domingo, 06 de marzo de 2011

       

El Zaragoza levanta una muralla para sumar una derrota digna y triste ante un Barça muy superior.

Se puede hablar de derrota digna, de un Real Zaragoza que salió asumiendo, como después reconoció Aguirre, que su guerra no estaba en el Camp Nou, que el Barça no era su competencia, pero el equipo que dirige Javier Aguirre solo fue al coliseo blaugrana a cumplir el expediente, a ser honrado en el esfuerzo y a aspirar a que el trabajo defensivo le diera alguna posibilidad de sorprender a un Barcelona que fue justo ganador. Realmente fue el único que apostó por la victoria. Por eso y porque está en otro nivel superó al Zaragoza, aunque solo encontrara una rendija para batir a un Doblas que tuvo una noche inspiradísima.

La derrota, por esperada y por corta, no duele y no supone ningún varapalo anímico, salvo que hoy Osasuna, Hércules y Sporting ganen y vuelvan a meter al conjunto zaragocista en el pozo. La forma de caer muestra, si se quiere, la pobreza de este Zaragoza que en otras épocas plantó mucha más cara en tan gran escenario, aunque es verdad que venía con siete bajas a la cita. Aun con esos jugadores el guión hubiera sido similar. Por no decir idéntico. El Barça, por su filosofía y dinero, está a años luz del Zaragoza, que ayer solo se planteó aguantar atrás y tratar de impedir la goleada azulgrana. Y, si sonaba la flauta... Sinama, por cierto, tuvo una en la segunda parte para que sonara. No acertó.

No se esforzó el Zaragoza en disimular su plan. Desde el arranque dispuso un plan con tres centrales y con ocho futbolistas por detrás del balón y con solo Bertolo y Sinama autorizados a mirar de reojo a Valdés. Un auténtico frontón, un plan de única dirección que hubiera firmado sin reservas Maguregui. El Barça, que dio descanso a Villa, Iniesta o Busquets, supo desde el principio que iba a tener que hacer un partido de paciencia para encontrar un resquicio en la muralla, porque el Zaragoza le entregó el balón desde el minuto uno. De hecho, en toda la primera parte solo una contra de Bertolo, con pase de Sinama, y en la que Piqué demostró galones y velocidad, fue la única noticia en ataque.

BALÓN AZULGRANA El plan de Aguirre empezó saliendo. Pero queda dicho que el balón solo tenía color azulgrana, que Pinter, N´Daw o Ander ni la veían, salvo tímidas apariciones del canterano. Por no hablar de Sinama y Bertolo, a los que la tierra pudo tragar en la primera parte sin que muchos se dieran cuenta de ello. Pero no había muchas noticias de Messi, Bojan seguía entre las musas de su propia perdición y Pedrito o Xavi tampoco daban mucho de sí. El primer disparo azulgrana a puerta llegó en el minuto 19 y Doblas, un gigante, le hizo una buena parada a Pedrito.

El convaleciente y ovacionado Guardiola buscó un resquició en la tela de araña zaragocista adelantando a Alves y situando más atrás a Messi, que empezó en punta. El cambio surtió efecto y la Pulga comenzó a aparecer más. Doblas, en una gran salida, evitó su gol y Keita marcó uno anulado que pareció legal. El Zaragoza se remangaba y sufría, era un bloque táctico, un conjunto solo pensado en defender, en parar a la máquina. Y el plan funcionaba.

Doblas volvió a aparecer a tiro de Mascherano y después a otro de Xavi, pero el partido lo rompió Messi. Obradovic, N´Daw y Da Silva no pudieron frenarle y el argentino mandó un balón que Keita remachó a la red. Cinco goles lleva al Zaragoza en dos temporadas. Está claro que con el equipo aragonés tiene un filón. Era el minuto 42 y todo cambiaba con ese gol. Al menos en teoría, porque ya no había nada que defender.

El guión se alteró mínimamente tras el descanso. Con Uche y con Edmilson, además del tímido despertar de Ander, el Zaragoza dio la impresión de querer dar un paso adelante. Sinama se animó y le ganó por velocidad a Piqué, aunque se topó con Valdés, y antes Bertolo mandó un balón fuera. Piqué se distrae a veces y Milito está lejísimos del que fue. Por ahí había alguna opción.

Sin embargo, el Barça, donde Messi y Alves utilizaron el flanco de Obradovic y Da Silva, volvió a mirar a Doblas y a tener una posesión casi insultante de balón. El portero andaluz, con nueve paradas, sumó méritos ante Boján, Piqué, en un cabezazo a bocajarro, Villa o Maxwell. El Zaragoza, mientras, seguía a lo suyo. La consigna era aguantar a ver si al final quedaba una para intentar dar la sorpresa. Y llegó vivo al tramo final, pero también muy cansado, harto de correr detrás del balón. La derrota fue corta, sí, pero el partido apenas existió.

FUENTE: Santiago Valero (EL PERIODICO DE ARAGON)

 


Publicado por MartinHernandez @ 14:03  | Real Zaragoza
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