
El Zaragoza sacó un empate en El Molinón y el botín es todo lo que se pudo llevar teniendo en cuenta la nulidad ofensiva que mostró y que ha enseñado en una inmensa parte de la temporada, gracias a la incapacidad de Agapito Iglesias tanto en verano como en enero para traer un delantero centro de verdad. Esa negligencia aún se puede pagar cara. El empate en Gijón sabe a poco, porque había que ganar y no se hizo, y porque el equipo que dirige Aguirre vivió más cerca de la derrota que de la victoria, que el Sporting mereció en una segunda parte donde al Zaragoza le sobró la portería rival. Lo cierto es que le sobró casi toda la tarde y Cuéllar ni se tuvo que ensuciar. Así, a lo máximo que se puede aspirar es a empatar. Y para eso le llegó a este equipo, muy ordenado y relativamente cómodo hasta el descanso y sufridor en la segunda parte para salvar ese punto. Lleno de impotencia, eso sí.
Además, esas tablas ante un rival directo no frenan su caída, con dos puntos de 12, tampoco le permiten ganar el goal average, porque se repite el empate de La Romareda, y no le sacan del descenso, salvo brutal descalabro hoy del Levante. El punto tiene un claro sabor agrio. Quizá a final de Liga sea valioso y hay que mirar que cada paso en la lucha por no bajar es importante, pero a estas alturas no llena apenas.
CONSISTENCIA Y NADA MÁS Aguirre apostó de salida por Sinama y colocó a Gabi junto a Ponzio, con Ander como enganche por detrás del francés. El movimiento en la medular dio más consistencia al Zaragoza, que es un bloque más sólido y fiable desde que el Vasco tomó las riendas, pero arriba Sinama aportó el doble de nada. Es decir, nada de nada. Con Boutahar desaparecido en combate y Bertolo muy tímido en su regreso al once, el peligro zaragocista se redujo a disparos lejanos sin demasiado acierto, a una horrible volea de Sinama que casi se convierte en carambola y a una jugada de estrategia lanzada por Gabi que Bertolo mandó desviada. Y pare usted de contar...
Con todo, las mejores noticias llegaron en la consistencia. Ponzio se multiplicó en la contención y el bloque se movió armónico con Contini de jefe de la zaga y Doblas demostrando que es como mínimo tan fiable como Leo Franco. Quizá hasta más. El Sporting, más peligroso a campo abierto que elaborando, tardó en entrar en el partido. Lo hizo de la mano de Eguren y Nacho Cases y con Barral y De las Cuevas para afilar al equipo de Preciado, empujado por la grada pero limitado de fútbol y al que tampoco le vale en demasía este empate.
Barral le ganó la espalda a Jarosik y rozó el gol y De las Cuevas encontró un filón en Paredes, poco ayudado por Bertolo, que apenas podía contener a Lora. Doblas abortó un disparo de Barral a pase de De las Cuevas y el ariete aún tuvo otra antes del descanso, a donde el Zaragoza ya llegó pidiendo la hora. Toda una premonición de lo vendría después. Aguirre movió sus fichas nada más comenzar la segunda parte. Uche y Braulio saltaron en lugar de los abducidos Sinama y Boutahar para que el esquema fuera un 4-4-2 con Ander en la banda derecha. El retoque fue para peor. El punta nigeriano está aún lejos de lo que fue y a Braulio el banquillo ayer no le sentó nada bien. Gabi sacó bajo palos un disparo de De las Cuevas y el Zaragoza comprendió ahí que el empate habría que sudarlo hasta el final.
José Ángel y Barral lo volvieron a intentar, pero no vieron el gol ante un equipo aragonés cada vez más metido dentro de su área. El cambio ofensivo de Aguirre no fue tal y el Vasco volvió a jugar con un solo punta y con Braulio acostado a la izquierda cuando saltó Jorge López. Dio igual, el equipo siguió sufriendo lo indecible, quizá algo menos Paredes, que ya lo había hecho mucho en la primera parte.
El partido solo podía caer del lado del Sporting. Eguren probó suerte y Carmelo la encontró, pero el fuera de juego era claro. El final del partido mostró a Ponzio y a Gabi en casi todos los sitios, a Jarosik y Contini perdiendo tiempo y al Zaragoza nadando para sumar un punto. Los cambios de Preciado no afilaron más al Sporting, que notó el cansancio en la recta final. Así murió el partido, con el equipo zaragocista defendiendo a sangre y fuego un empate que parece insuficiente, pero es lo que hay. Y aunque fuera poco, lo sumó y no se quedó como en Alicante, donde la victoria se le fue al limbo en el tramo final. Ésa es la única lectura positiva de un Zaragoza corajudo para el que el gol es casi una quimera.
FUENTE: Santiago Valero (EL PERIODICO DE ARAGON)