El Real Zaragoza ha levantado una fortaleza en La Romareda y a ella agarra su vida, su permanencia en la élite para la que dio anoche un paso tan agónico como decisivo al vencer al Getafe en un duelo donde no mereció sufrir tanto porque fue muy superior en la primera parte. Sin embargo, acabó pidiendo la hora y lanzando balones desde casi todas las partes del campo, hasta desde el banquillo, para intentar perder tiempo, algo que ya es una tónica conocida en otros campos, pero que no se había visto en La Romareda y que obligó a Javier Aguirre a disculparse en sala de prensa por una conducta de la que se sintió avergonzado, como la mayor parte del zaragocismo. Dicen que todo vale en el amor y la guerra, pero esa frase no se ajusta a la realidad. No todo sirve para firmar un triunfo que es más que de oro y que el Zaragoza hizo méritos solo futbolísticos para sellar con contundencia mucho antes, sin tener que recurrir a semejante táctica.
En todo caso, esa escena no debe restar merecimientos a un equipo que respondió con firmeza a las dudas que se habían generado tras dos derrotas fuera de casa. Pero en La Romareda, donde lleva tres triunfos seguidos y 19 puntos de 24, este Zaragoza se crece, gana en fe, en intensidad, en confianza y está recorriendo el camino de la salvación apoyado por una grada que respondió con una buena entrada y que ayudó a un equipo al que le faltó el fuelle, toneladas de oxígeno, en el tramo final. El triunfo del miedo, por lo mucho que había en juego y por el temor que recorrió al equipo y a la grada en los últimos y agónicos minutos, deja al Zaragoza con tres puntos de ventaja con el descenso y mete en todo el lío a un Getafe, que demostró la colección de fantasmas, sobre todo en defensa y con Ustari, que le han llevado al borde del abismo.
BUEN ARRANQUE El partido venía marcado por las palabras de Ángel Torres y el presidente del Getafe fue protagonista para la gradas, pero al final lo fundamental es el balón y sobre el césped el Zaragoza arrancó mejor que su enemigo. Más intenso, con mejor colocación en el césped y con Uche creando dudas en una zaga del Getafe que explica por qué ha caído tan abajo ese equipo. Además, el Zaragoza combinaba con cierta precisión en su zona de ataque, otro motivo de alegría, ya que este equipo no anda sobrado de calidad. Ponzio plasmó la diferencia con un disparo lejano donde Boateng y Casquero le invitaron a tirar y Ustari falló de forma estrepitosa. El gol coronó un partido notable del argentino, que se retiró lesionado en la segunda parte.
Bertolo, tras una jugada de Ander y Uche, y el propio Ander tras un despeje horrible de Ustari debieron aumentar la cuenta ante un Getafe inofensivo en el inicio. Atrás, Da Silva y Lanzaro daban el nivel y Obradovic aumentaba su discreto tamaño desde que llegó. El serbio dio muy buenas noticias, pero no Diogo, al que Manu hacía sufrir en la primera parte. El uruguayo repelió con la mano un disparo de Colunga y Estrada Fernández miró para otro lado.
Con ese susto y con una parada de Doblas en un córner, el Zaragoza respondió con un gol que parecía cerrar el choque. Gabi robó un balón, Uche fabricó el tanto en la cocina y Bertolo fusiló a Ustari para delirio de La Romareda, que estalló de felicidad y se acordó, para mal, de Ángel Torres. El equipo zaragocista lo tenía todo a su favor, pero emborronó el expediente en la prolongación del primer acto, donde una cadena de errores de la defensa y de Doblas permitió que Casquero fusilara a placer una dejada de cabeza de Colunga.
El gol abrió el partido en la segunda parte, donde Estrada Fernández empezó a equivocarse para todos lados posibles. Se tragó un penalti claro a Bertolo y otro que lo pareció de Uche a Casquero, además de repartir tarjetas y amarillas sin criterio. El reloj no avanzaba, la lesión de Ponzio aumentó dudas que no solventaron Jorge López y N´Daw, Ustari sacó un disparo de Obradovic y Doblas otro de Casquero para que la sensación de amago de infarto aumentara. Míchel se la jugó con Parejo, perdió a Manu y el Zaragoza se echó atrás, porque casi no podía con su alma
Ahí, cuando Uche mandó al limbo la sentencia, La Romareda dio el último empujón para sellar una victoria ensuciada por el gesto de los balones, pero que es más que vital. La permanencia está más cerca, a nueve puntos dicen los cálculos, y este Zaragoza se agarra a la vida con fuerza.
FUENTE: Santiago Valero (EL PERIODICO DE ARAGON)