y Braulio mejoró mucho el nivel de su compañero. No era difícil, pero el canario ofreció bastantes soluciones.
Mientras la grada se acordaba para mal de Agapito, Ponzio ya era el dueño absoluto en la medular y Lafita ganaba en presencia en la banda. La entrada de Bertolo afiló aún más los costados, aunque el argentino tuvo dos ocasiones muy claras y no acertó. Tampoco lo hicieron Valdo, solo tras una falta, y Stuani, que no aprovechó el regalo diario de la zaga zaragocista. De Jarosik y Leo Franco esta vez.
GOL ANULADO Aguirre se empeñó en guardar la pírrica victoria y pudo pagarlo caro. El árbitro pitó pérdida de tiempo a Leo Franco y el Levante, por medio de Xisco Muñoz, sacó rápido para que Juanlu anotara a placer. El gol debió subir, porque el rival no pidió barrera, pero el árbitro miró para otro lado y mandó repetir. La grada aumentó el ánimo a los suyos y la vital victoria se quedó en casa. La tarde se presentaba con mal color para un Zaragoza lleno de problemas y acabó con una victoriosa luz para un equipo que en el campo demuestra tener algo de vida, de esperanza. En los despachos, en el sillón de Agapito, no la hay.
FUENTE: Santiago Valero (EL PERIODICO DE ARAGON)